16.7.2018
 
Entrevistas
Fernando Iglesias:
«Los actores políticos han quedado atados al carro de las naciones estado»
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
6 de agosto de 2006
«El paso adelante debe ser dado aceptando que la economía y la tecnología se han transformado en globales; y creando sistemas políticos e institucionales que creen una red de decisiones democráticas articulada a nivel continental, internacional y global, que sea capaz de hacer que los grandes progresos tecno-económicos que tiene la humanidad operen en beneficio de la mayoría de los seres humanos».
 

Fernando Iglesias es escritor y periodista especializado en la Globalización y sus aspectos políticos. Es autor del libro "¿Qué significa hoy ser de izquierda? Reflexiones sobre la democracia en los tiempos de la Globalización" (Sudamericana, 2004). Es Miembro fundador de Democracia Global (Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial) y Miembro fundador del Global Democracy Center. Ganador del Premio TEA 2002 con "Para todos los hombres del mundo". Ganador del Premio PERFIL 2006 con "Por qué la ONU debe cambiar". Ha publicado artículos en Decadi (Francia), Guerrepace (Italia), Revista Ñ (Argentina), Clarín (Argentina), La Nación (Argentina), Noticias (Argentina), Neue Deutsche Literatur (Alemania), The Federalist Debate (Internacional), La Voz del Interior (Argentina), Neue Zuercher Zeitung (Suiza), Kommune (Alemania) Perfil (Argentina), entre otros, y ha participado como conferencista en el Forum International de Montreal (FIM, 2002), Forum Social Mundial de Porto Alegre (2002-2003 y 2004), Parlamento Europeo (World Federalist Movement, 2005).

 

Gabriel Salvia: ¿Qué significa ser de izquierda hoy en América Latina?

Fernando Iglesias: Yo me preguntaría primero qué significa ser de izquierda hoy en el mundo. Creo que la izquierda, además de los muchísimos errores históricos y de las muchas tragedias que ha causado en la historia, si tiene un punto a favor es que ha sido un elemento determinante en la democracia en la escala nacional. Esto desde la Asamblea Francesa en la cual la izquierda recibe su nombre. De manera que así como en una era nacional el rol de la izquierda fue su colaboración a la creación de democracias nacionales, en una era que ha dejado de ser nacional y que pasa a ser global, la función principal de la izquierda en todo el mundo es la creación de democracias por encima del nivel nacional, es decir a nivel continental, a nivel internacional y global. Por lo tanto, reenlazándolo con tu pregunta sobre América latina, creo que un rol fundamental de la izquierda aquí sería colaborar efectivamente a la creación de democracia a nivel continental. Es decir, no solo de la unidad económica del continente, sino también su unidad política y parlamentaria.

G. S.: Pero por lo que uno ve, especialmente a través de Chávez, y lo que se discute en el MERCOSUR, de democracia e incluso derechos humanos se habla cada vez menos.

F. I.: Sí, desde luego. Disiento con vos en este panorama que hiciste de ubicar a Chávez o a Castro como hombres de izquierda. Yo creo que no lo son. Creo que más allá de lo que ellos sostengan, basta mirar cuales han sido los principios fundantes, originales de la izquierda para ver que ellos están completamente fuera del marco de los valores que ha defendido la izquierda. La izquierda nace en la Asamblea Francesa. Es decir nace en una institución republicana y democrática, y por lo tanto primero se es republicano y democrático y después se es de izquierda. Yo creo que ni Chávez ni Castro son democráticos ni republicanos y por lo tanto, de ninguna manera, los considero parte de la tradición de la izquierda.

G. S.: Muchos hablan de fascismo de izquierda. ¿Qué es eso?

F. I.: En realidad, no veo porqué llamarlo de izquierda. Creo que efectivamente, el gobierno de Castro tiene un montón de características totalitarias perfectamente adscribibles a la tradición del fascismo, no veo por qué llamarlo de izquierda, sino porque ellos asimismo se reivindican de izquierda. Pero no hay más que verlo. El atropello a los derechos humanos no tiene nada que ver con la tradición de izquierda. La falta de modernización que ha sufrido Cuba desde la revolución, tampoco tiene que ver con la tradición de izquierda. Y el único principio que Castro reivindica, que es el de la igualdad, es bastante paradójico, porque es una igualdad en la pobreza, igualdad en la miseria, y de la que, por otra parte, la nomenclatura cubana se salva, y Castro primero, dado que es, probablemente, uno de los 100 hombres más ricos del mundo.

G. S.: ¿Cómo se entiende lo que representa la izquierda en la Argentina y en América Latina, porque salvo raras excepciones que tengan claro qué es ser de izquierda, suelen simpatizar con regímenes de características fascistas?

F. I.: Creo que hay un sector de la sociedad latinoamericana que es consecuentemente de izquierda, sino no se explican fenómenos políticos como el de Ricardo Lagos y el de Bachellet, ni Tabaré Vázquez en Uruguay, y en cierta medida también, Lula en Brasil. Creo que esto es el fenómeno mayoritario. Lamentablemente una cosa es lo que es fundamental y mayoritario, y otra cosa es lo que es más espectacular. Y eso es el nacionalismo populista de Chávez, en primer lugar; y en segundo lugar de personajes como Ollanta Humala en Perú, o en menor medida, Evo Morales en Bolivia y Kirchner en la Argentina ; que en realidad no son de izquierda, son nacionalistas populistas. Y esto es un fenómeno típico. Es una cosa realmente paradójica. En los lugares donde las naciones-estado han alcanzado una afirmación plena, donde verdaderamente se han establecido como sistemas democráticos nacionales y como sistemas económicos capitalistas nacionales, ser de izquierda significa, básicamente, ser socialdemócrata. En cambio en los países donde el estado nacional no ha terminado de asentarse, y ha fracasado, lo que queda es un nacionalismo populista cuyo único objetivo político es la construcción de la nación-estado. Y esto, en una era global donde, desde luego, son pocas las cosas que se pueden defender a nivel nacional, y es necesario tener una visión de los problemas global y cosmopolita, desde luego lleva a posiciones reaccionarias. Cuando uno mira a Castro, y cuando mira las paredes de las ciudades cubanas, uno no encuentra escrito “socialismo o muerte”, “izquierda o muerte”, “democracia o muerte”; encuentra escrito “patria o muerte”. Y esto es absolutamente definitivo para establecer cuál es el carácter nacionalista y atrasado de la revolución cubana, en primer lugar, y del populismo chavista, en segundo.

G. S.: ¿Por qué muchos intelectuales, periodistas, que inclusive uno podría decir que son socialdemócratas, tienen ese límite democratizante que les marca criticar a personajes como Fidel Castro, que es claramente un dictador o a un nacionalista populista como Hugo Chávez?

F. I.: No hay nada de original. El desprecio por la democracia parlamentaria y por la economía capitalista es una corriente profunda y que tiene raíces históricas en el pensamiento de la modernidad. El estalinismo ha sido apoyado por muchísimos intelectuales, así como también lo fue el fascismo. Desde Heidegger, de un lado, hasta Sartre del otro. Es decir, si vamos a ubicar a Castro como una especie de último estalinista, no es curioso que gran parte de la intelectualidad lo apoye, de la misma manera que gran parte de la intelectualidad mundial apoyó en su momento a Stalin. De manera que eso no tiene una característica sorprendente. Yo creo que este es uno de los grandes problemas: entender que cualquier evolución hacia una sociedad mejor, pasa primero por el desarrollo completo de la democracia parlamentaria y por el desarrollo completo de la economía capitalista. En cambio, la oposición a estos dos grandes sistemas sobre los que se ha construido la modernidad, es decir, la economía según el capitalismo y la política de acuerdo a los paradigmas democráticos, lleva, por el contrario, a una vuelta atrás y a regímenes que son intrínsecamente antidemocráticos y totalitarios, como han sido el fascismo y el estalinismo, en su momento, y como lo es hoy la Cuba de Castro.

G. S.: ¿De qué se trata “Democracia global”, esa iniciativa en la cual estás participando?  

F. I.: Es muy simple. Estamos tratando de formar un grupo pluralista, es decir, que contemple la integración de organizaciones e individuos de diferentes orígenes partidarios, con la única distinción de que claramente reivindiquen los principios democráticos. Y nuestro objetivo es crear una organización no gubernamental que trabaje y que agrupe a todos aquellos que creemos que la democracia y la ciudadanía tienen que ser extendidos por encima de las naciones estado. Es decir, que quieran trabajar a favor de una unión sudamericana entendida, aproximadamente, sobre el modelo de la Unión Europea. Que estén a favor de trabajar por la reforma democrática de las instituciones internacionales, empezando por la ONU y, a más largo plazo, que estén a favor de la creación de instituciones democráticas de carácter global, como puede ser un parlamento mundial. Por ahora hemos logrado el apoyo de varios intelectuales: Juan José Sebrelli, Rubén Zorrilla y de algunos líderes políticos. Y de a poco nos estamos organizando para tratar de agrupar fuerzas para realizar actividades en este sentido. Creo que uno de los grandes problemas que enfrenta la humanidad en este momento, es que los actores económicos han sido muy capaces de aprovechar todas las oportunidades que ofrece la tecnología para globalizar los sistemas tecno-económicos. En cambio, los actores políticos, han quedado atados al carro de las naciones estado. Y esto provoca un desbalance de fuerzas, hace que los actores económicos, las corporaciones económicas, los sistemas financieros sean claramente más fuertes y predominantes sobre su contraparte, que históricamente ha tenido el rol de balancearlos, es decir, los sistemas parlamentarios y democráticos. Así que la solución a este conflicto no está, como los nacionalistas populistas piensan, en dar un paso atrás y en retroceder desde la globalización económica hacia el nacionalismo económico. Por el contrario, el paso adelante debe ser dado aceptando que la economía y la tecnología se han transformado en globales; y creando sistemas políticos e institucionales que creen una red de decisiones democráticas articulada a nivel continental, internacional y global, que sea capaz de hacer que los grandes progresos tecno-económicos que tiene la humanidad operen en beneficio de la mayoría de los seres humanos, y no creando serios problemas y serias crisis globales como las que estamos presenciando.

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

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