15.12.2017
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Alberto Gallinal Heber y la obra de Mevir
Por Adolfo Garcé
2 de agosto de 2017
Adolfo Garcé
(El Observador) En este medio siglo, Mevir bregó por cumplir con el propósito inicial. Pero, para eso, fue cambiando, aprendiendo de su propia experiencia y tomando nota de los desafíos y restricciones del entorno. Fue modificando materiales, tipologías, sistemas constructivos. Fue ampliando sus cometidos. Además de ocuparse de la vivienda del peón y su familia, pasó a ofrecer soluciones habitacionales y apoyo a las pequeñas unidades productivas.
 
 

(El Observador) Se suele pensar que los sesenta fueron, solamente, años de crisis económica, crispación social y violencia política. En el extremo, se tiende a creer que ese tiempo fue, apenas, el prólogo de la dictadura. Desde luego, durante esos años hubo estancamiento e inflación, ocupaciones de latifundios y marchas de cañeros, movilizaciones sindicales y estudiantiles, Medidas Prontas de Seguridad y estudiantes muertos en manifestaciones callejeras, violencia de derecha y de izquierda. Pero, aun así, fueron años de gestación. En su momento cualquier cambio parecía poco y, además, mal avenido. La perspectiva histórica permite valorar de otra manera las numerosas innovaciones que lograron concretarse.

La creación del Movimiento de Erradicación de la Vivienda Social Insalubre (Mevir), cuyo cincuentenario el Senado está conmemorando en este momento, es una de esas creaciones trascendentales nacidas durante la agonía de la democracia. En su momento, esta innovación pasó prácticamente desapercibida. De hecho, la creación de esta institución se realizó en el contexto de la ley de Presupuesto (artículos 473 a 478). Su inspirador, Alberto Gallinal Heber, dejó una huella profunda en la configuración inicial de la institución. Con el paso del tiempo, Mevir fue cambiando y cobrando importancia creciente, hasta transformarse en una pieza clave del sistema público de vivienda.

Solemos pensar que, hacia mediados de siglo XX, Uruguay era un modelo de justicia social. Esta imagen es solo parcialmente exacta. En verdad, teníamos un estado de bienestar amplio, generoso, pero esencialmente urbano. Existía un fuerte contraste entre el nivel de protección de los trabajadores de la capital respecto a los del interior, y de los de las ciudades respecto a los del campo. El drama de la miseria rural no era desconocido por la elite dirigente y por el público. Obras como Riqueza y pobreza del Uruguay de Julio Martínez Lamas (1930) o Detrás de la ciudad de Juan Vicente Chiarino y Miguel Saralegui (1944), entre otras, habían alertado tempranamente sobre estos asuntos.

La sociología uruguaya, en su fase inicial de despegue, jugó de todos modos un papel muy importante en la “construcción social” de este problema. En 1958, Aldo Solari publicó Sociología rural nacional. En 1960 se conoció la Sociología rural de Daniel Vidart. Pero la investigación que fue más a fondo en estos temas fue la liderada por Juan Pablo Terra en el CLAEH recogida en Situación económica y social del Uruguay rural publicada en 1963. Terra, un hombre talentoso, polifacético, bien formado (arquitecto profesional, sociólogo vocacional) y muy comprometido con los problemas sociales, hizo mucho durante esos años por estudiar el problema de la vivienda y proyectar soluciones. En particular, dirigió el equipo técnico que, en el marco de la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE), elaboró la reingeniería de la política de vivienda en Uruguay plasmada en la ley de Vivienda (1968) y en la creación del Ministerio de Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (1990).

Pero la atención al grave problema social de los “rancheríos” perdidos en medio del campo mereció una respuesta diferente y complementaria. Fue otro líder talentoso y polifacético (estanciero modernizador, político nacionalista, urbanista emprendedor) el que impulsó la creación de una institución especialmente enfocada en la eliminación de los “pueblos de ratas”. Gallinal Heber, que había sido intendente de Florida (1951-1955), integrante de la comisión de personalidades que atendió a los damnificados por las inundaciones de 1959, fundador del Movimiento Nacional de Rocha y candidato a la Presidencia por el Partido Nacional en 1966, tomó la iniciativa de promover la creación de Mevir. Obtuvo, para ello, el apoyo del presidente Óscar Gestido, que había intentado, sin éxito, nombrarlo presidente del BROU.

Pero Gallinal Heber no se limitó a crear la institución. Se puso a su frente hasta el final de su vida (1994). Por eso mismo, Mevir es incomprensible sin él. Los valores iniciales impuestos por su fundador siguen muy presentes: misericordia, ayuda mutua, austeridad, autonomía respecto a los partidos. Mevir sobrevivió a cambios políticos bruscos (cambios de régimen, alternancias entre colorados, blancos y frenteamplistas) y restricciones financieras importantes porque tiene una profunda vocación por lo que hace. En este medio siglo, Mevir bregó por cumplir con el propósito inicial. Pero, para eso, fue cambiando, aprendiendo de su propia experiencia y tomando nota de los desafíos y restricciones del entorno. Fue modificando materiales, tipologías, sistemas constructivos. Fue ampliando sus cometidos. Además de ocuparse de la vivienda del peón y su familia, pasó a ofrecer soluciones habitacionales y apoyo a las pequeñas unidades productivas. Fue aprendiendo también a estudiar más sistemáticamente la demanda y a manejar mejor la morosidad. Cambió, asimismo, desde el punto de vista estrictamente institucional. Dejó de ser una pequeña organización casi familiar, dependiente en alto grado del liderazgo de su fundador y con vocación por la autarquía, para ser una estructura numerosa y compleja, más dependiente de normas que de personas, profundamente integrada en un sistema intrincado de instituciones públicas vinculadas a la vivienda y a la gestión del territorio.

Con el tiempo, Terra y Gallinal Heber, que habían tomado caminos muy distintos en las décadas del sesenta y setenta, terminaron reencontrándose. La política de vivienda, grosso modo, debe su estructura normativa general al liderazgo de Terra. Pero la atención a la vivienda rural debe más todavía a Gallinal Heber y su vocación de servicio.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.
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