24.10.2017
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Cinco apuntes sobre la renuncia de Sendic
Por Adolfo Garcé
10 de septiembre de 2017
Adolfo Garcé
(El Observador) La renuncia de Sendic es consecuencia directa de la indignación demostrada por una parte importante de la opinión pública. El sistema inmunológico de la política uruguaya funcionó. Hubo investigación, denuncias, debate público, enojo, reclamos, presiones. La prensa jugó un papel importante. No hubo conspiración. Hubo un esfuerzo valeroso por mirar la caja negra del poder por el ojo de la cerradura y por informar acciones reprobables.
 
 

(El Observador) Sorpresa y media.

Era una crisis terminal. O pedía licencia o renunciaba. El statu quo era insostenible. Eso se sabía. Lo que no podíamos saber es que, una vez más, Sendic diría una cosa para terminar haciendo otra. Todo indicaba que no iba a renunciar. Se esperaba que fuera al Plenario Nacional del Frente Amplio a buscar apoyo y no a dar un paso al costado. En algún momento entre el jueves y el sábado de mañana cambió de opinión. Hizo bien.

Daño internacional: la impensada república bananera.

"Vicepresidente de Uruguay renuncia por acusaciones de corrupción". La noticia corrió como reguero de pólvora por los portales internacionales y genera un daño muy importante a la imagen del país. Es un hecho. Este episodio, a los ojos de la opinión pública mundial, nos deja en la lista de las repúblicas bananeras. No lo somos. Pero, a veces, como en este caso, nos esforzamos por parecerlo.
Daño nacional: la pedagogía del descrédito.
Todo el episodio genera, además, un daño no menor al tejido democrático uruguayo. Nada lastima tanto la confianza de la ciudadanía en lo que Gaetano Mosca dio en llamar la "clase política" que las sospechas de corrupción. La profundidad de la herida en la credibilidad es directamente proporcional al cargo político ocupado por el implicado. El "hombre de la calle", que evoqué días atrás, tendrá una razón más para no creer en la política.

Un lado bueno: leucocitos activos en la sociedad civil.

La renuncia de Sendic es consecuencia directa de la indignación demostrada por una parte importante de la opinión pública. El sistema inmunológico de la política uruguaya funcionó. Hubo investigación, denuncias, debate público, enojo, reclamos, presiones. La prensa jugó un papel importante. No hubo conspiración. Hubo un esfuerzo valeroso por mirar la caja negra del poder por el ojo de la cerradura y por informar acciones reprobables.

Otro lado bueno: leucocitos activos en el FA.

Es cierto, al partido de gobierno le costó mucho. Manejó mal todo el episodio del título académico de Sendic. Terminó siendo cómplice de verdades a medias y mentiras a secas. Pero fue comprendiendo la gravedad de la nueva ola de denuncias, las vinculadas al uso personal e indebido del dinero de los contribuyentes. Activó un Tribunal de Conducta Política que se tomó en serio su trabajo. Luego asimiló la entidad del informe elevado por el TCP. Fue ante la inminencia de un pronunciamiento adverso que el vicepresidente terminó cambiando de opinión y renunciando.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.
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