18.11.2017
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«Nadie quiere ceder nada», ¿Mauricio Macri choca con la realidad de siempre?
Por Marcos Novaro
13 de noviembre de 2017
Marcos Novaro
(TN) Son los costos del gradualismo, aún en la fase de reformismo permanente: mucho tiempo, magros resultados iniciales, que sólo con paciencia y esfuerzo sostenido se podrá confirmar que abonan un camino progresivo hacia cambios más profundos y no son solo salir del paso para seguir más o menos como estábamos.
 
 

(TN) Los gobernadores aceptaron en principio la vía de solución propuesta por Mauricio Macri para el problema bonaerense. ¿Por qué? Pues porque según esa vía ellos no ceden nada. Lo que gana María Eugenia Vidal es porque lo cede la Nación, en forma ahora previsible, no por decisiones circunstanciales que puedan renovarse o no año a año, sino por una regla incorporada al acuerdo fiscal federal marco: unos $ 40.000 millones al año. Con lo que se cerraría la larga discusión sobre el Fondo del Conurbano y la coparticipación de impuestos a la principal provincia del país.

Tampoco parecen estar cediendo nada los gobernadores en relación al impuesto al cheque: él irá ahora a la ANSES, en su totalidad, pero a cambio las provincias se benefician con la coparticipación completa de Ganancias. Todo quedaría ahí aparentemente igual.

Mientras tanto los chacareros pusieron el grito en el cielo por el anunciado aumento del Inmobiliario Rural en varias provincias, en particular Buenos Aires y Córdoba. Y amenazan ya con paros y movilizaciones. Pese a que se los compensa con reducciones ya previstas en esas provincias, y otras, de Ingresos Brutos. De vuelta: ¿ceden algo?

¿Será que se están cambiando sillas de lugar sin que cambie nada demasiado importante? No totalmente. El reemplazo de impuestos distorsivos o que desalientan la producción (Ingresos Brutos, al Cheque, etc.) por tributos más enfocados en la propiedad y las rentas fijas como el Inmobiliario no deja de ser una buena noticia. Que puede tener a la larga un efecto positivo sobre la competitividad y la inversión. También es positivo que se fijen reglas y no se tomen atajos circunstanciales, como fue en su momento el Fondo del Conurbano, y lo eran en los últimos años las transferencias discrecionales a Buenos Aires dispuestas año a año por Nación.

Pero lo cierto es que por ahora lo que se ve es una escasa disposición a ceder de los actores que tienen influencia y poder de bloqueo sobre el Gobierno nacional. Y que éste tiende a ceder recursos propios para facilitar acuerdos, descargando los costos en otros actores. ¿En quiénes? Por ahora, en esencia, en los jubilados. Si el sistema previsional se financia en adelante en mayor medida que antes con un tributo condenado a desaparecer, como es el impuesto al cheque, en algún momento no muy lejano se agravará el desequilibrio que ya desde hace tiempo lo aqueja.

A ello se suma que buena parte de lo que la Nación necesita para lubricar el entendimiento con Vidal y el resto de los gobernadores provendrá del cambio en la forma de actualizar las jubilaciones, que todas las provincias se han comprometido a apoyar e implicará el ahorro inmediato de $ 100.000 millones para el Tesoro.

¿Qué pasa mientras tanto con los empresarios y sindicalistas? Nada muy distinto. Algunas empresas grandes ya le tomaron el pulso al Gobierno. Es el caso de la Coca Cola. Al ver que tras una tibia resistencia el Ejecutivo retrocedía de la intención inicial de cobrarle más impuestos a las bebidas alcohólicas, la compañía norteamericana quiso aprovechar para hacer también retroceder a Macri en lo que a ella la afectaría, la sobretasa propuesta para las bebidas azucaradas, amenazando con retirar planes de inversión. Pese a que esa sobretasa ya era compensada al menos parcialmente por la reducción prevista en el impuesto al agua mineral, que también produce la Coca Cola.

Ir a "prueba y error" en este tema de los impuestos no parece ser buena idea, y menos una forma de obligar a que "todos cedan un poco". Más bien está dando paso a lo contrario, la idea de que si apretamos todos un poco podemos lograr que el que ceda sea el gobierno. Y ¿qué hará él si fracasa en financiar con los nuevos tributos la prevista reducción de aportes patronales y Ganancias? ¿Recurrirá de nuevo a los jubilados, tomará más deuda?

Los sindicatos ya adelantaron que resistirán cualquier modificación a la ley de contrato de trabajo. En particular se oponen a las reducciones en los cálculos de indemnizaciones y la equiparación de derechos entre empleador y empleado. Ofrecen a cambio de que se bajen esas iniciativas, su colaboración con el blanqueo laboral. Y el punto es que tienen los medios para movilizar a las bancadas peronistas y del resto de la oposición y bloquear el proyecto. Mientras tanto puede que el blanqueo laboral sí avance, pero en eso no cederán mucho que digamos ni los sindicatos, que ganarían afiliados, ni los empresarios, que recibirán compensaciones generosas del gobierno. El que cederá de nuevo será, al menos en principio, éste último, reduciendo tributos y resignando reclamos por incumplimiento.

En este universo en que todos aprietan y nadie quiere ceder, ¿el Gobierno lleva las de perder? ¿Debería ser más rígido y exigente, aunque estallaran por ello conflictos abiertos con algunos de los sectores que quiere tener sentados a la mesa de los acuerdos? Vaya a saber qué es mejor. Lo cierto es que de todos modos el Ejecutivo puede mostrar avances. Las compensaciones impositivas para las provincias dependerán de que cumplan su compromiso de reducir gastos. Lo que se resigne de recaudar por reducción de tributos y penalidades en el blanqueo laboral lo compensará si se amplía el número de empleados en blanco. Si ya convence a las provincias de apoyar su idea de poner en caja el sistema previsional, con un recorte inicial acotado pero no irrelevante, puede generar un antecedente muy útil para cuando se decida a meter mano en serio en ese berenjenal.

Son los costos del gradualismo, aún en la fase de reformismo permanente: mucho tiempo, magros resultados iniciales, que sólo con paciencia y esfuerzo sostenido se podrá confirmar que abonan un camino progresivo hacia cambios más profundos y no son solo salir del paso para seguir más o menos como estábamos.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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