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Miguel Ángel Pichetto y los gobernadores del PJ hunden a Cristina Kirchner, y luego la salvan
Por Marcos Novaro
8 de diciembre de 2017
Marcos Novaro
(TN) La expresidenta fue desconocida como integrante del partido pero la salvarían del desafuero pedido por Bonadío. No para volver a levantarla, sino para terminar de liquidarla como figura política. Será de aquí en más como esos jarrones feos que las familias no saben dónde ubicar en sus casas, para que no se rompan pero, sobre todo, para que no molesten.
 
 

(TN) El peronismo dio en las últimas semanas varias señales de que va camino a recomponerse y recuperar la iniciativa, contra casi todos los pronósticos formulados al respecto: entró de lleno en su fase postkirchnerista recuperando sus instrumentos partidarios, legislativos y territoriales; al tiempo que definió una postura más desafiante ante las iniciativas de reforma oficiales. Le faltará de todos modo formar nuevos líderes y, claro, ese es otro cantar.

El dato más llamativo respecto al primer asunto es que Miguel Ángel Pichetto consiguió esta semana dos cosas que parecían muy difíciles de conciliar: dejar afuera de la bancada peronista en el Senado a Cristina Kirchner y su pequeño séquito de seguidores fanáticos (otros 8 senadores) y no perder frente al macrismo el rol de primera minoría en esa cámara, que el PJ conserva desde 1983.

Es cierto que lo consiguió por ahora con apenas un empate (controlará 25 bancas, el interbloque de Cambiemos podría reunir la misma cantidad), pero dado que hay alrededor de una decena de peronistas aún dispersos especula con lograr pronto el desempate. Y, lo más importante, demostró que no había que ceder a los cantos de sirena de los mediadores. Estos quisieron convencerlo que sólo “uniendo a toda la oposición” se podía preservar un papel digno para su fuerza política, que excluir a Cristina equivalía a resignar recursos de poder tal vez irrecuperables en manos del oficialismo, y en consecuencia también la competitividad de cara a 2019. No les hizo caso y sostuvo el rumbo de “exclusión y olvido”. Que encima al día siguiente el juez Claudio Bonadio terminó de consagrar con su pedido de desafuero.

Estas novedades se sumaron a las de la semana anterior en el PJ bonaerense: la lista de unidad sellada para renovar las autoridades partidarias en el distrito más complicado para el proyecto de “deskirchnerización”, donde muchos hasta hace poco pronosticaban que la expresidenta y su gente seguirían haciendo pata ancha gracias a sus tres millones y medio de votos, y la fragmentación que parecía condenar a los demás grupos internos a la impotencia.

Sucedió sin embargo que la “renovación” avanzó también allí a paso firme, sin preocuparse ni por esos votos ni por los mencionados pronósticos y superó sin problemas los obstáculos para sumar a casi todos detrás de una nueva conducción. Hacen bien los dirigentes peronistas en no prestarle demasiada atención a los pronósticos agoreros sobre su futuro. O tal vez son esos pronósticos los que están acicateándolos a hacer las cosas un poco mejor que hasta aquí.

¿Qué fue lo que pasó concretamente en Buenos Aires? Que el kirchnerismo residual intentó resistir el recambio de autoridades partidarias, y mantener a Fernando Espinoza al frente del PJ bonaerense por otros cuatro años más, lo que hubiera significado congelar cualquier intento de involucrar al partido del principal distrito del país en el movimiento de “renovación” que ya tomó el control de la situación en casi todo el resto del territorio nacional. Pero ese intento fracasó en toda la línea. Espinoza vio que iba camino a una dura derrota en las internas programadas para el 17 de diciembre, frente a una inesperadamente amplia coalición de intendentes exkirchneristas, massistas y randazzistas, así que se rindió; a cambio de unos pocos cargos menores se plegó al bando de los vencedores, encabezado por Gustavo Menéndez, de Merlo; y Fernando Gray, de Esteban Echeverría, al que se sumaron también, vistas las circunstancias, todas las facciones sindicales.

¿Quiénes se quedaron afuera? Cristina y la Cámpora, que se declararon “prescindentes”. Lo que en un gesto de aún mayor ocurrencia Menéndez y Gray agradecieron al explicar que “hicieron mucho por la unidad”. Una suerte de invitación a que sigan haciendo lo mismo, es decir, correrse del medio y no molestar. No piensan extrañarlos. Y para dejar claro que comparten la idea de “exclusión y olvido”, se dedicaron en los días siguientes a mostrarse moderados y colaborativos con Vidal y reunirse con todos los gobernadores peronistas a la mano.

La pregunta que se plantea ahora es qué pasará con los famosos tres millones y medio. Esta coalición “renovadora” sabe muy bien que esos votos ya no existen, que en las semanas siguientes a la elección Cristina perdió la mayor parte, entre su insistencia en mantener Unidad Ciudadana y la estrategia de "la resistencia", la disposición de todos los demás a hacerla la única responsable de la derrota y los avances judiciales contra sus exfuncionarios y cada vez más contra ella misma. Fin de la cuestión: nadie piensa que Cristina vaya a ser una amenaza grave para el futuro si sigue aislándose sola, los jueces antes protectores ahora no le dan cuartel (lo que no hay que descartar que esté también motivado en viejas solidaridades peronistas), y encima a la economía, al gobierno, y por tanto también a los opositores moderados que negocian con éste, les va medianamente bien.

El kirchnerismo sólo tendría posibilidades de sobrevivir entonces como una pequeña secta radicalizada, compitiendo por los votos antisistema con los trotskistas y grupos parecidos. Algunos lo vienen comparando con pretendida alevosía con el Frepaso, pero ni siquiera: eso es faltarle el respeto a la memoria del ahora incinerado pero alguna vez innovador y desafiante "Chacho" Álvarez.

Con esos avances partidarios, el peronismo sindical y legislativo también avanzó en la segunda cuestión, una posición más dura ante las iniciativas legislativas del gobierno, en particular las previsionales y laborales. En concreto, la oposición le puso aún más peros de los que el gobierno ya había aceptado en la mesa de negociaciones con los gobernadores. Los cambios laborales quedaron de momento en suspenso, y los previsionales van camino a ser de nuevo recortados, con una fórmula de incremento de haberes que reducirá peligrosamente el ahorro previsto.

Pichetto fue clave en esas dos jugadas. Él insiste en que quiere colaborar pero el gobierno impulsa medidas que sólo puede votar tapándose la nariz, y que tiene además que mantener en caja a quienes quieren romper todo y volver a la calle. La vieja historia del policía bueno y el policía malo. Dice además que al peronismo le falta recorrer un largo camino para volver a ser mayoría. Y eso es cierto, porque sin un nuevo liderazgo, en 2019 casi seguro va a volver a quedarse sin la presidencia otros cuatro años. Pero mientras tanto no pierde el tiempo y trabaja para en principio minimizar esa derrota, que las cosas sigan como están ahora, con un gobierno de Macri necesitado de negociar todas las medidas que tome, y una oposición afirmada en las provincias, los municipios y los gremios cobrándole lo más posible por su aval.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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