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El ingreso de Venezuela al MERCOSUR
Por Pedro Isern Munné
13 de diciembre de 2005
Pedro Isern Munné
 
 

El pasado 8 de diciembre se llevó a cabo en Montevideo la XXIX cumbre del MERCOSUR, donde los mandatarios de los cuatro países fundadores acordaron el ingreso de Venezuela como miembro pleno del bloque. El fuerte respaldo a esta decisión fue encabezado por el presidente argentino Néstor Kirchner, quien en su discurso dijo: "Damos la bienvenida a Venezuela, cuya incorporación es una muestra de vitalidad". Paso seguido, Kirchner sostuvo que "es un hito que marca el paso del MERCOSUR a escala continental". Por ultimo, el neo-populista líder argentino felicitó al presidente venezolano, Hugo Chávez, por su "legitimo triunfo electoral".

A su vez, para el líder bolivariano, el bloque regional "debe reflejar una postura común de la región hacia el mundo. No puede ser un proyecto de las élites. Tiene que ser un proyecto colectivo porque todos somos MERCOSUR, desde los pequeños estudiantes hasta los trabajadores".

El ingreso de Venezuela es la primera incorporación de un país como miembro pleno desde el nacimiento del bloque, creado el 26 de marzo de 1991 por el Tratado de Asunción. Dicho Tratado establece un régimen aduanero común y, desde 1999, una zona libre de aranceles entre sus integrantes. Es importante mencionar que Venezuela ingresa como miembro pleno con voz pero sin voto. Este último derecho deberá ser ratificado por los parlamentos de los demás países miembros (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) a lo largo del 2006.

El ingreso de Venezuela puede ser analizado desde tres perspectivas: 1) en qué medida Chávez contribuirá a radicalizar al bloque; 2) en qué medida el MERCOSUR intentará y logrará moderar el populismo chapista; y 3) cómo decodificará la comunidad internacional ambas posibilidades. Fundamentalmente, si interpretará la actitud de los cuatro miembros del MERCOSUR como una sincera aspiración de moderar a Chávez y contribuir a una mayor estabilidad regional.

Dentro de los tres actores mencionados (Venezuela, MERCOSUR y la comunidad internacional), es necesario marcar que el bloque originario se compone de dos actores mayores y dos actores menores. A su vez, dentro de los dos mayores, el peso específico de Brasil es muy superior al de Argentina. Así, la incorporación de Venezuela al MERCOSUR puede interpretarse como un juego estratégico donde el actor mayor (Brasil) acepta la aspiración del segundo (Argentina, que busca que un actor relevante y no moderado de la región, como Venezuela, genere un contrapeso con el mencionado segundo).

Específicamente, el juego estratégico radica en que mientras Argentina aspira con la incorporación de Venezuela a contrapesar a Brasil dentro del bloque y a enviar una riesgosa señal de sobreactuada independencia a Estados Unidos, Brasil apuesta a que un MERCOSUR con Venezuela refuerce la importancia geopolítica del bloque y legitime al gobierno de Lula no solo como el país mas relevante de la región sino, principalmente, como la última garantía de moderación.

En este esquema, es difícil entender a la diplomacia kirchnerista: no solo desagrada a los Estados Unidos (y crecientemente, a la comunidad internacional no latinoamericana), sino que contribuye al mismo tiempo a la reafirmación de Brasil como líder moderado de un bloque ampliado donde el nuevo socio es el país mas imprevisible de la región (al menos, a los ojos de Washington). Gratuitamente, Kirchner ha fortalecido las acciones de Brasilia como referente confiable del subcontinente. Es decir, a la inexorable relevancia de Brasil por su tamaño y vocación, se le suma ahora una crucial relevancia geopolítica e institucional debido a la presencia chavista como nuevo miembro del bloque, impulsado por Argentina. Así, la administración Kirchner se arriesga a perder el papel de factor equilibrador (junto a Brasil) en las zonas inestables de la región, como Bolivia, Ecuador…y Venezuela.

Después de esta arriesgada jugada, hay una buena noticia para Washington (y para Brasilia): tras un prolongado periodo de estudio, análisis y consultas, parece definitivamente claro que la apuesta por la estabilidad, moderación y crecimiento de la región se sintetiza en una profundización de la alianza estratégica con el moderado Lula.

Pedro Isern es Director del Área Economía y Estado de Derecho del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

 

Acerca del autor
Pedro Isern Munné
Pedro Isern Munné
Master en Filosofía Política (London School of Economics and Political Science), Master en Economía y Ciencia Política (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) y Licenciado en Ciencia Política (Universidad de San Andrés).
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