28.7.2014
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La Experiencia Chilena: Consensos para el Desarrollo

La experiencia chilena versus otros modelos económicos (¿políticos?) en Latinoamérica
Por La Segunda (Chile)
6 de abril de 2006
 
 

Paula Schmidt M. (*)

“La situación incierta e inestable de nuestro vecindario ha provocado importantes crisis de gobernabilidad y una reciente irrupción de populismos económicos que de nada servirán para combatir la rémora asociada con Latinoamérica: más de 200 millones de personas viviendo en extrema pobreza. ¿Cómo podrá, nuestro país, enfrentar los próximos años de gobierno asociado a un devenir más bien estéril de nuestros semejantes?".

Los estilos de gobierno que emanan desde La Habana, La Paz, Caracas y Buenos Aires plantean un profundo desafío para las futuras relaciones interamericanas durante este cuarto gobierno de la Concertación. Al parecer, una parte importante de América Latina ha abandonado el modelo de libre mercado y ha optado por aferrarse a experimentos políticos y sociales que comprometen el desarrollo sustentable de la región.

Tras el atentado del 11 de septiembre de 2001, Moisés Naim, director de la revista “Foreign Policy” manifestó que América Latina dejó de ser “el patio trasero” de Estados Unidos, para prácticamente desaparecer del mapa. Con la excepción de Chile, el resto del Cono Sur “se está desintegrando”, afirmó. La situación incierta e inestable de nuestro vecindario ha provocado importantes crisis de gobernabilidad y una reciente irrupción de populismos económicos que de nada servirán para combatir la rémora asociada con Latinoamérica: más de 200 millones de personas viviendo en extrema pobreza. ¿Cómo podrá, nuestro país, enfrentar los próximos años de gobierno asociado a un devenir más bien estéril de nuestros semejantes?

El Centro Para la Apertura y Desarrollo de América Latina (CADAL) en sus esfuerzos por ilustrarse más sobre nuestra región, analizarla sin ideologismos y difundir propuestas concretas para su desarrollo publicó, en septiembre de 2005, el libro “La Experiencia Chilena: Consensos para el Desarrollo”. Sus frutos emanan de las intervenciones de diversos académicos latinoamericanos durante el seminario “Lecciones de la experiencia Chilena para Argentina y América Latina” llevado a cabo en Buenos Aires. El común acuerdo de los asistentes a este encuentro, fue que Chile es el único país que, a pasos agigantados, está dejando atrás los problemas endémicos que atormentan al resto del continente. Ese es un escenario sobre la percepción de Latinoamérica. Un contexto que ha sido persuadido positivamente por la experiencia chilena. Pero existe otro; el de Chávez, Morales y líderes como Ollanta Humala quienes, a pesar de que situaciones de pobreza, un sistema de salud precario, corrupción y educación de baja calidad persisten como las heridas abiertas de nuestra región, abogan por una cruzada anti-globalización, anti-capitalista y anti-banca. Todas medidas opuestas a las enmiendas que nuestro país ha sido capaz de llevar a cabo gracias a una consolidación política y económica, consecuencia de un acabado consenso entre los diversos sectores dirigentes. Así, la subsistencia del “milagro chileno”, inserto en este escenario sudamericano, está por verse, ya que uno de los factores que determina el éxito de las estructuras políticas y económicas es el poder de persuasión. En este caso, hacia nuestros vecinos. Es aquí en donde Chile deberá mantenerse firme, ya que, por el momento, parte importante de los jugadores no parece estar dispuesto a seguir su ejemplo.

Los procesos de transición política hacia la democracia, en Chile, reanimaron la posibilidad de construir una sociedad más participativa. Y, es así como, Michelle Bachelet, recalcó en su primer discurso público, tras ser electa, que ejercerá un estilo de gobierno más dialogante, en donde habrá una gran alianza entre política y sociedad. Ese será, entonces, su primer desafío, ya que dentro de las reformas adicionales que Chile necesita para encumbrarse hacia el pedestal del desarrollo está el priorizar la inversión en capital humano: la educación de las personas y su salud. Dos ejes centrales para disminuir la brecha de desigualdad de oportunidades.

Bachelet y sus colaboradores(as) deberán cimentar un gobierno cuya burocracia contribuya hacia el bien común; además de ejercer la cautela para que esa política de diálogo no traiga consigo soluciones a corto plazo y populistas, como en el resto de América Latina, en donde la calidad del servicio público es cada vez más decreciente.

Si las convicciones de la primera mujer Presidente se sostienen en el tiempo y esas ideas coinciden con el modelo que Chile ha empleado exitosamente durante los últimos 20 años, el resultado de las pasadas elecciones no sólo habrá significado un nuevo triunfo para la Concertación, sino que ahora, más que nunca, será un triunfo para toda la sociedad chilena. Como bien expresó Bachelet durante su discurso inaugural, “Son sólo 4 años y no hay tiempo que perder”.

(*)Periodista e Historiadora

 

 
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Por Fernando Laborda
Editorialista, diario La Nación

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