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Privatización del agua en el Perú
Por José Luis Tapia Rocha
13 de junio de 2002
José Luis Tapia Rocha
Si a los peruanos se le preguntaran por que se opondría a la privatización de la empresa pública del agua (Sedapal), muchos contestarían que un monopolio privado causa más daño a los bolsillos que un monopolio público. Que un empresario privado, al perseguir el lucro, no le interesaría dejar sin agua a la gente. Tendrían toda la razón si no hubiera otra elección, pero el proceso de privatización puede mejorarse si su régimen regulatorio fuera abierto al mercado y a la competencia.
 
 

Si a los peruanos se le preguntaran por que se opondría a la privatización de la empresa pública del agua (Sedapal), muchos contestarían que un monopolio privado causa más daño a los bolsillos que un monopolio público. Que un empresario privado, al perseguir el lucro, no le interesaría dejar sin agua a la gente. Tendrían toda la razón si no hubiera otra elección, pero el proceso de privatización puede mejorarse si su régimen regulatorio fuera abierto al mercado y a la competencia.
Por si fuera poco, las privatizaciones en el Perú no han tenido precisamente ese carácter popular con beneficio directo a la ciudadanía, pues hasta la fecha, sólo el gobierno y las empresas adjudicadas han salido beneficiados de este proceso con más de US$8,000 millones. No me cabe la menor duda, que la privatización puede tener acogida popular si se apela al egoísmo natural de las personas, es decir, si reciben a cambio un beneficio directo. Por ejemplo, en lugar que la privatización del agua privilegie a unos cuantos, deberíamos cambiar este proceso por un esquema de capitalismo popular. En otras palabras, al distribuir masivamente el capital de Sedapal, a través de un accionariado difundido a escala nacional, este proceso de privatización tendría un apoyo popular.
Esta solución de mercado funciona de la siguiente manera: Para saber si gran parte de la población está de acuerdo con la privatización de Sedapal, soló bastaría que el 50% más uno de los ciudadanos vendan sus acciones, y si no lo está, bastará con que no lo hagan. Las empresas interesadas en la privatización, por ejemplo, que quieran tener la propiedad de Sedapal, van a tener que ofertar un monto atractivo por cada acción. La lógica empresarial es capturar la mayor cantidad de acciones posibles para tener el control absoluto de la empresa a privatizarse. Nótese que esta forma de privatización es realmente popular, por que la gente tiene la libertad de elegir que hacer con una parte de la empresa, y recibir además, una cantidad de dinero si cede su acción a la empresa interesada en comprarla. Como vemos, el capitalismo popular enfatiza la distribución masiva de los beneficios de la propiedad privada entre la ciudadanía.¿Quién se va oponer a esta forma de privatización?. Solamente los socialistas y apristas pueden oponerse por razones estrictamente ideológicas.
Si bien es cierto que lo planteado es una idea muy general, los especialistas tendrán que normativizar este proceso y la forma de distribución de las acciones, y además, de diseñar todo un marco regulatorio que permita el libre acceso de la iniciativa privada, para evitar que Sedapal sea la única empresa que proporcione agua a toda Lima.
En cambio, ¿qué es lo que ha venido sucediendo hasta ahora?. Por un lado, todas las privatizaciones tradicionales avaladas por el Fondo Monetario Internacional, se han vendido sobre precios-base (no al precio de la libre oferta y demanda como sería un remate al mejor postor), sino que además, se han diseñado marcos regulatorios rígidos que han impedido la entrada de más competidores durante y después del proceso de privatización, como fue el caso de la Telefonica del Perú. Así como el gobierno solicita altas sumas de dinero por empresa pública, la empresa privada ganadora, por su parte, demandará un mercado cerrado a la competencia hasta recuperar sus inversiones, a través del alza continua de las tarifas de servicios públicos, con el consiguiente malestar de la ciudadanía. Por otro lado, los montos recaudados por las ventas tipo licitación, han pasado directamente a las arcas fiscales del gobierno de turno, con la historia ya conocida de las famosas desapariciones de los fondos de privatización en actos de corrupción, estimado en unos US$2,000 millones, desprestigiando así todo el proceso.
Por último, debo señalar que esta forma diferente de privatizar tendrá un soporte moral en la ciudadanía, pues si cada peruano siente realmente que tiene derecho a la propiedad privada y a sus beneficios, por ejemplo, teniendo una acción de Sedapal, con mayor razón defenderá con todas sus energías la privatización de esta empresa pública, a pesar que esta idea no les guste al Sindicato de Trabajadores de Sedapal, a los apristas, y menos a las izquierdas.©

José Luis Tapia Rocha es Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE). E-mail: joseluis@ileperu.org

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