23.8.2017
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  Entrevistas

Dagoberto Valdés:

“Hay que escuchar a toda la sociedad cubana y no solo a sus gobernantes”
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
27 de abril de 2009
"Hay que tener en cuenta el daño antropológico que ha producido este sistema totalitario y que ha provocado un analfabetismo cívico, una indefensión ciudadana y una dependencia total del único empleador, que es el estado, que establece un régimen de pánico y de dependencia total".
 
 

Dagoberto Valdés Hernández nació en 1955 en Pinar del Río, Cuba, donde actualmente vive. Es Ingeniero agrónomo y trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años, 1996-2006. Dirigió el Centro Cívico (CFCR) y la Revista "Vitral". Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia, revista digital que se realiza en Cuba. Ha publicado "Somos trabajadores", "Reconstruir la sociedad civil: un proyecto para Cuba", "Cuba, libertad y responsabilidad" y "La libertad de la luz". Obtuvo los Premios "Jan Karski al Valor y la Compasión" 2004 y "Tolerancia Plus" 2007.

-Gabriel Salvia: ¿Cual es su opinión del recambio de importantes funcionarios que se ha producido recientemente en el gobierno de Raúl Castro?

- Dagoberto Valdés : En realidad la repercusión que ha tenido en la base, en los ciudadanos, especialmente en el interior de la isla donde vivo (está a 148 Km. de La Habana), es un estado de gran confusión, de un desconcierto. Incluso por aquellas personas que están más cercanas al régimen, que ven con muchísima consternación como los que hasta ayer fueron hijos de la revolución y algunos de sus mayores personeros, pues son cambiados y además acusados de errores e indignidades. Hay un desconcierto grande y por otro lado también algunos, que tienen un poder de análisis un poco más profundo, van llegando a conclusiones que yo también comparto. Las conclusiones o las apreciaciones son, en primer lugar, que las pugnas por el poder, las pugnas intestinas en la cúpula del poder han salido a la superficie y, evidentemente, las diferencias que todos suponemos en una situación como la nuestra de estancamiento, de inmovilismo, pues han salido a la luz. La segunda apreciación es que la revolución, la llamada revolución, sigue tragándose a sus propios hijos, algo que es una historia tan larga como la misma revolución. Medio siglo y el estalinismo no esta muerto en Cuba. Está muy presente y ha tocado a estos dos funcionarios –Felipe Pérez Roque y Carlos Laje- que han tenido que o aparentemente han hecho una carta disculpándose y reconociendo sus propios errores en el más férreo estilo estalinista. La tercera apreciación es que, más que lo que se pensaba de que la diferencia era entre Raúl y Fidel, nosotros hace mucho tiempo que venimos diciendo que había cuatro factores de los que dependía la sucesión o la transición en Cuba y eran los militares y los civiles, la nueva generación y la vieja generación. Estos cambios parecen indicar que ha tomado definitivamente el protagonismo la vieja generación y los militares y que va siendo cada vez más desplazada la nueva generación y los civiles. Eso es lo que nos indica, más o menos, todavía un proceso que está en vías de desarrollarse y que creemos que hay que esperar. Es una primera apreciación, pero puede ser todavía más grave. Estamos esperando qué tipos de errores, que indignidades son las que han cometido.

-Gabriel Salvia: ¿Cambio algo en Cuba desde el traspaso de Fidel a Raúl o no está cambiando nada, por lo menos en lo que uno desea: la apertura política y mayores libertades?

-Dagoberto Valdés : Se confirma lo que veíamos cotidianamente, es decir, no hay cambios sustanciales, no hay cambios estructurales. Lo que ha habido es un cambio de guardia, un cambio de cargos. Pero los cambios de cargos no necesariamente son cambios estructurales. Las estructuras son otra cosa. Son el funcionamiento del sistema, su orientación, sus objetivos, su método, su estilo. Por lo tanto ha habido un cambio de cargos y eso confirma que no es visible la voluntad de cambio del sistema. Todo lo contrario. Lo que se puede apreciar es mucha más represión, es mucha más inflexibilidad. El método de orden y mando que siempre existió se hace mucho más evidente con más militares en el poder. Esa es la realidad de la Cuba en la que estamos viviendo. Si hay algunos otros cambios (estos) no se ven, no nos enteramos y no sabemos. Por lo tanto los ciudadanos estamos a merced de que aparezca una noticia al día siguiente en los diarios y lo que estamos viviendo cotidianamente en nuestras vidas normales es el mismo sistema con mayor represión.

-Gabriel Salvia: ¿Por qué este recambio afectó mucho a los integrantes más jóvenes de la revolución?

-Dagoberto Valdés: Carlos Laje y Felipe Pérez Roque no participaron en la Guerrilla de la Sierra Maestra y, precisamente en su reflexión referida a eso, Fidel Castro dice: “las mieles del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno”. Hemos interpretado la frase como que (los integrantes de la nueva generación) no participaron en aquella guerrilla de la Sierra Maestra. Son, sin duda, una y otra generación. Y lo que estamos viendo también es que la inmensa mayoría de los jóvenes, todavía más jóvenes, no de esa generación intermedia sino de la subsiguiente, para nada quieren saber de este sistema y lo que ansían es abandonar el país para cualquier lugar del mundo. Porque han identificado, desgraciadamente, la patria con la revolución, con el socialismo, con los líderes y esa es la gran desgracia de una Cuba que se desangra en un exilio imparable y en una emigración económica y política que no tiene destino seguro sino salir y escapar. Eso es lo que estamos viendo. Los jóvenes están votando con los pies.

-Gabriel Salvia: ¿Qué balance podría hacer del nivel de represión, al cumplirse el sexto aniversario de lo que se conoció como la Primavera Negra de Cuba?

-Dagoberto Valdés: Lo que ha cambiado es el método. Aquello fue una gran ola represiva ocurrida en pocos días, aprovechando la guerra de Irak. Ahora ha cambiado el método para una mayor cantidad de detenciones, de represión, pero con la diferencia de que son más cortas las condenas cuando hay juicio o sencillamente son detenciones por horas, por días o incluso por semanas, pero que inmediatamente que empieza a conocerse internacionalmente son otra vez liberados y a los pocos meses o a las pocas semanas vuelven otra vez. Es decir, lo que pudiéramos llamar eufemísticamente, si no fuera tan trágico: una represión de bajo perfil pero de mucha incidencia. Además de eso, de la represión política propiamente dicha contra los que disienten, hay una represión económica y social sobre los trabajadores por cuenta propia, sobre las personas que no les alcanza su salario y tienen que sobrevivir de vender dulces, de hacer algunos alimentos, de hacer escobas o de vender cualquier cosa que cultivan en el patio de su casa. Esa represión ha aumentado; sin duda alguna ha producido que la carestía de alimentos y de cosas necesarias de primer orden aumente.

-Gabriel Salvia: Respecto a la situación económica y social en Cuba, ¿cómo los está afectando la crisis financiera internacional? ¿Hasta qué punto un mayor deterioro económico puede provocar protestas masivas?

Dagoberto Valdés-Dagoberto Valdés: Para Cuba esa crisis comenzó hace 50 años, cuando las finanzas, la economía, el comercio de este país fue sistemáticamente cerrado por un sistema totalitario que se enganchó al sistema soviético. Para nosotros, la crisis es un estilo de vida de hace 50 años que ahora se ve evidentemente recrudecido, no tanto y no solo por la disminución de las remesas que existen y que ya se están sintiendo. Pero la generosidad y la fidelidad de los familiares no tiene límites y yo lo digo también por experiencia propia por cuanto la incapacidad del sistema de dar respuesta a las necesidades básicas de la alimentación, de la salud, de la educación, de las viviendas. Después de los tres ciclones, podríamos decir que el cuarto ciclón es el del sistema y 3 de la naturaleza, entonces la gente está al límite. Una persona muy conocida me decía: “Dagoberto, nunca se sabe donde está el límite del aguante de un pueblo”. En efecto es así, porque cualquier pueblo normal, cualquier pueblo del mundo, hubiera estallado hace mucho tiempo. Pero hay que tener en cuenta el daño antropológico que ha producido este sistema totalitario y que ha provocado un analfabetismo cívico, una indefensión ciudadana y una dependencia total del único empleador que es el estado que establece un régimen de pánico y de dependencia total. Entonces, en ese sentido, es por lo que ha durado tanto. Pero por otro lado uno nota que la violencia reprimida, esa especie de inconformidad creciente, es un volcán cuya lava esta ahí en la boca. Cada vez son más las anécdotas de violencia callejera, de personas que se comportan como si estuvieran fuera de sí, tumultos, pequeños tumultos, que son inmediatamente sofocados por la policía y enfrentamiento inclusive con la policía de gente joven que está en una esquina, que están tomando, que tiran botellas. Cosas esporádicas pero que parece esa etapa anterior a la explosión de un volcán. No sabemos, pero es muy peligroso porque son muchos años de represión de los sentimientos, de las emociones, de los sufrimientos de un pueblo que además de eso, ya llega a su límite en cuanto a sus necesidades básicas.

-Gabriel Salvia: ¿Hasta qué punto ustedes creen que es muy necesario para una apertura democrática que la comunidad internacional tenga un cambio de actitud frente a la realidad cubana?

-Dagoberto Valdés: Le agradezco mucho esa pregunta. En primer lugar quisiera decirle que es una pregunta que nos hacemos diariamente los cubanos, pero ante ella tenemos una respuesta que yo quisiera también compartir con usted y es que los primeros responsables y protagonistas de nuestros cambios y de nuestra transición somos los cubanos. Es decir, no queremos que nadie venga a hacer por nosotros lo que nosotros mismos tenemos el derecho, el deber y la obligación moral de hacer. Luego, es importante que la comunidad internacional sepa que los cubanos no olvidamos que los principales protagonistas de estos cambios debemos ser y somos nosotros mismos. Dejando eso bien sentado, también debemos decir que no hay ningún pueblo que haya sido sometido a un sistema como éste totalitario, estalinista hasta sus últimos días como lo estamos viendo, que haya podido salir solo, sin el apoyo internacional, sin la presión de las otras sociedades, de las organizaciones no gubernamentales y de los organismos multinacionales. Ahora, la complejidad de los problemas internacionales hace que la situación de Cuba sea uno de los detalles que aparece en el mapa de esta crisis mundial, que tiene muy ocupado al mundo. No somos el Medio Oriente, no somos un país grande como China o como Rusia, eso por un lado. Por otro lado, distinta es mi opinión personal que la reacción internacional de complacencia con el gobierno cubano actual es como la ola retrasada de una reacción que debió haber sucedido inmediatamente, suponiendo en su propia lógica, digo yo, inmediatamente después, del cambio de la dirección del mismo gobierno de Fidel a Raúl. Como las cosas internacionalmente van más lentas y como los métodos diplomáticos siempre son más graduales, ahora estamos viendo aquella cosecha. En ese sentido yo fui uno de los que cuando hubo el cambio de Fidel a Raúl, sin hacerme muchas ilusiones decía que por lo menos había que atribuirle el beneficio de la duda. Y en virtud de ese beneficio de la duda había que cambiar las estrategias y las políticas para dar la oportunidad. Precisamente en la anterior revista que yo dirigía “Vitral”, el último editorial que escribí el año pasado por el mes de enero-febrero decía: “Cuba, hora de oportunidades”. Esa hipótesis decía que a lo mejor abriéndole el campo a Raúl Castro pues él se decidía a encabezar la transición. Pasado un año lo que vemos es lo contrario, pero la comunidad internacional va más lenta. Por otro lado, también hay algunos dentro esa comunidad internacional que piensan que como el bloqueo o el embargo de los Estados unidos y la confrontación no ha dado resultado, pues para diferenciarse de los Estados Unidos tienen como una política de reacción, es decir, ser distintos de, pero a mi manera de ver han confundido las alternativas. No se trata de cambiar la confrontación por un apoyo colaboracionista, complaciente y acrítico. Se trata de cambiar la confrontación por un diálogo crítico. Yo creo que es muy sencillo y le pediría a la comunidad internacional, a esos presidentes de esos países, empezando por la presidente del suyo, que exigiera al gobierno cubano o que por lo menos sugiriera al gobierno cubano lo mismo que pide, sugiere y exige para la sociedad argentina o para cualquier país democrático del mundo. La regla de oro es no aceptes y no pidas para los demás lo que no quieras y no aceptes para ti. Tan sencillo como eso. Los cubanos por supuesto que estamos desconcertados. Hace mucho tiempo que experimentamos que ese tipo de políticas no da resultado y que lo que hay que hacer es en primer lugar escuchar a toda la sociedad cubana y no solo a sus gobernantes. Segundo, tener a los derechos humanos como primera prioridad en las relaciones internacionales y no los intereses económicos o comerciales o geopolíticos, y al poner a los derechos humanos en el primer lugar de los criterios éticos de las relaciones internacionales, puedes hacer lo mismo que hace el gobierno cubano: que cuando va a cualquier país, por ejemplo como el tuyo (Argentina), cuando Fidel Castro estuvo la última vez, se entrevistan con el gobierno y con la oposición y nadie les dice absolutamente nada. Entonces, si eso no se hace, evidentemente hay una traición a una parte del pueblo cubano, que es la mayor parte, que son sus ciudadanos y una convivencia colaboracionista con un sistema totalitario, con un régimen dictatorial en un hemisferio que se dice avanzar hacia la democracia y hacia valores de la sociedad occidental. Eso pasa en América Latina, eso pasa en Europa, eso está pasando en los organismos multilaterales. Y no es que pidamos la confrontación ni mucho menos; esos métodos están también obsoletos. Se trata de poner los derechos humanos y las libertades civiles en el primer renglón de los diálogos con los países. Eso es en resumen lo que le puedo decir de la situación internacional, que como usted sabe es mucho más compleja.

-Gabriel Salvia: ¿Podría contar en qué consiste la revista “Convivencia”?

-Dagoberto Valdés: La revista “Convivencia” es la pequeña oportunidad que tenemos algunos ciudadanos de expresar estos y otros criterios que ahora comparto con usted. Es una revista de perfil socio-cultural, digital, aunque ahora hay una convocatoria nacional para que la impriman por cuenta propia, que ha tenido los primeros frutos ya en más cinco provincias. Hay una versión que se manda por correo electrónico a más de cuatro mil direcciones electrónicas y también tiene ahora un promedio de más de 250 mil lectores mensuales en Internet. Curiosamente Cuba es el cuarto país en las estadísticas de los lectores, cosa que nos llama mucho la atención teniendo en cuenta lo reducido que es el acceso a Internet dentro de Cuba, pero parece que los que tienen la leen con frecuencia. Su perfil, como te decía es socio- cultural. La dirección es www.convivenciacuba.es y nuestro correo electrónico es redacción@convivenciacuba.es Por supuesto participan personas de Cuba y del exilio cubano y cualquier persona de buena voluntad que quiera tratar cualquier tema, o cubano o de las relaciones internacionales o de su propio país. Tiene una sección cultural donde incluye una poesía, narrativa, artes plásticas. Siempre ponemos en portada una galería con uno de los artistas plásticos de Cuba. Después tiene una sección de historia, otra sección de sociedad civil, de economía, de política, de derechos humanos, de debate público, que son opiniones sobre situaciones más puntuales. Tenemos una sección que se llama “El reino de lo absurdo”, que habla precisamente de eso, del surrealismo en que vive el cubano de a pie. Y también tenemos una foto de a pie, que es una fotografía de algún fotógrafo joven que se dedica a captar alguna imagen que por sí misma habla a los lectores. “Convivencia” está hecha por un equipo de cubanos que vivimos en Pinar del Río, al occidente de La Habana, 148 kilómetros, como te decía. Y la mayoría de ese equipo trabajó durante catorce años en el Centro de Formación Cívica y en la revista “Vitral”, que funcionaron bajo el patrocinio y pertenecían a la diócesis de Pinar del Río hasta el año 2007 en que fueron intervenidas por un nuevo obispo, donde cambió su perfil y entonces decidimos hacer esta publicación y seguir la formación cívica por cuenta propia. Y en eso llevamos ya un año que cumplió la revista. Y también realizamos unos encuentros de formación cívica semanales, para precisamente formar a los ciudadanos en su derecho y deberes y paliar un poco ese analfabetismo cívico que creemos que es una de las causas fundamentales de nuestra situación.

-Gabriel Salvia: Usted sabe que aquí en la Argentina el caso de la médica Hilda Molina ha contribuido a sensibilizar mucho a los argentinos sobre la situación que se vive en Cuba. Por tal motivo, me gustaría que me cuente lo que fue el taller en que ella participó con ustedes.

-Dagoberto Valdés: La doctora Hilda Molina es una gran amiga mía personal. La admiro mucho, la quiero, la trato de acompañar lo más que pueda. También soy personalmente, y permítame esta referencia tan personal, de su señora madre, que ahora vive ahí en la Argentina y que ojalá pueda leer esta entrevista a través de la cual quiero enviarle, como hacemos las personas del campo, del interior, un saludo muy cordial a ella y a todos sus nietos y la familia de sus nietos. Son personas de muchísima fe, personas de una condición humana y moral grande. La doctora Hilda Molina, por supuesto hija de ese gran árbol que es su madre, que siempre fue una mujer muy religiosa, muy católica, pues Hilda Molina sencillamente fue fiel a lo que su conciencia le dictó en cada momento de su vida. Creo personalmente que los hombres y las mujeres tienen derecho a rectificar, tienen derecho a comenzar de nuevo, si no esta vida sería imposible. Y ella lo hizo inmediatamente cuando vio la injusticia de que los cubanos no podíamos tener el mismo acceso a los hospitales que tenían los extranjeros. La admiro mucho y ella fue invitada por el equipo de “Convivencia” a pasar un fin de semana con nosotros. Tuvimos encuentros con médicos, con jóvenes, con personas adultas en la que ella contó su experiencia. Le hicimos una especia de reportaje que salió escrito de su puño y letra en el número 7 de nuestra revista. Invitamos a que la consulten en la dirección de nuestra revista. Y ella ahora está esperando que por fin se haga justicia con relación a su deseo de ir a visitar a su familia. Nosotros la apoyamos absolutamente y pensamos que es uno de los casos que la comunidad internacional tiene como botón de muestra que aquí no ha cambiado nada esencial. Por otra parte, la doctora Hilda Molina es el ejemplo de una mujer histórica que se ha mantenido viviendo con una austeridad y una integridad moral increíble. Y yo pido a cualquiera que se unan a la causa de esta mujer que lo único que está pidiendo es reunirse con su hijo, con sus nietos, con su madre, en un país donde pueda al fin respirar un aire sano de libertad. Ojalá que ella y toda su familia lo pudiera disfrutar en la patria que los vio nacer y a los cuales sirven y sirvieron durante mucho tiempo y que tendríamos que estarle todos agradecidos de sus investigaciones. Pero como no lo puede hacer por ahora, por lo menos que puedan salir, descansar, curarse emocional y psicológicamente, y estar por un tiempo con su familia.

-Gabriel Salvia: Dagoberto, le agradezco muchísimo por su tiempo y por esta comunicación. Le envió un muy fuerte abrazo.

-Dagoberto Valdés: Le agradezco a usted. Es una oportunidad de expresar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que vemos dentro de nuestro propio país. Y se lo agradezco muchísimo porque pocas veces tenemos la oportunidad de escuchar preguntas que vayan tan bien a lo esencial y que sean tan inteligentes. Muchísimas gracias.

www.aperturalatinoamericana.com

 

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Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en El País (España), Latin America Goes Global (Estados Unidos), La Nación (Buenos Aires), el portal Infobae y la Agencia Diarios y Noticias (DYN).

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