25.4.2014
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¿Cuántos puntos de PBI anuales se lleva la corrupción estructural en América Latina?
Por Pablo Díaz de Brito
1 de agosto de 2011
Pablo Díaz de Brito
La impresión es que si Brasil pasara, por algún milagro inexplicable, a los niveles de transparencia y honestidad administrativa de Suecia, su proceso de progreso económico y social sería aún mucho más impactante de lo que ya es. Otro gran país latinoamericano, el segundo por tamaño de población y economía, México, también sirve para ilustrar este drama de la corrupción política estructural de la región.
 
 

El 3 de julio pasado, los medios informaban que el ministro de Transportes de Brasil Alfredo Nascimento renunciaba "voluntariamente". La conocida revista Veja había destapado otro caso de corrupción. En el ministerio de Nascimento se pagaban "coimas", "comisiones" o como se les quiera llamar a cambio de contratos de infraestructura. Se cobraba una "tarifa" del 5% del valor de las contrataciones.

Nascimento es miembro del pequeño Partido República, uno de los muchos que forman la coalición de gobierno de la presidenta Dilma Rousseff. El escándalo, antes de la cabeza de Nascimento, ya se había llevado las de sus colaboradores. Dilma prometió limpieza a fondo, sin mirar a qué partido pertenecía el defenestrado. Pero el escándanlo de las "tarifas" era el segundo en poquísimo tiempo. Apenas se había dado la vuelta de página al anterior, con la salida de Antonio Palocci, este sí un peso pesado de la política oficial.

Palocci dejó la jefatura de gabinete (Casa Civil) el  7 de junio. Fue un verdadero sacudón para el joven gobierno de Dilma. Palocci estaba sospechado de enriquecimiento ilícito. El diario Folha do Sao Paulo había descubierto que su patrimonio se había multiplicado por 20 en cuatro años, entre 2006 y 2010. Como se sabe, Palocci no era nuevo en esto de los escándalos: en el gobierno de Lula, debió renunciar al poderoso Ministerio de Economía por otro escándalo, del que finalmente resultó exonerado.

Si bien la segunda salida de Palocci tuvo mucha sustancia política (se interpretó que Dilma se "independizaba" de Lula con esta renuncia), es evidente que dos escándalos de corrupción a nivel de ministros en pocos meses no hablan de altos estándares éticos en el gobierno brasileño. Podría preguntarse cómo un político que ya había debido irse por sospechas de corrupción pudo volver, incluso con un cargo más alto.

En Brasil, según parece, las "tarifas", las "mensualidades", son, si no norma, sí cosa bastante corriente. La venalidad política y administrativa no sorprende a nadie. Por fortuna, existe un fuerte periodismo independiente (Veja, Folha, y tantos otros) que están siempre alertas para denunciar la podredumbre. Por eso no es casualidad la mala relación de las administraciones de Lula y Dilma con la prensa independiente.

Cuántos puntos de PBI anuales se lleva esta corrupción estructural, es cosa que este columnista no sabe y que probablemente resulte imposible de cuantificar. Pero la impresión es que si Brasil pasara, por algún milagro inexplicable, a los niveles de transparencia y honestidad administrativa de Suecia, su proceso de progreso económico y social sería aún mucho más impactante de lo que ya es.

Otro gran país latinoamericano, el segundo por tamaño de  población y economía, México, también sirve para ilustrar este drama de la corrupción política estructural de la región. Hace pocos días, el ex presidente Vicente Fox causó revuelo al declarar que ya es un hecho el retorno al poder nacional del PRI en 2012.

Fox, del conservador PAN, fue el primer presidente de México en mucho tiempo que no pertenecía al PRI, al desbancar a este partido luego de 7 décadas ininterrumpidas en el poder en el año 2000. Pero como se sabe el PRI jamás desapareció en estos 11 años, ni mucho menos.

En las elecciones estatales de este año destacó por su performance y hoy tiene 19 de 32 gobiernos estatales o gobernaturas. Retuvo, entre otros, el Estado de México, ese territorio industrializado y caótico que rodea al DF y donde se genera buena parte del PBI del país. El PRI domina el distrito desde siempre: desde hace casi...¡un siglo! Su gobernador saliente Enrique Peña Nieto, será seguramente el candidato presidencial priísta en 2012. La oposición derrotada por el PRI denuncia una manipulación extrema y descarada del electorado. Lo mismo se dijo en otros Estados que ganó el PRI este año. Estas prácticas no son exclusivas del PRI, ni remotamente. Incluyen entregar regalos y alimentos con la imagen del candidato a los que concurren a los mitines. También se habla de tarjetas de servicios sociales, algunas con nombres como "La más rendidora" (sic). También se "mudan" votantes de un distrito a otro. Y por supuesto está el "patronazgo", el empleo estatal a cambio de la fidelidad partidaria de por vida.

El caso es que el PRI llevó este sistema de clientelismo y patronazgo a su "perfección" durante sus siete décadas de dominio total del país. Y aunque tiene buenos discípulos en los otros partidos, es evidente que su eventual retorno a la Presidencia, y con un político como Peña Nieto, casado con una estrella de telenovelas y aliado del más poderoso sindicato mexicano, el de Trabajadores de la Educación, con un millón de afiliados, parece garantizar una verdadera "remake".

En tanto, una reforma política que podría traer algo más de transparencia y decencia, permanece estancada en el Congreso. Todo indica que México volverá a profundizar el "modelo" instaurado por el PRI durante su largo reinado. Y que América latina, que ha cambiado tantas cosas en está década de crecimiento al galope, con sus tres mayores economías integrando el G-20, mantendrá sus ancestrales malas prácticas políticas.

Pablo Díaz de Brito es analista de CADAL y redactor especial de www.analisislatino.com

 

 
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