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Buenos Aires arde en invierno
Por María O'Donnell
17 de agosto de 2012
María O'Donnell
(El País) Imagino que, por estas horas, mucha gente habrá prendido la radio, la tele o habrá navegado por internet para planificar el día de mañana y saber si por fin volvían los subtes. Pero sólo habrán encontrado a Macri comparando a Cristina Kirchner con Hugo Chávez, o se habrán topado con la propaganda, financiada con fondos públicos, que nos pide que descarguemos toda la bronca contra el jefe de gobierno de la ciudad y con nadie más.
 
 

(El País) Diez días sin subte, y la ciudad de Buenos Aires arde en invierno.

Casi un millón de personas se ha quedado sin medio de transporte por un reclamo gremial, potenciado por una disputa política entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de gobierno de la ciudad, Mauricio Macri, cuya convivencia en un mismo espacio geográfico no podría ser peor.

Sin subtes, la ciudad colapsa.

Cada día, a los casi tres millones de porteños que poblamos la capital, se suman otros tres millones de trabajadores del conurbano de la provincia de Buenos Aires que entran y salen en auto, en tren, en combis o en colectivo; y el sistema ya tiene su capacidad desbordada: es incapaz de absorber la demanda de otro medio de transporte inactivo.

La solución requiere del diálogo entre dos partes que a lo largo de diez días han observado, en actitud pasiva, sin demostrar preocupación genuina ni remordimiento alguno, cómo millones de personas deben agudizar el ingenio y amasar la paciencia con el único objetivo de llegar al trabajo.

Hasta 1994, Buenos Aires no era más que el asiento del gobierno federal, la ciudad capital. Con la reforma constitucional, inició un proceso lento de autonomía, para adquirir atribuciones similares a la de una provincia, que arrancó con la primera elección directa del jefe de gobierno de la ciudad, en 1996 (hasta entonces, el intendente había sido designado a dedo por el presidente) Avanzar con la autonomía tal como fue diseñada exige, entre muchas otras cosas, el traspaso del manejo de las líneas del subte, hoy en manos de la Nación.

El gobierno de Cristina Kirchner y Macri habían alcanzado un trabajoso entendimiento el 3 de enero pasado, que se plasmó en la firma de un acta acuerdo. El Gobierno nacional había decidido desprenderse de los subtes como resultado de la revisión de una política que, a lo largo de ocho años, destinó subsidios millonarios al transporte en el área metropolitana y mantuvo así tarifas artificialmente bajas para los usuarios. Pero también produjo un significativo deterioro del servicio y de la seguridad en todas las redes del transporte metropolitano, provocados por la falta de controles sobre las empresas concesionarias del servicio, que fueron las grandes beneficiarias del sistema.

Como el traspaso llegó acompañado por un recorte en los subsidios, Macri dispuso de inmediato un incremento de la tarifa (de 1.10 a 2.50 pesos), que aún rige. Pero a las pocas semanas se produjo el accidente en la estación de Once, en el que murieron 50

pasajeros que iban a bordo del tren Sarmiento, y el jefe de gobierno entendió que no estaban dadas las garantías para que la ciudad asumiera sin beneficio de inventario el riesgo de administrar los subtes, y dijo que no ratificaría el acta ya firmada. Desde entonces, como si existiera un transporte alternativo, Macri afirma: "'Prefiero que la gente no viaje en subte a que tenga un accidente".

El subte ha quedado en un limbo. Cuando llegó el momento de la negociación paritaria, y ni la Nación ni la ciudad quisieron sentarse a la mesa, que para más complejidad también tiene dos patas por el lado de los trabajadores. Los enrolados en la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y los llamados "metrodelegados", un sector más combativo pero con buenos vínculos con el Gobierno nacional. La UTA ya acordó un aumento salarial del 23 por ciento con Metrovías, la empresa concesionaria, pero los "metrodelegados" resolvieron seguir adelante con el paro, el más extenso de la historia del subte.

Durante el fin de semana, en la tanda publicitaria de los partidos que transmite Fútbol Para Todos, la Presidencia de la Nación estrenó un aviso dirigido a culpar a Macri por el paro, mientras que el jefe de gobierno de la ciudad concedió entrevistas a los principales diarios para denunciar un boicot a su gestión, como parte de un proceso de "chavización" de Cristina Kirchner, cuyo objetivo sería eliminar a la oposición, ahogar a todo potencial competidor para el año 2015.

Imagino que, por estas horas, mucha gente habrá prendido la radio, la tele o habrá navegado por internet para planificar el día de mañana y saber si por fin volvían los subtes. Pero sólo habrán encontrado a Macri comparando a Cristina Kirchner con Hugo Chávez, o se habrán topado con la propaganda, financiada con fondos públicos, que nos pide que descarguemos toda la bronca contra el jefe de gobierno de la ciudad y con nadie más.

Daniel Chain, ministro de Desarrollo Urbano de la ciudad, consideró que el video lo difamaba, y obtuvo una orden judicial para impedir su difusión, orden que el Gobierno nacional decidió ignorar y continuar emitiendo el spot. Mientras tanto, los macristas hicieron circular por las redes sociales una réplica, que cataloga de mentiras a las afirmaciones del spot de la Presidencia de la Nación.

El aviso original cierra con la frase: "Argentina, un país con gente buena", y me sonó a una burla para quienes cada día padecen un calvario para llegar al trabajo, mientras que la Presidenta se las arregla en helicóptero y Macri con su chofer.

Actualización del martes 14 de agosto: los subtes hoy volvieron a funcionar, pero la precariedad del transporte en el área metropolitana no deja de ser noticia. Esta mañana, los pasajeros de un formación del tren Sarmiento llegaron a la estación de Once después de atravesar una odisea, porque viajaron en condiciones aún peores a las que ya se han acostumbrado. El tren salió con demoras de su cabecera en Moreno, y llegó a la estación a Haedo, en Morón, a oscuras. Sin electricidad, las puertas ya no se abrieron más. Quienes pretendían bajar en el resto del recorrido debieron hacerlo por las ventanas.

Gritos, empujones y gente lastimada en cada estación, entre quienes debían bajar y los que intentaban, aún así, montarse al tren. Postales de cada día.

Fuente: Blogs El País (Madrid, España)

 

 
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