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Luces y sombras de la economía china
Por Elizabeth Robinson
22 de agosto de 2012
Elizabeth Robinson
(Análisis Latino) Es indudable que, ahora más que nunca, la economía de China está conectada a la de América Latina. Por supuesto, esta relación es crítica al desarrollo y prosperidad de la región, pero también significa que es particularmente vulnerable a los problemas de su socio.
 
 

(Análisis Latino) La economía china ha mostrado un notable nivel de crecimiento a lo largo de la década pasada, especialmente después de integrarse en 2001 a la Organización Mundial del Comercio (OMC). El año pasado, China superó a Japón como la segunda economía más grande del mundo, medido por Producto Interno Bruto (PIB), y así pasó a ocupar una posición clave en el comercio global. En 2011, China fue el mayor exportador de mercancías del mundo, con 10,4% del mercado, y también fue el segundo importador más grande (después de EEUU) con 9,5% del mercado (Informe Sobre El Comercio Mundial 2012, OMC).

Sin embargo, la economía china parece tener dificultades. Según un informe reciente del gobierno chino sobre la economía, en julio las exportaciones sólo crecieron 1% comparado con el año pasado, mientras habían crecido 11% en junio, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló que en 2011 las exportaciones aumentaron 13%, mucho menos que en el año previo cuando crecieron 28,4% (gráfico 1).


Fuente: El Banco Mundial
Nota: 2012 es una estimación

Además, el mismo informe del estado chino relató que en julio la actividad fabril también desaceleró a 9,2% -- la peor tasa desde hace más que tres años - y, en febrero de este año, China tuvo su déficit comercial record (esto es parcialmente debido al Año Nuevo chino, que ocurre en febrero; no obstante, todavía fue un déficit para enero y febrero juntos). Finalmente, el PIB de China creció por 7,6% en el segundo trimestre de 2012, más despacio que la tasa de 8,1% en el primer trimestre, y que marca seis periodos consecutivos en los cuales el crecimiento ha disminuido (El Mundo). El gobierno chino ha propuesto una meta de crecimiento de 7,5% para 2012, si bien el FMI ha previsto una tasa de 8,2%. Sin embargo, en cualquier caso, China no ha visto una tasa tan baja desde antes 2000 (gráfico 2).


Fuente: Fondo Monetario Internacional
Nota: 2012 es una estimación

Estas cifras más recientes añaden una preocupación cada vez mayor sobre China - conocida como un motor económico aparentemente imparable a lo largo de la década pasada - advirtiendo que finalmente ha llegado el fin de su bonanza. Hoy por hoy, el desafío central para el gigante asiático es como pasar de una economía en desarrollo con crecimiento muy rápido, a una economía avanzada con crecimiento más lento pero también más estable.

Ya existe evidencia de las dificultades que tendrá China con este reto. Por ejemplo, una de las preocupaciones más grandes es que hay un desequilibrio entre la inversión y el consumo privado, que componen cerca de la mitad y un tercero del PIB, respectivamente (El Banco Mundial). Con la alta tasa de inversión viene también una alta tasa de ahorro, que ha producido un superávit en la cuenta corriente por casi dos décadas (gráfico 3).


Fuente: Fondo Monetario Internacional
Nota: 2011 y 2012 son estimaciones

Si bien la mayoría de su crecimiento económico reciente ha sido debido a la inversión, el miedo es que estos niveles no sean sostenibles, ni beneficiosos en el largo plazo, y que sin un mejor equilibrio con el consumo privado, podría llevar a una recesión. Sin embargo, el problema es como lograr semejante equilibrio, sin causar una recesión.

El último Plan Quinquenal del gobierno chino sí reconoció la necesidad a tratar estos problemas y propuso una estrategia para resolverlos. Al respecto, un informe elaborado por TD Economics destacó los desafíos para realizar este objetivo, diciendo que es un "empeño arduo" y que será "un reto notable" para lograrlo sin problemas ("Special Report," TD Economics, 7 de mayo de 2012).

Uno de estos asuntos - y de hecho una causa del desequilibrio en primer lugar - es la desigualdad social y de ingresos en China. Si el gobierno quiere cerrar la brecha entre la inversión y el consumo por aumentar este último, tendrá que incrementar la demanda privada (a su vez, esto también disminuiría el superávit en la cuenta corriente por aumentar las importaciones extranjeras, y en consecuencia, trataría de otra queja de la comunidad internacional respecto a que el nivel de exportaciones es demasiado alto). En consecuencia, para alentar la demanda privada, China tiene que lograr una distribución de ingresos más igual y reforzar los programas de apoyo social.

Si bien una parte de la población china se está mudando a las ciudades en una ola de urbanización (la población urbana en China creció en 2010 en una tasa increíble de 2,5%, comparada a 2,0% en el mundo y 1,6% en América Latina), y está gozando la prosperidad que ocasiona el crecimiento económico, otra parte todavía vive en los campos y en la pobreza severa. Por ejemplo, en 2010, 55,1% de la población china vivió en áreas rurales - una cifra más alta del promedio mundial de 49,3%, y también en América Latina de 20,7% (El Banco Mundial).

Además, la diferencia de ingresos entre estos dos grupos está creciendo. Esta tendencia empeora por la falta de un sistema suficiente de seguridad social que, a su vez, se volverá más tirante a causa del envejecimiento de la población y por el límite de un niño por pareja en China, y la falta de trabajadores para sostener a los jubilados. También, mientras el gobierno sí realizó reformas del sistema de pensiones en 2009, los cambios no han resuelto todo.

La clase obrera de China ha sido, hasta ahora, relativamente pasiva. Sin embargo, si se decide que no está contenta con la coyuntura socioeconómica actual, no es imposible que una revuelta, como las vistas el año pasado en el Medio Oriente, puedan ocurrir. Obviamente, esto no sería bueno para la economía en el corto plazo.

Otro desafío para China es controlar la inflación, que atenuó en julio a una tasa anual de 1,8% -- la más baja en 30 meses. En comparación, en 2011 la inflación fue 5,4%, según el Banco Mundial. Mientras este dato es un indicador de que el ritmo de la economía está disminuyendo, también alivia a la gente la pena del aumento de los precios y, lo que es más importante, da al gobierno más flexibilidad con su política monetaria.

Finalmente, hay una posibilidad que, después de todo, el gobierno chino esté manipulando las estadísticas que publica y que la realidad de su economía sea mucho peor que lo cree el resto del mundo. Por ejemplo, el 6 de junio pasado el diario estadounidense The Wall Street Journal reportó que la Administración Estatal de Industria y Comercio de China hizo que sea más difícil conseguir información financiera sobre empresas chinas. Durante un tiempo calificado de tanta incertidumbre económica, este movimiento fue en la dirección equivocada - es decir, más lejos de la claridad.

Todas estas señales serían alarmantes aún si China no fuera la segunda economía del mundo. La realidad, sin embargo, es que el país sí ocupa un lugar central en la red global, y que sus problemas económicos afectarán otros mercados, incluyendo América Latina. Es que su papel en la región ha crecido considerablemente en la década pasada -- en realidad más rápido que en cualquier otra región. Por ejemplo, mientras el país asiático recibió 2% de las exportaciones de América Latina en 2000, diez años después llegaron al 10%, y también en 2010 fue la tercera fuente de Inversión Extranjera Directa para la región (Internacional Economic Bulletin, marzo 2012). Además, en ese mismo año, las exportaciones a China de América Latina y las importaciones chinas a la región aumentaron por 51% y 48% respectivamente - un crecimiento de comercio mayor que para cualquier otra región.

El vínculo entre China y América Latina se hizo muy claro durante la crisis económica hace cuatro años: los países que tuvieron las exportaciones mayores a China -- Brasil, Chile, Perú, y Argentina - fueron los países que se recuperaron más rápido de la recesión. El año próximo, las exportaciones crecerán un 11% ("People's Republic of China and Latin America and the Caribbean," ECLAC, junio 2011).

Es indudable que, ahora más que nunca, la economía de China está conectada a la de América Latina. Por supuesto, esta relación es crítica al desarrollo y prosperidad de la región, pero también significa que es particularmente vulnerable a los problemas de su socio. Parece que, al final, el océano que separa a los dos tal vez no sea suficientemente pacífico para proteger a América Latina de cualquiera tormenta económica que sufra China.

 

 
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