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Argentina K: Indicadores en baja
Por Carlos Fara
Twitter: @carlosfara
23 de agosto de 2012
Carlos Fara
(El Estadista) La opinión pública en general tiene dos características: 1) se mueve a mucha menor velocidad de lo que se imagina la dirigencia política, y 2) por esa misma razón, cuando entra en una inercia descendente, no es fácil reconducirla en el corto plazo. Los datos no son auspiciosos para el Gobierno en ese sentido.
 
 

(El Estadista) Tal como ya habíamos analizado en esta misma columna hace dos meses (“Idas y vueltas del humor social”, El Estadista N° 58), la tendencia a una baja del optimismo se ha profundizado. Los que piensan que el país estará mejor o igual de bien hoy suman el 34% (era del 44% 60 días antes). Si tenemos en cuenta que cuando Néstor Kirchner perdió con Francisco De Narváez, las perspectivas positivas eran del 37%, se puede decir que el deterioro se ha acelerado sustancialmente.

Veamos algunos datos que abonan la tendencia general:

-El optimismo personal / familiar (que siempre se ubica por encima de la situación del país), hoy está en punto de equilibrio con el pesimismo, situación que no se registraba en los últimos tres años. 

-La evaluación personal respecto al pasado va empeorando a pasos agigantados.

-El 56% cree que la Argentina va por el mal camino (en marzo era el 42%).

-El 61% piensa que va a haber una fuerte devaluación del peso (era el 39% dos meses antes).

-El 79% decidió ajustar sus gastos este año.

-El 81% teme que la inflación se salga de control (era del 73% en mayo).

-La inflación ya es indiscutiblemente el segundo tema de preocupación, desplazando a la desocupación, siendo mencionada por el 34% (era el 28% en marzo).

-El 47% está decepcionado con la medidas tomadas por la Presidenta luego de las elecciones (era el 36% en diciembre).

-El 52% cree, de todos modos, que la Argentina está hoy mejor que hace nueve años cuando asumieron los Kirchner, pero estaba en el 58% en mayo.

Pese a todos estos indicadores negativos, la aprobación de la gestión presidencial es del 48% (era del 51% dos meses antes) en la zona metropolitana (que viene siendo un promedio país por la mezcla de la Capital con el GBA). Como se puede apreciar, la crisis con Daniel Scioli fue mucho más política y mediática que de la sociedad. Tampoco influyó el enfrentamiento con Hugo Moyano y su acto en Plaza de Mayo: el líder de la CGT sigue teniendo tan mala imagen como antes de la ruptura definitiva.

Las causas de este progresivo deterioro (que tampoco es caída libre) son básicamente: 1) la desaceleración económica; 2) la inflación; 3) cambios en el estilo de comunicación de la Presidenta, que volvió a ser percibida como soberbia, autoritaria, confrontativa y alejada de la realidad, y 4) medidas que generan incertidumbre y desconfianza (controles sobre el dólar, las importaciones, la utilización de los fondos de la Anses, etcétera).

En una columna anterior “La complejidad del escenario” (El Estadista N° 60), sostuve que “lo que está sucediendo en la actualidad es que de las cuatro agendas (la de la sociedad, la de los intereses creados, las de los problemas por resolver y la de la Presidenta) está primando la de la propia Cristina, que claramente no es la de los intereses, pero tampoco se está percibiendo una gran sintonía con la del electorado. La sociedad, además de los problemas económicos, no percibe que la Presidenta se esté ocupando de lo que realmente le importa”. Dicha descripción merece seguir siendo subrayada, en vista de los indicadores ofrecidos más arriba.

La opinión pública en general tiene dos características: 1) se mueve a mucha menor velocidad de lo que se imagina la dirigencia política, y 2) por esa misma razón, cuando entra en una inercia descendente, no es fácil reconducirla en el corto plazo. Los datos no son auspiciosos para el Gobierno en ese sentido. Sin embargo, si se respetan los plazos electorales previstos en la ley, significará que el turno de primarias se dará durante agosto. Es decir que queda exactamente un año para que el clima se pueda modificar, y el panorama electoral se le vuelva más halagüeño al oficialismo.

Una economía mejor entonada vía recuperación de Brasil, menor inflación, soja a 600 dólares, planes de impulso del consumo local, menores controles sobre el dólar, etcétera, harían más tolerable algunos malos tragos. Eso es para quienes creen que la situación del bolsillo explica todo. La pregunta del millón, tal cual se dio en 2009, es si el electorado está molesto por la coyuntura, o si tiene un fastidio irreversible. Es la segunda caída que el kirchnerismo tiene en nueve.

De la primera logró salir notablemente. La cuestión es si el proyecto y la Argentina soportan dos caídas. No hay que confiar solamente en que “enfrente no hay nadie”.

Fuente: El Estadista

 

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