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El juego de las verdades a medias
Por Tristán Rodríguez Loredo
28 de septiembre de 2012
Tristán Rodríguez Loredo
(El Cronista Comercial) La disputa entre el Gobierno Argentino y el FMI no es más que otra batalla en una guerra sin cuartel entre los poderosos y los desvalidos del mundo. Pero esta visión, al menos tiene en sí misma el germen de 7 medias verdades.
 
 

(El Cronista Comercial) Tanto en el discurso oficial de la Presidenta en la Universidad de Georgetown como en los esbozos de explicaciones que funcionarios y militantes de a caballo: la disputa entre el Gobierno Argentino y el FMI no es más que otra batalla en una guerra sin cuartel entre los poderosos y los desvalidos del mundo. Pero esta visión, al menos tiene en sí misma el germen de 7 medias verdades que podrían evolucionar hacia.

1- El caso argentino es uno más de otros desarreglos menores en el que incurren todos los países. ¿Quién está exento de algún pecado de juventud en estos casos? Al equiparar a las cuentas nacionales con otros países que súbitamente pasaron de la bonanza a la recesión se mete en una bolsa casos de fraude estadístico (Grecia) con otros de sobreendeudamiento de la economía (Italia, España) pero que no afectaron su credibilidad estadística como sí ocurre con el Indec desde su intervención.

2- Hay animosidad con la Argentina porque el país se encargó de incumplir todos y cada uno de los preceptos de la entidad nacida en Bretón Woods desde el 2003. En realidad la ruptura vino un poco antes, en la agonía de la convertibilidad cuando, literalmente, el socio mayor, los Estados Unidos, le soltaron la mano con la prédica de estar defendiendo el dinero de los plomeros y pensionistas americanos.

3- En la Argentina no hay más ni menos inflación que en otros lados con economías en expansión. El argumento del crecimiento para explicar la disparidad en las mediciones de precios entre nuestro país y el resto de los de la misma categoría (países de ingresos medios-altos) es tautológico: justamente el alto crecimiento se puede fundar en índices subestimados. La enemistad puesta de manifiesto contra las oficinas estadísticas provinciales, las consultoras nacionales y las universidades que estiman indicadores sociales; no se entendería sino por un esfuerzo ciclópeo por tapar lo inevitable.

4- Las estadísticas oficiales del país no terminan de reflejar todo lo que pasa. La perfección es imposible y las estadísticas se mueven por muestras y no por medidas censales exhaustivas. Pero de allí a pretender que los desvíos en las cuentas estadounidenses, chilenas o uruguayas sean del mismo calibre que en el Indec raya la audacia.

5- Las reservas alcanzaron un nivel récord. Si damos crédito al informe que publicó el martes pasado El Cronista, las Letras de Tesorería en poder del Banco Central ascenderían a u$s 44.000 millones para 2013. Es decir, a la cifra nominal de reservas monetarias habría que deducir este pasivo, al menos para llegar un importe neto de menos de la décima parte. Allí las diferencias serían sólo financieras: los plazos en que el Tesoro debe hacer frente a sus obligaciones versus las que tenga el Banco Central con sus divisas y oro.

6- El crecimiento es récord. El desfasaje entre índices de precios también ayuda a hablar de dos PBI: el nominal y el real deflacionado por precios ‘oficiales‘ y “estimados”. De las tasas chinas se pasaría a tasas latinas promedio, con lo cual se perdería el gran “activo” del modelo: el impulso al crecimiento para ser uno más en la región.

7- Y para el final, una dedicada al gremio. Los periodistas nunca pueden ser independientes: los medios terminan siendo de uno u otro partido. Hay posiciones ante la vida, de cómo debería organizarse la sociedad, ante la trascendencia y los demás que no se contienen fácilmente en los cada vez más sinuosos límites de una agrupación partidaria. Efectivamente, todos los medios tienen su ideología pero no necesariamente coinciden con los sellos partidarios. Es más, muchas veces los explicitan en su línea editorial, manifestación de principios, códigos de ética o manuales de estilo. Los periodistas no nos asumimos como simples peones en un tablero de ajedrez: nuestro trabajo se asemeja más al de un artesano intelectual que al de un proletario de la era industrial. Y muchas veces son los mismos dueños los que se quejan amargamente en reuniones de amigos y celebraciones familiares. “Todos creen que aquí mando yo solamente, pero si supieran...”, confesaba quizás el único editor empresario de la actualidad. Nos gusta preguntar y repreguntar. Guardar siempre un rincón para las rebeliones de entre casa. Un difícil equilibrio entre la lealtad al empleador y a la propia vocación. Algo difícil de entender en la era de la obediencia debida y la alineación automática.

Fuente: El Cronista Comercial (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Tristán Rodríguez Loredo
Tristán Rodríguez Loredo
Licenciado en Economía y Master en Sociología (Universidad Católica Argentina). Master en Gestión de Empresas de Comunicación y Doctor en Comunicación Pública (Universidad de Navarra, España). Profesor en el Instituto de Comunicación Social (UCA) y en la Facultad de Comunicación (Universidad Austral). Es Director Ejecutivo de la Asociación Cristiana Dirigentes de Empresa (ACDE). Como periodista profesional se desempeñó en El Cronista Comercial, Clarín, Editorial Atlántida, fue director de las revistas Negocios y Apertura y editor ejecutivo de la revista Noticias.
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