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El surrealismo y la cobardía en la CELAC
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
16 de enero de 2013
Gabriel C. Salvia
El único país de América Latina que impide el ejercicio de la soberanía popular a través de elecciones libres, es decir, un proceso electoral en el cual participe más de un partido político, será el encargado de intervenir “en caso que exista una amenaza de ruptura o alteración del orden democrático que afecte gravemente al gobierno constitucional de un Estado miembro”. Realmente, frente a esta hipócrita situación, avergüenza el silencio cómplice de las democracias más ejemplares de América Latina.
 
 

En América Latina se produce la paradoja que a mayor cantidad de organismos regionales, menor es la integración y la armonización de políticas que hacen a la gobernabilidad democrática, la vigencia del Estado de Derecho y el crecimiento económico con inclusión social.

Un ejemplo es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), una inocultable creación chavista que pretende ofrecer un espacio regional alternativo a la OEA, excluyendo a las democracias desarrolladas de Estados Unidos de América y Canadá.

La Celac contiene una “Declaración Especial sobre la Defensa de la Democracia y el Orden Constitucional”, suscripta en Caracas el 3 de diciembre de 2011 en el marco de la Cumbre Fundacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. En dicha oportunidad, jefas y jefes de Estado y de Gobierno de varios países latinoamericanos, poco respetuosos de la institucionalidad democrática, expresaron sin ponerse colorados que “nuestra comunidad se asienta en el respeto irrestricto del Estado de Derecho” y “la defensa de la democracia”.

Al mismo tiempo, la Celac machaca con “el respeto a la soberanía” y “la no injerencia en los asuntos internos”, al tiempo que manifiesta “rechazo y condena a todo intento que pretenda trastocar o subvertir el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones en cualquier Estado Miembro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”.

Es decir, por un lado expresa “el respeto a los Derechos Humanos y las libertades fundamentales que son requisitos esenciales para la participación en los distintos órganos de la Celac”; ratifica “el respeto a las autoridades legítimamente constituidas como expresión de la voluntad soberana de los pueblos”; y acuerda “adoptar una cláusula de compromiso con la promoción, defensa y protección del Estado de Derecho, del orden democrático, de la soberanía de los pueblos, de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

La “cláusula democrática” de la Celac destaca “el no sometimiento a torturas ni penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, el no ser arbitrariamente detenido, preso o desterrado, ni objeto de ejecuciones sumarias y arbitrarias, de desapariciones forzadas, y la libertad de opinión y expresión”.

Desde su creación, el régimen de partido único que gobierna en Cuba y cuyo régimen legal e institucional viola todo lo expresado por la Celac, integra este organismo conformando la troika inicial con Venezuela y Chile. Precisamente, en la cumbre a realizarse en Santiago del 26 al 27 de enero, Chile traspasará la presidencia a Cuba.

De esta manera, el único país de América Latina que impide el ejercicio de la soberanía popular a través de elecciones libres, es decir, un proceso electoral en el cual participe más de un partido político, será el encargado de intervenir “en caso que exista una amenaza de ruptura o alteración del orden democrático que afecte gravemente al gobierno constitucional de un Estado miembro”.

Hace unos meses, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunció las detenciones arbitrarias en Cuba; los métodos fascistas de intimidación política a los “desafectos al régimen de partido único” -actos de repudio- son más que conocidos en la Isla; la aplicación de la pena de muerte por delitos menores tras juicio sumario -como sucedió en marzo de 2003- permanece vigente; el exilio forzado a los que expresan su disidencia al régimen de pensamiento único fue el destino de la mayoría de los prisioneros de la “primavera negra”; y la lista de violaciones obscenas a las libertades fundamentales en la dictadura remanente de América Latina podría continuar.

Asimismo, Cuba es el único país de América Latina que en ámbitos internacionales adopta posiciones vergonzosas respecto a la dignidad humana. Por ejemplo, el 1º de junio de 2012 fue el único país de la región que votó negativamente la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre el deterioro de la situación en Siria y los asesinatos perpetuados por la dictadura de Al-Assad en El-Houleh. Fueron 41 votos a favor, entre ellos los de Chile, Costa Rica, Guatemala, México, Perú y Uruguay, todos países integrantes dela Celac. Solamente votaron en contra China, Rusia y… Cuba. Hasta Ecuador, un aliado casi “incondicional” de la dictadura cubana, se abstuvo en esta votación.

Realmente, frente a esta hipócrita situación, avergüenza el silencio cómplice de las democracias más ejemplares de América Latina y llama la atención que no haya ni un solo mandatario que tenga la valentía de expresar públicamente una crítica al régimen de los hermanos Castro junto a un reclamo de apertura política. Piñera, Mujica, Rousseff, Humala, Santos, Chinchilla, aceptan sumisa y cobardemente sentarse a la mesa -en igualdad de condiciones- junto al representante de un gobierno que, a diferencia de todos ellos, no llegó al cargo luego de una competitiva elección democrática.

De esta manera, en Chile nuevamente se podrá apreciar lo poco consolidadas que están las convicciones democráticas en América Latina.

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en El País (España), Latin America Goes Global (Estados Unidos), La Nación (Buenos Aires), el portal Infobae y la Agencia Diarios y Noticias (DYN).

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