25.7.2014
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¿SE ALIARÁN ARGENTINA Y BRASIL CONTRA EL FMI?
Por Carlos Gervasoni y Matías Franchini
7 de abril de 2004
Argentina y Brasil han realizado aproximaciones notorias en lo referido a su relación con el FMI y demás organismos internacionales. Si bien han negado que pretendan formar un "club de deudores", los acuerdos alcanzados entre ambos países han despertado no poco interés, en especial cuando se trata de dos de los tres más importantes deudores del FMI.
 
 

La respuesta corta es “no”. Al menos por ahora. La pregunta surge a raíz del encuentro entre los presidentes Kirchner y Lula, y el documento que firmaron, el 16 marzo en Río de Janeiro. Brasil y Argentina decidieron impulsar juntos una serie de modificaciones en las prácticas del Fondo Monetario Internacional con respecto al tratamiento de la deuda de los países emergentes. Ambos gobiernos dejaron en claro que no se trata de un mecanismo de renegociación conjunta, ni del nacimiento de un club de deudores (importante: Brasil y Argentina son dos de los tres principales deudores del FMI), sino que su esfuerzo está orientado a unificar las acciones de ambos países frente al FMI y otros organismos internacionales de crédito.

La llamada “Declaración sobre la Cooperación para el Crecimiento Económico con Equidad”, firmada por los presidentes Néstor Kirchner de Argentina y Luis Inácio “Lula” Da Silva de Brasil en la ciudad de Río de Janeiro, hace hincapié sobre la necesidad de que se evite comprometer el crecimiento a la hora de establecer los cronogramas de pago de deuda. En el documento los mandatarios sudamericanos declaran que las actuales características del sistema financiero internacional revelan contradicciones con el desarrollo sustentable y su financiamiento, y defienden la necesidad de establecer mecanismos adecuados para evitar las crisis financieras internacionales. Otro de los puntos importantes refiere a las negociaciones con los organismos multilaterales para lograr superávit fiscales primarios sin comprometer el crecimiento y, al mismo tiempo, garantizando la sustentabilidad de la deuda. En particular se indica que esto debe ser hecho de modo de preservar importantes niveles de inversión pública en infraestructura. Los presidentes advirtieron que la deuda sólo podrá ser pagada si deja margen para el crecimiento económico.

Con relación al último punto, una de las propuestas principales del documento tiene que ver con el cálculo del resultado fiscal. Argentina y Brasil piden que se deje de clasificar a la inversión pública en infraestructura como gasto, idea ya aplicada por los países de la OCDE.

La declaración también incluyó una invitación a los demás socios de MERCOSUR a sumarse a la estrategia de negociación. El canciller argentino, Rafael Bielsa, anunció que los equipos técnicos ya están trabajando, por lo que, en 60 días, se van a reunir para presentar una iniciativa concreta a los organismos financieros internacionales.

El acuerdo ha tenido distintas significaciones y repercusiones en cada uno de los países, según la situación macroeconómica, financiera y política de cada uno de ellos. El gobierno argentino, que viene de un muy tenso enfrentamiento con el FMI a raíz de varios desencuentros durante las dos primeras revisiones del actual acuerdo de refinanciación de sus deudas con el Fondo, y que inicia una dura campaña de negociación con acreedores privados luego de 27 meses en cesación de pagos, fue mas enfático a la hora de promover, destacar y celebrar el acuerdo. El gobierno brasileño, con un alto nivel de deuda pero empeñado en controlarla y repagarla por la vía de políticas y gestos ortodoxos (alto superávit fiscal, altas tasas de interés, independencia del Banco Central, buena relación con el FMI), si bien se mostró satisfecho, fue mucho más moderado a la hora de redactar y publicitar el documento. El canciller Celso Amorim, explicó la importancia que tiene para Brasil en estos términos: "Estamos reforzando nuestra alianza estratégica con la conciencia. La relación entre Brasil y Argentina puede resultar para América del Sur lo que representó la relación entre Francia y Alemania para la integración de Europa. Este es el espíritu con el que trabajamos".

El gobierno de Lula encontró en la Argentina el apoyo para una propuesta que venía barajando desde hacia tiempo, la exclusión de la inversión en infraestructura como gasto a la hora de calcular el déficit fiscal. La misma había sido desechada  por el economista Persio Arida durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, y había vuelto a escena durante las negociaciones entre Brasil y el FMI para la prórroga del actual acuerdo, en octubre pasado. Durante el mes de marzo, el mandatario brasileño mantuvo una serie de conversaciones con jefes de gobierno extranjeros para pedir apoyo a su iniciativa, entre ellos George Bush, José María Aznar, Durrao Barroso, Tony Blair, Jacques Chirac y Gerhard Schröder, y con el entonces director gerente del FMI, Horst Köhler, quien reconoció la necesidad de hacer algún cambio en el sentido indicado por la propuesta brasileña.

A diferencia de Kirchner, siempre entusiasta a la hora de chocar con el Fondo, los acreedores y cualquier otro actor del sistema financiero internacional, Lula y su ministro Palocci mantuvieron una actitud extremadamente cauta y moderada durante toda la negociación. El gobierno brasileño se cuidó de aclarar en todo momento que no se trataba de una renegociación conjunta de la deuda, que no se tenía ninguna intención de cambiar la actual política fiscal y monetaria, y que las situaciones de cada uno de los países con respecto a la deuda son totalmente diferentes. Los negociadores argentinos, que hubieran preferido una declaración más dura y ambiciosa, quedaron igualmente satisfechos por poder mostrar una alianza importante a dos actores claves: el Fondo, que entendiblemente siempre abriga el temor de que algún día dos o tres grandes deudores se le rebelen conjuntamente, y la opinión pública argentina, siempre receptiva a cualquier cosa que implique oponerse al Fondo y acercarse a Brasil.

La apuesta más elevada de la diplomacia argentina es contribuir a un giro de Lula a la izquierda (sí, paradójicamente, el presidente de un partido fundado por un militar golpista de simpatías fascistas, Juan Perón, cuyo partido viene de gobernar diez años el país con políticas pro-mercado y pro-Estados Unidos, aparece claramente a la izquierda de un presidente que fundó un partido laborista de ideología socialista y que hasta hace sólo un par de años, renegaba de la deuda, del Fondo y, en alguna medida, del capitalismo). Esa apuesta especula con contribuir a quebrar el actual equilibrio de poder interno en el gobierno del PT. Lula, su poderoso ministro de hacienda Antonio Palocci y las autoridades del Banco Central han seguido desde el primer día de gobierno la estrategia de la sobreactuación, es decir, han mantenido superávit fiscales y tasas de interés por encima de lo que cualquier gobierno razonablemente ortodoxo propondría. De esta forma han tenido éxito en eliminar los miedos que Lula y el PT generaban en la comunidad financiera internacional y, consecuentemente, han logrado mejorar el acceso de Brasil a los mercados financieros voluntarios.

Por supuesto hay sectores importantes del PT que desaprueban estas políticas. Y no están solos: los acompañan otros partidos políticos, la industria nacional, un sector importante de Itamaraty y buena parte de la opinión pública. Los partidarios de un giro a la heterodoxia desenvolvimentista han ganado fuerza a partir de la publicación de las decepcionantes cifras de crecimiento (decrecimiento en realidad) de la economía brasileña durante 2003. En una comparación ilegítima pero políticamente efectiva, indican que la Argentina, con default y menos ortodoxia, logró la tasa de crecimiento más alta del mundo durante el mismo año. Está claro que Lula y Palocci están muy firmes en su posición y muy convencidos que en el corto plazo su inversión en credibilidad y estabilidad macroeconómica comenzará a generar crecimiento. Pero la administración de Kirchner no descarta que una prolongada recesión, una profundización del escándalo Díniz (ver: PAPER del mes pasado) y/o un deterioro adicional de la popularidad del gobierno terminen convenciendo a Lula de volver a sus raíces, confrontar con el Fondo y los acreedores, y buscar una alianza más firme con la Argentina para renegociar las deudas tanto con los organismos internacionales como con los tenedores de bonos.

Por supuesto, también es posible que la perseverancia de Brasil fructifique, que su economía se reactive, que su acceso a los mercados de endeudamiento le den claras ventajas por sobre la Argentina, y que todo esto fortalezca a la actual estrategia Lula-Palocci y profundice la búsqueda de independencia respecto de Buenos Aires.

Lo que está claro, sin embargo, es que los principales socios del MERCOSUR tienen, aún con políticas diferentes, algunos intereses comunes importantes con respecto a los organismos financieros internacionales (y con respecto a otros temas clave de la economía internacional, como los subsidios a la agricultura de los países desarrollados). El FMI ha dado muestras en el pasado, y las sigue dando actualmente, de proceder a menudo en forma más “política” que “técnica”. Como bien documenta Michael Mussa en su reciente libro(1), el Fondo continuó financiando a la Argentina de Menem en la segunda mitad de los ‘90 por razones políticas, cuando el alto nivel de la deuda argentina y la recuperación del crecimiento después de la crisis del Tequila lo desaconsejaban. Actualmente resulta descaradamente “político” el lobby que el Fondo realiza a favor de los tenedores de bonos en default, y en particular a favor de ciertos grupos de bonistas. Si el Fondo actúa, al menos en parte, políticamente (y, siendo una organización formada por hombres y gobiernos, difícilmente esto pueda ser de otra manera), entonces parece adecuado que los países que negocian con el Fondo también hagan “política”. Las alianzas son, sin duda, una de las manifestaciones más clásicas de la acción política.

 

(*) Este artículo utilizó como fuentes el Brazil Focus Weekly Report, producido en forma semanal por el profesor David Fleischer en Brasilia, y artículos de los diarios O Estado, de San Pablo, y La Nación y Clarín, de Buenos Aires.
(1) MUSSA, M.: Argentina y el FMI. Del Triunfo a la Tragedia. Planeta. Buenos Aires, 2002

 
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Por Fernando Laborda
Editorialista, diario La Nación

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