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América Latina y la acción militar contra Siria
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
4 de septiembre de 2013
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Si bien EE.UU. siempre prefiere la acción colectiva sobre la unilateral, el alcance limitado del ataque al régimen sirio no justifica el alto costo diplomático que implica lograr el apoyo internacional y la complicada logística que requiere dicha acción multilateral. Por su parte, América Latina se ha mantenido fuera del debate sobre cómo responder mejor al gobierno sirio. Sin líderes con una voz respetada en el ámbito internacional, la posición de América Latina no se ha oído.
 
 

(Buenos Aires Herald) Mientras los líderes mundiales debaten qué hacer con Siria, los líderes latinoamericanos han estado visiblemente ausentes. Ninguno de los presidentes de los países más grandes de América Latina se ha unido a otros líderes del mundo en la elaboración de argumentos a favor o en contra de una acción militar contra el régimen de Bashar al-Assad. A pesar de su creciente importancia económica y su aparente intención de que su voz se haga oír en las cuestiones internacionales, América Latina sigue estando mayormente ausente en las deliberaciones de toma de decisiones.

El anuncio realizado por el Presidente Barak Obama de que buscará la autorización del congreso antes de emprender acciones militares contra el dictador sirio Bashar al-Assad demoró la acción militar en la mira. Como el Congreso se encuentra en receso, hasta el 9 de septiembre, el voto legislativo no sucederá pronto. Si Obama logra convencer a suficientes legisladores republicanos de apoyar sus planes – y su secretario de Estado, John Kerry logra apoyo suficiente entre sus ex colegas del Senado – la Casa Blanca tendrá la legitimidad de utilizar la fuerza militar.

La autorización legislativa no está para nada asegurada. Las imágenes del supuesto uso de armas químicas contra civiles no han producido una indignación popular. La opinión pública no está decisivamente a favor de la acción militar. Muchos demócratas podrían oponerse a apoyar al presidente dado los altos costos de una acción militar y las implicancias poco claras que dicha acción tendría sobre la política exterior estadounidense. Los republicanos citarán la etiqueta de precio máximo para oponerse a la acción militar. Al rechazar la autorización, los republicanos harán que Obama se vea débil y lo avergonzarán en el escenario mundial.

El hecho de que el Primer Ministro británico David Cameron perdiera el voto en la Casa de los Comunes subraya la complicada situación de los líderes mundiales. Si bien quieren enviar un mensaje claro al régimen sirio, hay un débil apoyo popular a la acción militar. Luego de las guerras en Irak y Afganistán, los estadounidenses y los británicos dudan sobre el riesgo de ingresar en una nueva guerra en Medio Oriente.

El Presidente Obama eligió no buscar la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Dada la proximidad rusa al régimen sirio, pasar por las Naciones Unidas habría significado tener que negociar con Moscú en un momento particularmente difícil. Además, si bien EE.UU. siempre prefiere la acción colectiva sobre la unilateral, el alcance limitado del ataque al régimen sirio no justifica el alto costo diplomático que implica lograr el apoyo internacional y la complicada logística que requiere dicha acción multilateral.

Con la ONU en un papel secundario y con la próxima jugada en manos del Congreso de EE.UU., hay poco espacio para que otros líderes mundiales tengan peso en el debate de qué tipo de acción militar debiera implementarse y cuáles deberían ser los objetivos. O sea, incluso si quisieran involucrarse, los líderes latinoamericanos tendrían un espacio muy limitado para hacer oír su voz. De todas formas, en crisis pasadas – con un espacio igualmente limitado – algunos líderes latinoamericanos jugaron un rol activo e hicieron oír sus voces.

Antes de la guerra en Irak, los ex presidentes Cardoso y Lula de Brasil, Lagos de Chile, Vicente Fox de México y, más notoriamente Hugo Chávez de Venezuela, se pusieron de pie y se hicieron activos en los debates mundiales sobre los pros y contras de la acción militar. Dadas sus ideologías y sus personalidades, aquellos líderes tomaron diferentes posturas y utilizaron diversas estrategias para hacer oír sus voces. Chávez fue claramente confrontativo, pero Lagos, Fox, Lula y Cardoso utilizaron maneras más efectivas para hacer que sus opiniones estuvieran presentes en el debate mundial.

Hoy, mientras el mundo mira los desarrollos políticos en Washington, los líderes nacionales latinoamericanos se mantuvieron mayormente ausentes del debate. Dado que están ocupando las bancas rotativas en el Consejo de Seguridad de la ONU, Argentina y Guatemala han estado un poco más activas. Sin embargo, como fue esquivado por Washington, no hay mucho que pueda hacer el Consejo de Seguridad de la ONU. El resto de los líderes de América Latina se han mantenido mayormente en silencio sobre qué curso de acción es la mejor respuesta al régimen sirio. El presidente mexicano Peña Nieto y la presidente de Brasil, Dilma Rousseff tienen las manos llenas con cuestiones domésticas. Además no han mostrado apetito de convertirse en influyentes en el ámbito internacional. Otros líderes regionales no han aprovechado la oportunidad ya sea porque están en su camino de salida – como el presidente chileno Sebastián Piñera – porque están enfrentando elecciones – como la Argentina

Cristina Kirchner – o porque tienen una situación de conflicto con sus fronteras – como el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Luego de la muerte de Hugo Chávez, su sucesor Nicolás Maduro ha demostrado mucha menos capacidad de convertirse en una personalidad mundial. Otros líderes de izquierda en la región también han perdido influencia internacional tras la muerte de Chávez.

Como resultado, América Latina se ha mantenido fuera del debate sobre cómo responder mejor al gobierno sirio. Sin líderes con una voz respetada en el ámbito internacional, la posición de América Latina no se ha oído. La crisis siria demuestra que la influencia que Latinoamérica solía tener para dar forma a – o al menos estar presente en – asuntos internacionales ya no existe.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en el Buenos Aires Herald.

Traducción de Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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