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Líderes impopulares de Latinoamérica
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
25 de septiembre de 2013
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Debido a que han ganado las elecciones en las plataformas que prometen la inclusión social, la redistribución y la reducción de la desigualdad, los presidentes se están convirtiendo en los depositantes del descontento y de los objetivos de la insatisfacción. La gente en América Latina ve el progreso económico, sin embargo percibe correctamente que no se benefician de los buenos tiempos económicos.
 
 

(Buenos Aires Herald) Como un continente que ha disfrutado un rápido crecimiento económico durante más de una década, América Latina está experimentando una ola de descontento popular.

Las protestas y manifestaciones en las calles han surgido esporádicamente en diferentes países Latinoamericanos en los últimos meses. El descontento también se expresó en la baja aprobación presidencial. A medida que la gente percibe que sus países están bien, pero que el progreso no avanza gradualmente, ellos castigan a los presidentes.

A pesar de la crisis mundial de 2008-2009, América Latina ha experimentado un período prolongado de desarrollo económico. Desde que comenzó el auge de los productos básicos hace más de una década- impulsada por la aparentemente insaciable demanda de Asia- los países latinoamericanos han visto sus monedas valoradas, sus déficits comerciales se convierten en excedentes comerciales y su problema de la deuda externa endémica pasada desaparece.

La mayoría de los países latinoamericanos son ahora los acreedores netos. El crecimiento económico impulsado por las exportaciones ha proporcionado a los gobiernos ingresos adicionales para financiar los programas sociales que han sacado a millones de la pobreza. Dado que el crecimiento económico ha fomentado el empleo, el número de desempleados ha disminuido aún más. Decenas de millones de latinoamericanos han alcanzado el estatus de clase media. Después de una fuerte caída del comercio mundial en el período 2008-2009, el auge de los productos básicos regresó con fuerzas renovadas. América Latina se recuperó de la crisis más rápido que la mayoría de otras regiones del mundo.

A pesar de la buena gestión económica y los innegables avances logrados en reducir la pobreza y promover la inclusión social, los latinoamericanos parecen insatisfechos. Desde Chile, donde las protestas estudiantiles sacudieron al país en 2011, hasta Brasil, donde los manifestantes inundaron ciudades contra el gasto público pródigo en la preparación de la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, la gente ha tomado su descontento en la calle. El crecimiento de las redes sociales podría haber facilitado el crecimiento de aquellos descontentos, pero las razones hacia los descontentos son reales. Ha habido progreso, pero la gente percibe que la riqueza no está distribuida uniformemente. Millones resienten que apenas se han beneficiado del progreso que sus países han experimentado.

En Chile, el presidente Sebastián Piñera (2010-2014) ha luchado con una aprobación presidencial muy baja. A pesar de presidir un período de cuatro años de crecimiento económico y de casi pleno empleo, menos del 30 por ciento de los chilenos aprueban su gestión. Su coalición de derecha está en camino a su peor desempeño electoral en 20 años. Aunque la economía creció y millones de chilenos están mejor que hace cuatro años, las personas creen que Piñera ha gobernado para los ricos, no para los que están en una peor situación económica.

En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos (2010-2014) ha visto que su popularidad se desliza por debajo del 21 por ciento en su tercer año en el cargo. Muchos observadores creen que las posibilidades de reelección de Santos están condenadas. Aunque se han logrado avances significativos en otros programas sociales, vivienda y educación, los colombianos desaprueban la gestión de su presidente en las negociaciones con las FARC y la forma en que el gobierno ha manejado el conflicto de la frontera marítima con Nicaragua.

El presidente peruano Ollanta Humala (2011-2016) también está pasando por un período difícil. Aunque los peruanos han sido históricamente muy duros en sus presidentes, cayendo en su aprobación por la baja de adolescentes, Humala disfrutó de una aprobación superior del 50 por ciento por casi dos años, antes de caer por debajo del 30 por ciento en los últimos meses. Aunque algunos escándalos han dañado su popularidad, Humala ha sido criticado recientemente por no producir una mayor inclusión social, y por su incapacidad para responder adecuadamente al descontento social causado por los altos niveles de desigualdad y proyectos mineros que afectan negativamente a los pobres. Considerando que el Perú ha tenido un promedio de más de 5 por ciento de crecimiento en los últimos 10 años, casi uno de cada tres peruanos siguen viviendo en la pobreza.

Más notablemente, la presidente de Brasil, Dilma Rousseff (2011-2015) vio caer su aprobación en julio desde el 60 por ciento hasta por debajo del 30 por ciento cuando las protestas callejeras canalizaron el descontento y la insatisfacción de los pobres urbanos, quienes rechazan el alto gasto en la preparación del país para la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Los manifestantes quieren que el gobierno enfoque el gasto en los pobres para que el crecimiento económico experimentado en los últimos años pueda llegar a los tradicionalmente excluidos.

Otros presidentes latinoamericanos, entre ellos el de Bolivia, Evo Morales, el presidente más veterano elegido democráticamente en la región y el ecuatoriano Rafael Correa, en el poder desde 2006, también han visto caer su popularidad en los últimos meses. A su vez, el presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018) de México y la presidenta Cristina Fernández (2007-2015) de Argentina también han visto cómo sus índices de aprobación bajan. Incluso Laura Chinchilla (2010-2014), la presidente de la tranquila Costa Rica, tiene problemas con su aprobación.

A pesar de que la política interna explica por qué los diferentes presidentes están luchando con su popularidad, también hay algunas tendencias comunes en la región. La gente está mostrando signos de insatisfacción y de ansiedad. Ellos ven que la economía en sus países está progresando, pero también sienten que están siendo excluidos de los beneficios del crecimiento económico.

Debido a que han ganado las elecciones en las plataformas que prometen la inclusión social, la redistribución y la reducción de la desigualdad, los presidentes se están convirtiendo en los depositantes del descontento y de los objetivos de la insatisfacción. La gente en América Latina ve el progreso económico, sin embargo percibe correctamente que no se benefician de los buenos tiempos económicos.

Traducción de Wanda A. Di Rosa

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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