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Desgaste y deterioro político
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
1 de noviembre de 2013
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) El revés electoral sufrido por la administración de Fernández de Kirchner en Argentina debería servir como una señal de advertencia para otros gobiernos con largos períodos de tiempo en la región. Todos esos gobiernos inevitablemente tendrán que elegir entre mantener los mismos dirigentes como candidatos y arriesgar una derrota electoral u optimizar sus posibilidades de mantenerse en el poder bajando la guardia e introduciendo sangre nueva.
 
 

(Buenos Aires Herald) El revés electoral de la coalición gobernante en Argentina subraya el inevitable desgaste y deterioro que resulta de ocupar el cargo durante varios años. Mientras el partido gobernante ha estado en el poder por más de una década, la oposición será previsiblemente beneficiada de la disminución de popularidad y el apoyo al gobierno de turno. Por lo tanto, cuando se enfrentan con la opción de perder poder contra la oposición o seguir el mismo modelo siempre que incorporen caras nuevas, las coaliciones gobernantes deberían considerar seriamente esto último. Algunas veces, mantenerse en curso significa un cambio del liderazgo.

El mayor desafío para el gobierno actual es la adaptación a las nuevas realidades y traer caras nuevas con nuevas energías que pueden continuar con el mismo patrón de  prioridades políticas. Aunque el modelo político del gobierno sigue siendo popular entre los votantes, y se ha avanzado en los últimos años, la ausencia de caras nuevas con el tiempo podría resultar demasiado costosa para la coalición en cuestión. Tener las mismas caras a cargo obstaculiza las posibilidades de cualquier gobierno, independientemente de lo popular que haya sido. Tener caras nuevas ayuda a las viejas ideas a parecer nuevas y frescas.

Aunque el crédito debería ir a quienes en la oposición capitalizan la oportunidad ofrecida por la falta de renovación por parte de la coalición gobernante, la mayor amenaza para el titular del gobierno no es la fuerza de la oposición, sino su propia resistencia a traer sangre nueva. Mientras más viejas y habituales sean las caras entre los integrantes del gobierno, más vulnerable será el gobierno a medida que envejece en el poder. La fuerza del gobierno es más propensa a ser derrotada por su incapacidad para adaptarse que por la fuerza electoral de la oposición.

No es un proceso fácil para los gobiernos que han tenido éxito en la superación de las crisis económicas y para las administraciones que han llevado exitosamente a la nación en la dirección correcta, aceptando que para garantizar la continuidad en las políticas deben aceptar un cambio en el liderazgo. Precisamente porque fueron capaces de ofrecer alternativas creíbles en una época de crisis, esos líderes que dirigieron al país en la senda de progreso les resulta muy difícil darse cuenta de que los desafíos requieren nuevas caras y nuevos líderes.

Durante una presentación en Nueva York en 2011, reflexionando sobre las razones por la cual la coalición de la Concertación del centro-izquierda perdió poder en Chile en 2010 después de 20 años en el poder, el ex presidente chileno Ricardo Lagos compartió una explicación que escuchó del ex líder socialista español Felipe González explicando la razón por la que perdió el poder después de 14 años. El presidente Lagos recordó que Felipe González le había contado que el Partido Socialista perdió porque los españoles simplemente se habían cansado de ver las mismas caras en televisión día tras día durante 14 años. Lagos añadió que el hecho de que la coalición  de la Concentación tenía diferentes candidatos presidenciales todo el tiempo ayudó a reducir el inevitable desgaste político que resulta de mantener el cargo.

A veces la democracia necesita a menudo nuevas caras. Adam Przeworski, uno de los más notables científicos políticos contemporáneos, ha definido la democracia como "sistemas donde los partidos pierden las elecciones". Los electores tienen que tener la posibilidad de castigar a quienes están en el gobierno y empoderar a la oposición para hacerse cargo. Los votantes están más proclives a votar por la oposición cuando el gobierno de turno repite el mismo candidato y no postula a una cara nueva. Las personas podrían estar a favor de la dirección en la que el país este marchando, sin embargo a menudo querrán tener un nuevo equipo para hacerse cargo de la nación. Así, incluso cuando hay certeza de que los votantes no quieren apartarse del rumbo político del actual gobierno, la resistencia a renovar el liderazgo inducirá a los votantes a darle una oportunidad a la oposición en las próximas elecciones.

Deseosos de entrar en el poder, la oposición siempre estará dispuesta a comprometerse y aceptar las ideas políticamente populares del actual gobierno y simplemente ofrecer caras nuevas y frescas. El fallecido líder italiano demócrata cristiano, Giulio Andreoti, quien fue tres veces Primer Ministro, fue citado por su famosa frase "usa el poder y lágrimas, especialmente a aquellos que no lo tienen". Cuando los países generan progreso y los gobiernos son populares, la oposición ofrecerá  mantener el mismo rumbo pero con un equipo diferente. Apostar por el cambio de rostros más que por el cambio en las políticas es la estrategia elegida por dirigentes de la oposición que aspiran a ganar el cargo.

El revés electoral sufrido por la administración de Fernández de Kirchner en Argentina debería servir como una señal de advertencia para otros gobiernos con largos períodos de tiempo en la región. Los gobiernos de los venezolanos Chávez-Maduro se han mantenido desde 1999. El gobierno izquierdista MAS de Evo Morales que llegó al cargo en el año 2005. La coalición izquierdista Frente Amplio de Vázquez-Mujica en Uruguay también ha ocupado el cargo desde el 2005. El presidente ecuatoriano Rafael Correa ganó su primera elección presidencial en 2006. El PT, con Lula y Dilma Rousseff, ha gobernado Brasil desde 2003.

Todos esos gobiernos inevitablemente tendrán que elegir entre mantener los mismos dirigentes como candidatos y arriesgar una derrota electoral u optimizar sus posibilidades de mantenerse en el poder bajando la guardia e introduciendo sangre nueva, ofreciendo el mismo camino ideológico pero con caras nuevas a un electorado que anhela el cambio en las políticas o en aquellos que implementen esas políticas.

Traducción de Wanda Di Rosa.

Fuente: Buenos Aires Herald (Buenos Aires, Argentina)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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