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La saludable democracia de América Latina
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
5 de noviembre de 2013
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Los habitantes de la región son conscientes de las deficiencias y problemas de sus democracias. El cuarenta y seis por ciento cree que la democracia tiene grandes problemas (mientras que sólo el 30 por ciento cree que la democracia tiene pequeños problemas). De hecho, sólo el 39 por ciento está satisfecho con la democracia. Sin embargo, con pequeños altibajos en el medio, el nivel de satisfacción con la democracia en 2013 (57%) es similar a la de 1995, el primer año que el Latinobarómetro se llevó a cabo. Sin duda, la gente no quiere buscar formas alternativas de gobierno, pero quieren que la democracia funcione mejor.
 
 

(Buenos Aires Herald) La encuesta del Latinobarómetro 2013 confirma que la democracia en América Latina es estable. Aunque recientes protestas callejeras han alimentado los reclamos de una crisis de representación, las encuestas muestran un alto nivel de estabilidad en la evaluación de la democracia en la región. Las protestas callejeras y los movimientos sociales podrían muy bien indicar que la gente quiere que la democracia funcione mejor en lugar de sentir que está disminuyendo la calidad de la democracia. Precisamente, debido a que la gente percibe que la democracia está más fuerte y más resistente, ahora quieren que sus gobiernos puedan tratar cuestiones más complicadas, como la desigualdad y mejores oportunidades.

En encuestas realizadas en 18 países de América Latina, el Latinobarómetro sostiene informes estables que apoyan a la democracia. El promedio de apoyo a la frase "la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno" fue de 56 por ciento en el 2013. Aunque hay una disminución en comparación con el año 2010, que fue el año de mayor apoyo para la democracia (61%), refleja un patrón constante. Desde 1995, el promedio de apoyo a la democracia ha sido del 54 por ciento. El menor apoyo a la democracia se produjo en 2001 (48%), el año siguiente al que la región estaba saliendo de una crisis económica. Sin embargo, incluso en años en que el apoyo a la democracia disminuyó, el apoyo al autoritarismo ha permanecido débil (inferior al 17 por ciento). La nostalgia por el autoritarismo no está allí. Algunos países de América Latina pueden tener democracias débiles, pero los latinoamericanos están fuertemente comprometidos con la democracia.

Los habitantes de la región son conscientes de las deficiencias y problemas de sus democracias. El cuarenta y seis por ciento cree que la democracia tiene grandes problemas (mientras que sólo el 30 por ciento cree que la democracia tiene pequeños problemas). De hecho, sólo el 39 por ciento está satisfecho con la democracia. Sin embargo, con pequeños altibajos en el medio, el nivel de satisfacción con la democracia en 2013 (57%) es similar a la de 1995, el primer año que el Latinobarómetro se llevó a cabo. Sin duda, la gente no quiere buscar formas alternativas de gobierno, pero quieren que la democracia funcione mejor.

Las condiciones económicas tienen mucho que ver con los niveles de satisfacción con la democracia. En el crítico año de 2001, sólo el 25 por ciento de los latinoamericanos indicaron que estaban satisfechos con la manera en que funcionaba la democracia en sus países. En 2010, el número aumentó a 44 por ciento, el más alto jamás visto. La pequeña declinación observada en 2013 en parte refleja el empeoramiento de las condiciones económicas. La gente percibe que sus países están creciendo, pero la mayoría sigue sintiéndose excluida de los beneficios del desarrollo económico.

Los latinoamericanos sienten que sus gobiernos están haciendo un esfuerzo. La aprobación presidencial tiene un promedio de 49 por ciento, con los gobiernos de Costa Rica (22%), Chile (29%), Paraguay (30%), Honduras (32%) y de Perú (39%) como negativas notables. En países que experimentan inestabilidad política y económica, la gente está más interesada en la política que en las naciones que están experimentando un crecimiento económico rápido. Hay más personas que están interesadas en la política en Venezuela (49%) que en Chile (17%) o Perú (19%). Para entender esta aparente anomalía, podemos pensar en los políticos como los médicos y la arena política como un hospital. Lo menos que  usted necesita es interactuar con médicos y hospitales. Naturalmente, usted mejor desea que sus médicos y hospitales sean profesionales, capaces y honestos cuando tiene que acudir a ellos. Sin embargo, siempre es preocupante cuando tiene que pasar mucho tiempo con los médicos. En países con un sistema político disfuncional, gastan más tiempo y energía preocupándose por lo que hará su liderazgo político.

Los latinoamericanos también perciben que sus países están generando progresos. Mientras que sólo el 27 por ciento cree en el año 2000 sus países estaban yendo en la dirección correcta, el número fue aumentando a un 37 por ciento en 2013. Aunque la percepción de progreso personal (33%) es el más alto en las encuestas del Latinobarómetro, el número sigue siendo inferior a la percepción del progreso a nivel nacional. La gente sabe que la calidad de vida está mejorando, pero su país mejor aún y observan que los beneficios del progreso no se distribuyen con justicia.

América Latina se prepara para una desaceleración económica en el 2014, el optimismo se refleja en el Latinobarómetro, donde puede desaparecer pronto. El apoyo a la democracia es posible que siga siendo tan fuerte como lo ha sido en las últimas dos décadas. Sin embargo, como en la parábola bíblica, temen que los años de las siete vacas gordas pueden estar llegando a su fin. Eso a su vez podría llevar al creciente descontento entre quienes históricamente se han sentido marginados de los frutos del crecimiento económico.

Las democracias latinoamericanas están en una posición más fuerte de lo que algunos podrían temer después de ver las protestas callejeras en varios países. De hecho, la democracia ha crecido muy fuerte y estable, y personas que han sido marginadas durante mucho tiempo se sienten con poder para levantar su voz y demandar que se amplíe la promesa de oportunidades para ellos también. Debido a la incompatibilidad entre la percepción de progreso personal y nacional, hay una necesidad urgente de avanzar decisivamente para asegurar un crecimiento estable para los próximos años, extender los beneficios del desarrollo económico y reducir las desigualdades persistentes. La gente sabe que las cosas buenas no duran para siempre. Espero que los líderes latinoamericanos también se preparen para cuando el tiempo de las vacas gordas sea sustituido por siete vacas feas y demacradas.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en el diario The Buenos Aires Herald el 5 de noviembre de 2013.

Traducción de Wanda Di Rosa.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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