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Chile y Bolivia: centrados en el futuro
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
14 de febrero de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) El hecho de que Chile ha sido llevado a La Haya por los dos países que perdieron territorio en la guerra del Pacífico dice mucho sobre la diplomacia chilena. El país del Sur ha sido incapaz de encontrar formas innovadoras y creativas para ayudar a sus vecinos del norte a centrarse en las oportunidades por delante, más que en las cuestiones pendientes desde más de un siglo.
 
 

(Buenos Aires Herald) Las relaciones entre Bolivia y Chile, una de las más antiguas y complejas tensiones bilaterales en América Latina, permanecerán frías hasta que ambos países dejen de mirar el pasado y se concentren en las inmensas oportunidades que se avecinan si ambos países deciden profundizar la integración y el comercio.

Desde que perdieron la guerra del pacífico contra Chile en 1879-1883, las relaciones entre Perú y Bolivia y su vecino del sur han estado afectadas por el legado de la guerra.

Perú y Bolivia perdieron el desierto de Atacama, rico en minerales (la fuente más grande de producción de cobre en Chile hoy en día). Y Bolivia quedó sin salida al mar. Varios tratados firmados a finales del siglo XIX le dieron a Chile derechos soberanos sobre esos territorios, pero Bolivia y, hasta hace poco Perú, han seguido reclamando como suyas algunas de las zonas incorporadas por Chile.

Ahora que Perú se siente satisfecho después de que la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictaminó que la frontera marítima entre Chile y Perú tiene que volver a dibujarse a favor de Lima, el gobierno boliviano ha aumentado su optimismo sobre su propio caso ante la CIJ contra Chile por el acceso soberano al océano Pacífico.

El presidente de Bolivia Evo Morales, quien llegó al poder en 2005 en parte sobre una plataforma anti-chilena, ha explotado el reclamo sostenido por mucho tiempo de que el subdesarrollo de Bolivia es consecuencia de no tener salida al mar. Aunque sus críticos argumentan que Morales utiliza la retórica anti-chilena cuando cae su aprobación, muchos bolivianos creen que su condición mediterránea explica por qué su país es el menos desarrollado de América del Sur. La tarjeta nacionalista en Bolivia funciona bien cada vez que se apunta  a la pérdida provocada por la guerra del Pacífico.

Desafortunadamente para Morales, el reclamo judicial de Bolivia está parado sobre un terreno mucho más débil que el del Perú. Además, la sentencia del tribunal fue mucho menos favorable para Perú de lo que esperaba y anticipaba el gobierno peruano. La sentencia confirmó la frontera terrestre entre los dos países  y se mantuvo la frontera marítima existente para los primeros 129 kilómetros. Aunque la frontera exterior va a ser rediseñada para favorecer a Perú, la pérdida de Chile es mucho menos importante que la ganancia de tener a Perú aceptando la frontera existente y el beneficio de poner fin a los problemas fronterizos pendientes. Si el reciente fallo predice las posibilidades que tendrá el caso boliviano contra Chile, debería haber más festejos en Santiago que en La Paz.

El hecho de que Chile ha sido llevado a La Haya por los dos países que perdieron territorio en la guerra del Pacífico dice mucho sobre la diplomacia chilena. El país del Sur ha sido incapaz de encontrar formas innovadoras y creativas para ayudar a sus vecinos del norte  a centrarse en las oportunidades por delante, más que en las cuestiones pendientes desde más de un siglo. Sin duda, las relaciones con Perú han mejorado en años recientes. Más allá del caso presentado por Perú ante la Corte Internacional, las relaciones bilaterales entre Chile y Perú están más fuertes que nunca. La integración comercial, una creciente inversión bilateral y una creciente población peruana en Chile han empequeñecido las tensiones producidas por la disputa fronteriza marítima.

Las relaciones con Bolivia son mucho más frías. Existe escaso comercio entre los dos países y, de hecho, ni siquiera  tienen embajadas en sus respectivas capitales ni hay vuelos directos entre La Paz y Santiago.

Las autoridades chilenas sostienen que Bolivia necesita abandonar los reclamos de acceso soberano al océano Pacífico. Aunque hay voluntad política para facilitar el acceso a Bolivia y los productos bolivianos ya pueden enviarse desde puertos chilenos libres de impuestos, Chile considera que no les debe nada a sus vecinos. A su vez, los bolivianos parecen estar más preocupados con el elemento simbólico de no tener acceso al mar que en los aspectos prácticos de tener acceso sin restricciones a los puertos del Pacífico.

Esas posiciones rígidas han cegado a Chile y Bolivia sobre las oportunidades que podría lograr una mayor integración. Bolivia tiene un suministro de gas grande, mientras que Chile se encuentra en extrema necesidad de energía más barata. Las minas de cobre sedientas de agua en el norte de Chile podrían también beneficiarse del agua boliviana. A su vez, el norte de Chile está severamente despoblado y las actividades económicas son demasiado dependientes de la minería. Bolivia y Chile podrían beneficiarse de un acuerdo que diera acceso al océano a Bolivia, y diese a Chile acceso al agua y al gas boliviano. Sin embargo, la disputa por la soberanía hasta ahora ha bloqueado cualquier progreso en un acuerdo bilateral. Además, el hecho de que los tratados permanentes requieren del consentimiento de Perú si Chile cede cualquier ex territorio peruano a Bolivia, hace mucho más difícil cualquier acuerdo.

Sería aconsejable que el presidente boliviano Evo Morales y la futura presidenta chilena Michelle Bachelet iniciaran negociaciones independientes del fallo de la  CIJ, esperado desde hace varios años. Los dos países pueden ganar mucho más que el orgullo de perder si Chile cede territorio no soberano de Bolivia y Bolivia deja caer su demanda contra Chile. Abundarían las oportunidades económicas. El Norte de Chile y Bolivia florecerían con crecimiento y desarrollo. Además, un acuerdo que terminara la mediterraneidad de Bolivia, sin duda, haría que los dos presidentes sean candidatos principales para el Premio Nobel de la Paz.

@patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 11 de febrero de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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