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La polarización de las protestas en Venezuela
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
18 de febrero de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Las preocupaciones económicas, el temor a la inflación y la percepción de que la economía empeorará en los próximos meses explican el apoyo a las protestas. La oposición está ciertamente ilusionada en que el descontento contra el gobierno terminará jugando a su favor. Pero los venezolanos protestan contra el gobierno, no a favor de la oposición. Por lo tanto, el gobierno hace poco por presentar su caso al culpar a la oposición.
 
 

(Buenos Aires Herald) La tensa situación política en Venezuela es causada por las difíciles condiciones económicas. Más que una polarización ideológica, la inflación explica el creciente descontento con el gobierno de Nicolás Maduro. Echándole la culpa a la oposición -que se ha beneficiado, pero no ha causado el descontento hacia el gobierno - o acusando a los Estados Unidos de intentar desestabilizar el Gobierno Bolivariano, no conseguirá quitarle responsabilidad a la administración incapaz del Presidente Maduro.

Las recientes manifestaciones masivas contra el gobierno en Venezuela no han tomado por sorpresa a los que observan atentamente. Después de la muerte del Presidente Hugo Chávez, Maduro rápidamente juró como Presidente en marzo de 2013. Ganó una elección disputada contra el líder opositor Henrique Capriles en abril de 2013, en medio de acusaciones de fraude y manipulación del voto. A pesar de la renuencia de Capriles para admitir la derrota, Maduro prestó juramento como Presidente constitucional. Aunque el reto de llenar el vacío dejado por la muerte de Chávez era ciertamente difícil, Maduro hizo poco para ayudar a posicionarse como un líder legítimo y respetado. Sus continuas referencias a Chávez claramente subrayan las diferencias profundas en la personalidad, el carisma y la capacidad política entre el Presidente y su sucesor. Aunque Capriles - y la oposición en general- también erraron al tratar de cuestionar la legitimidad de la Presidencia de Maduro, éste se

mostró más preocupado por desacreditar a la oposición que por implementar reformas económicas para aumentar la productividad, mejorar la eficiencia del gobierno, frenar la corrupción y reducir la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el tasa del mercado negro para el dólar americano.

La rápida devaluación del Bolívar Fuerte (la moneda "fuerte" introducida por Chávez en 2007) destaca y profundiza los problemas económicos de Venezuela.

Desde que perdió las elecciones presidenciales y a la luz de los decepcionantes resultados en las elecciones municipales de diciembre de 2013, la oposición venezolana ha estado pasando por una crisis. Mientras que algunos líderes sostienen que un campo de juego inclinado y un patrón de irregularidades electorales hacen que sea imposible ganar el poder por medios democráticos, otros argumentan que cualquier mecanismo que traiga de vuelta los recuerdos del apoyo de la oposición a un golpe militar contra Chávez en 2002, será contraproducente y fortalecerá el apoyo a Maduro.

Después de una votación sorprendentemente fuerte en contra de Chávez en las elecciones presidenciales de 2012 y un estrecho final en 2013 contra Maduro, Capriles ha luchado para equilibrar el poder entre aquellos que desean empujar a Maduro fuera del poder y quienes se inclinan a esperar la próxima elección (o una implosión en la cada vez más caótica coalición gobernante). Mientras no se consolida como el líder que pueda garantizar una transición estable fuera del chavismo, Capriles ha fallado en la capitalización de la caída en popularidad de Maduro y en el creciente descontento que empeora con las condiciones económicas entre los venezolanos.

Cuando Maduro fue nombrado presidente, a pesar de la abrumadora evidencia de irregularidades electorales, Capriles lanzó una campaña para cuestionar la legitimidad del Presidente. Por desgracia para él, la mayoría de los venezolanos decidieron no unirse a su lucha. El alto abstencionismo en las elecciones de abril del 2013 indicó que los venezolanos no estaban prestando mucha atención al proceso político como necesitaban los líderes de la oposición para montar un desafío de la sociedad civil. El poco progreso realizado en las elecciones municipales en diciembre confirmó que la gente no estaba ansiosa por lanzar su apoyo a la oposición.

Sin embargo, el empeoramiento de las condiciones económicas en las últimas semanas ha debilitado aún más el apoyo al gobierno de Maduro. Según datos independientes, la inflación se sitúa en más del 50 por ciento. Los esfuerzos del gobierno para controlar la inflación mediante regulaciones y controles de precios han empeorado la situación, ya que muchos productos son difíciles de encontrar y está surgiendo un fuerte mercado negro.

Al tratar de ocultar su propia ineptitud, el gobierno ha culpado a la oposición, la clase empresarial y hasta a Estados Unidos por los males económicos. Además, las políticas económicas adoptadas como soluciones a corto plazo simplemente han confirmado las sospechas de que la inflación está fuera de control y, por lo tanto, han alimentado la especulación sobre la futura escasez en el suministro de otros bienes esenciales.

Aunque las motivaciones políticas conducen a muchas personas a protestar, las preocupaciones económicas marcan la diferencia entre manifestaciones callejeras dispersas y protestas masivas. En las últimas semanas, Venezuela ha sido testigo de las protestas masivas jamás vistas hace una década, desde los primeros años con Chávez. Entonces, la polarización y los esfuerzos de Chávez por reformar el sistema político ayudaron a dividir la nación. Hoy en día, las preocupaciones económicas, el temor a la inflación y la percepción de que la economía empeorará en los próximos meses explican el apoyo a las protestas.

La oposición está ciertamente ilusionada en que el descontento contra el gobierno terminará jugando a su favor. Pero los venezolanos protestan contra el gobierno, no a favor de la oposición. Por lo tanto, el gobierno hace poco por presentar su caso al culpar a la oposición y establecer paralelismos entre las protestas de hoy y la polarización política antes del fallido golpe militar de 2002. En esta ocasión, los venezolanos están protestando porque la situación económica hace que sea difícil para ellos llegar a fin de mes. A menos que el gobierno se centre en reparar la economía, en lugar de culpar a la oposición, las protestas serán más grandes y pondrán en peligro la estabilidad del gobierno de Maduro.

@patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 18 de febrero de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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