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La vulnerable clase media de América Latina
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
3 de abril de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) La adopción de políticas anti cíclicas durante los buenos años ayudaría a los gobiernos a prepararse para los años malos. Ahorrar para un día de lluvia sería la cosa más sabia para hacer cuando la economía mundial está creciendo. Sin embargo, dado los altos niveles de desigualdad y pobreza generalizada en muchos países de América Latina, convencer a los votantes que siempre han estado bajo la lluvia para ahorrar para un día lluvioso es una cosa difícil de hacer.
 
 

(Buenos Aires Herald) Como se espera que América Latina crezca un escaso tres por ciento en 2014, las altas expectativas que millones de personas en la región tienen por consolidar su flamante estatus de clase media no se cumplirá. Después de varios años de fuerte crecimiento económico, América Latina atraviesa tiempos difíciles en el 2014. Debido a que el desajuste entre las altas expectativas y una realidad menos auspiciosa inevitablemente alimenta el descontento, los gobiernos latinoamericanos deben abrocharse el cinturón de seguridad ya que sus países se preparan para entrar en zona de turbulencias.

Los  problemas históricos de América Latina han estado asociados a su alta dependencia del ciclo económico mundial. Como están orientados a la exportación, los países latinoamericanos tienen los mejores resultados del promedio mundial cuando el ciclo es positivo y crece rápido la demanda de materias primas. En los últimos años, la demanda de materias primas, impulsada principalmente por el crecimiento en China, ha beneficiado a toda América Latina. Los términos de intercambio - el precio relativo de las exportaciones en relación a las importaciones - han sido positivos para el subcontinente. Por lo tanto, los problemas de deuda externa, tan comunes en la década de 1980, han desaparecido en tanto que los latinoamericanos  tuvieron superávit comercial durante varios años.

La rápida expansión de la economía les ha permitido a los gobiernos financiar mejor los programas sociales y aumentar las nóminas del sector público. Los gobiernos han asumido compromisos de financiamiento permanente para los programas sociales ampliados que tienen como objetivo combatir la pobreza y reducir la desigualdad. No es de extrañar que el acceso a los abundantes recursos haya ayudado a los gobiernos a permanecer en el poder en muchos países. En Brasil, el Partido de los Trabajadores llegó al poder en 2002 con Lula y seguramente gane su cuarta elección consecutiva a finales de este año. En Argentina, los peronistas, con Néstor y Cristina Kirchner, han gobernado  en el período más largo de democracia ininterrumpida bajo un solo partido en la historia de la nación. Con la excepción de Honduras en 2009 y Paraguay en 2012, los países latinoamericanos han experimentado un período sin precedentes de estabilidad democrática.

Sin embargo, cuando el ciclo económico mundial se vuelve negativo, sufren por la excesiva exposición a los mercados mundiales. A medida que sus exportaciones pierden valor, los términos de intercambio se vuelven menos favorables para América Latina. A menudo, eso lleva a déficits comerciales y obliga a los gobiernos a endeudarse en el exterior para financiar sus desequilibrios comerciales. A pesar de que la depreciación monetaria puede tener efectos positivos como que las exportaciones sean más competitivas, el hecho de que el valor de las importaciones aumenta con la depreciación pone una presión adicional sobre la balanza comercial.

Lo lógico sería que cuando la economía mundial caiga en picada se logre implementar una mayor disciplina fiscal. Sin embargo, los gobiernos a menudo están limitados en la cantidad de gasto que pueden cortar. Aquellos que prometieron pensiones, programas sociales, iniciativas de alivio de la pobreza, transferencias de dinero y otras prestaciones, lo dan por sentado. Por otra parte, cuando la economía se enfría, normalmente el desempleo aumenta y las listas de espera para conseguir los programas sociales e iniciativas de alivio a la pobreza se hacen más largas. Precisamente cuando los gobiernos se encuentran en una posición en la que la reducción del gasto es lo más sensato, las presiones sociales para incrementar el gasto aumentan.

En el pasado, los gobiernos han cedido a la presión popular y han incrementado el gasto, erosionando aún más los desequilibrios fiscales y hundiéndose más profundo en el problema. Los gobiernos juguetean con la política fiscal con la esperanza de que los vientos soplen fuerte para recuperar la economía otra vez, así recuperarán una base fiscal más sólida.

Naturalmente, la adopción de políticas anti cíclicas durante los buenos años ayudaría a los gobiernos a prepararse para los años malos. Ahorrar para un día de lluvia sería la cosa más sabia para hacer cuando la economía mundial está creciendo. Sin embargo, dado los altos niveles de desigualdad y pobreza generalizada en muchos países de América Latina, convencer a los votantes que siempre han estado bajo la lluvia para ahorrar para un día lluvioso es una cosa difícil de hacer. Por lo tanto, la mayoría de los gobiernos terminan siendo incapaces de prepararse para el bajón inevitable que tarde o temprano va a pasar.

En los últimos años, el rápido crecimiento económico ha alimentado grandes expectativas en América Latina. Millones de personas han salido de la pobreza y se han unido a las filas de la clase media. Por supuesto, se trata de una clase media ciertamente vulnerable, pero es lo suficientemente bueno para que la gente tenga una idea de la situación de la clase media y es un impulso de esperanza para millones de personas que quieren salir de la pobreza.

Hoy en día, los vientos de la economía mundial ya no son tan favorables para América Latina. Un puñado de países, como Chile, se preparan moderadamente para los días de lluvia, pero la mayoría de los países están mal preparados. A medida que sus economías se ralentizan y millones de personas  comienzan a darse cuenta de que no se cumplan sus expectativas, el descontento social y político se incrementará. Aquellos que se han unido a las filas de la clase media se resistirán a ser lanzados de nuevo por debajo del nivel de pobreza. Ellos ejercerán presión sobre sus gobiernos nacionales para proporcionarles una red de seguridad, precisamente cuando los gobiernos se verán más limitados a aumentar el gasto social.

El camino por delante no será fácil. Una vez más la vieja historia que América Latina sufre desde una condición pro cíclica permanente y volverá a emerger como una realidad chocante para millones de latinoamericanos.

Patricio Navia es consejero académico de CADAL. Sígalo en Twitter @patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 1 de abril de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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