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Los tropiezos del Presidente Santos
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
14 de mayo de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Muchos colombianos se han cansado de la disputa Santos-Uribe. Como resultado, los candidatos presidenciales alternativos Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador, y el ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, de la Alianza Verde, tienen votos cerca del 10 al 15 por ciento. Asegurando que Zuluaga tiene pocas posibilidades de derrotar a Santos en una segunda vuelta, Ramírez y Peñalosa están tratando de convencer a los colombianos que representan mejores alternativas para desafiar al actual presidente.
 
 

(Buenos Aires Herald) La elección presidencial en Colombia ha resultado ser más competitiva de lo esperado. A pesar del sólido crecimiento económico, el progreso real en la reducción de la pobreza, la creciente inclusión social y económica y el limitado (pero no insignificante) progreso en las conversaciones de paz con las debilitadas guerrillas, el actual presidente Juan Manuel Santos no alcanzará la mayoría absoluta de los votos necesarios para ganar la re-elección del 25 de mayo. En su esfuerzo por construir consensos y distinguirse de la figura polarizante del ex presidente Álvaro Uribe, Santos quiere complacer a todos. Aún así, debido a que no está claro qué candidato de la oposición pasará a la segunda vuelta, la ambigüedad de Santos en la campaña hacia la primera ronda de la votación ayudará para asegurar la victoria en la segunda vuelta el 15 de junio.

Después de cuatro décadas de guerra civil, Colombia estuvo cerca de lograr la paz durante el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010). Líder fuerte y tenaz al que le gustaba concentrar el poder en sus propias manos, Uribe fue capaz de restablecer el crecimiento económico y, con un liderazgo decisivo, arrinconó a la guerrilla izquierdista de las FARC. Aunque hubo repetidas acusaciones de violaciones de derechos humanos cometidas por los militares y los grupos paramilitares de derecha, el gobierno de Uribe colocó la otra mejilla. Para Uribe, la política de seguridad democrática (o la lucha contra la guerrilla a cualquier costo) era una condición necesaria antes que pudiera afianzarse toda regla de democracia en el país.

En 2010, después de que Uribe intentó sin éxito mantenerse en el poder para un tercer mandato presidencial, Santos mostró una habilidad especial para reunir a los líderes de todo el espectro político presentándose como el candidato de Uribe. Al asumir el cargo, Santos siguió administrando una economía estable en Colombia, pero pone más atención en la promoción de la inclusión social y económica. Santos también se apartó de su predecesor en la promoción de las conversaciones de paz con la guerrilla. Para Santos, la legitimación de una paz duradera era más importante que tratar de aniquilar a la guerrilla. Sus políticas a favor de la inclusión se extendieron a los guerrilleros, quienes serían una amenaza menor si se incorporaran a la sociedad en lugar de ser eliminados.

En cuatro años de su mandato, los resultados de las políticas de Santos han sido mixtos. La economía del país ha seguido creciendo y los programas de inclusión mostraron resultados concretos. La pobreza ha bajado y los beneficios del crecimiento económico han llegado a un número cada vez mayor para los colombianos. Sin embargo, ha sido lento el progreso en las conversaciones de paz. En las opiniones  de muchas personas, los esfuerzos de Santos han sido contraproducentes ya que los guerrilleros son más fuertes ahora que hace cuatro años, y parecen estar más interesados en retrasar las conversaciones de paz que en la discusión de los términos de su rendición.

Poco después de asumir el cargo, Santos y Uribe se convirtieron en adversarios. Uribe pasó una buena parte de los últimos cuatro años criticando a su ex ministro. Al acusar a Santos de la mala gestión e incluso de corrupción - y de ser acusado por Santos de terquedad - Uribe se convirtió en la principal figura de la oposición. Como era de esperarse, Uribe montó un esfuerzo por expulsar a Santos de la presidencia. Dado que la Constitución le impide postularse a él mismo, Uribe postuló al poco carismático ex ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga. Después que al nuevo partido creado por Uribe le fue bien en las elecciones legislativas celebradas en abril, Zuluaga tenía un buen punto de partida en la campaña. Sin embargo, su falta de carisma le ha impedido capitalizar el apoyo que Uribe continúa atrayendo de los colombianos. En las últimas semanas, Zuluaga ha mejorado en las encuestas, pero sigue a la zaga de Santos. Con el actual presidente activo en las encuestas con votos de cerca del 35 por ciento, Zuluaga se esfuerza por alcanzar el 20 por ciento.

Muchos colombianos se han cansado de la disputa Santos-Uribe. Como resultado, los candidatos presidenciales alternativos Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador, y el ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, de la Alianza Verde, tienen votos cerca del 10 al 15 por ciento. Asegurando que Zuluaga tiene pocas posibilidades de derrotar a Santos en una segunda vuelta, Ramírez y Peñalosa están tratando de convencer a los colombianos que representan mejores alternativas para desafiar al actual presidente, el 15 de junio.

Aunque las encuestas  resultan difíciles para anticipar la participación en la última vuelta - que ha sido históricamente baja en Colombia - la mayoría de los analistas predicen que Santos llegará a la segunda vuelta y que, independientemente de quien se enfrente en la votación del 15 de junio será re-electo. Debido a que él no sabe el nombre de su oponente, Santos ha intentado fuertemente  ser diferente para cada votante. Si se enfrenta a Zuluaga, la segunda vuelta será un concurso de popularidad entre Santos y Uribe. Si Peñalosa termina segundo, Santos tendrá que atraer a la derecha y a los votantes tradicionales. Si Ramírez termina segundo, Santos tendrá que atender a los moderados y los trabajadores urbanos.

Por lo tanto, Santos deliberadamente se ha mantenido al margen de manifestar opiniones políticas explícitas. Como su presidencia se caracterizó por sus esfuerzos para construir un consenso, muchos colombianos no saben lo que Santos representa realmente. Irónicamente, esa falta de definición sobre cuestiones políticas claves podría llegar a estar su favor en la votación de primera ronda el 25 de mayo que determinará cuál de los tres candidatos presidenciales de la oposición se enfrentará a Santos.
 
Patricio Navia es consejero académico de CADAL. Sígalo en Twitter @patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 6 de mayo de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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