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La reforma educacional de Bachelet
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
21 de mayo de 2014
Patricio Navia
(Infolatam) La propuesta de reforma educacional al sistema básico y secundario presentada por Bachelet busca satisfacer a todos los grupos y evita alienar a los líderes estudiantiles. Pero como la propuesta dista de las expectativas más radicales que quieren una transformación profunda e inmediata del sistema, ya han surgido voces acusando a Bachelet de querer realizar reformas solo cosméticas.
 
 

(Infolatam) El anuncio del primer grupo de proyectos de ley que enviará Bachelet al Congreso para reformar el sistema educacional chileno subraya la tensión que existe entre las ambiciosas promesas de campaña de la ahora presidenta y la compleja realidad de un sistema educacional donde el sector privado mantiene mucho poder e influencia. Además, después de haber puesto el foco en campaña en los mecanismos a través de los cuales aspira a terminar con la desigualdad en el acceso a educación de calidad, Bachelet ahora arriesga quedar atrapada en un debate sobre cómo implementar sus mecanismos en vez de fijar el foco en la meta de conseguir una educación de calidad con igualdad de acceso para todos.

En campaña, Bachelet prometió que su gobierno avanzaría hacia educación universal gratuita en todos los niveles y que se terminaría con el lucro en la educación. Además, la entonces candidata prometió terminar con el sistema actual que permite a colegios particulares que reciben subvención estatal hacer cobros adicionales a los padres. Bachelet también prometió terminar con la selección escolar—los mecanismos que permiten a los colegios privados seleccionar a sus alumnos, rechazando a aquellos que provienen de familias más vulnerables y que tienen más dificultades para aprender.

Aunque Bachelet probablemente hubiera ganado la elección presidencial sin realizar estas promesas—después de todo su popularidad como exitosa ex presidenta contrastaba con la impopularidad del presidente saliente, el derechista Sebastián Piñera—su campaña buscó hacer propias las demandas del movimiento estudiantil que sacudieron al país en 2011.   Además, Bachelet enmarcó estas demandas en una plataforma más ambiciosa de transformaciones que aspiraban a una transformación profunda del modelo económico social de mercado en vigencia desde el retorno de la democracia en 1990.

Una vez asumido su cargo, Bachelet prontamente envió un proyecto de ley al Congreso con una propuesta de reforma tributaria que aspira a recolectar suficiente dinero para financiar la reforma educacional y para otras mejoras en salud y pensiones. La oposición ha advertido sobre el efecto negativo que tendrá la reforma sobre la economía y la clase empresarial se opone fuertemente a un aumento de impuesto a las ganancias de las empresas (de un 20 a un 25%) y al fin de un beneficio tributario conocido como FUT.

Pero ya que la coalición de Bachelet posee una mayoría en el Congreso, no hay dudas sobre la aprobación del alza de impuestos. Igual, se prevé que el Senado introducirá algunas modificaciones a la propuesta que ya fue aprobada por la Cámara de Diputados en forma expedita. Las diferencias respecto a la reforma tributaria son, en todo caso, menores en la coalición de gobierno.

No ocurre lo mismo cuando se trata de la reforma educacional. Hay distintos grupos con distintos objetivos dentro de la coalición de gobierno. Los más radicales quieren terminar con el importante rol que tiene el sector privado hoy en la provisión de educación en todos los niveles. Para ellos, la segregación y la mala calidad de la educación en general responden a la lógica de mercado que opera en la educación y al fin de lucro de muchos establecimientos educacionales. Este grupo, asociado al movimiento estudiantil, presiona para una reforma radical y sin consideraciones hacia la situación actual.

Otro grupo cree en una estrategia más gradual que fortalezca a la educación pública y que así elimine los incentivos que hoy existen para que muchos padres envíen a sus hijos al sistema privado. Para este grupo, mientras la educación pública siga siendo de mala calidad en los niveles primario y secundario, ningún intento por terminar con el lucro en la educación tendrá éxito. Los padres rechazan el lucro, pero prefieren enviar a sus hijos a colegios que lucran porque saben que la educación pública es de mala calidad.

Un tercer grupo aspira a poner el foco en la calidad de la educación. Favoreciendo que haya colegios públicos y privados (con y sin fines de lucro), este grupo cree que el gobierno debiera aspirar a ayudar a todos los colegios a entregar educación de calidad. Ya que muchos colegios privados son religiosos (católicos y protestantes), este grupo también defiende la libertad de enseñanza y la posibilidad de que los padres escojan un modelo educativo para sus hijos.

Las diferencias se acrecientan cuando se discute sobre la educación superior. Algunos quieren terminar con los subsidios a estudiantes que asisten a universidades privadas. Como todas las universidades seleccionan por examen de admisión, otros quieren que la gratuidad sea solo en universidades públicas. No pocos creen que el foco debe ponerse en la educación pre-escolar, básica y secundaria, pese a la presión de los estudiantes universitarios—que son los que más protestan.

La propuesta de reforma educacional al sistema básico y secundario presentada por Bachelet busca satisfacer a todos los grupos y evita alienar a los líderes estudiantiles. Pero como la propuesta dista de las expectativas más radicales que quieren una transformación profunda e inmediata del sistema, ya han surgido voces acusando a Bachelet de querer realizar reformas solo cosméticas.

Como en campaña Bachelet buscó el apoyo de los líderes estudiantiles, la ahora presidenta accidentalmente confirió un estatus de guardianes de la fe a varios de los líderes estudiantiles que ahora ocupan escaños en la Cámara de Diputados Cual ayatolas que velan por el fiel cumplimiento de las promesas de Bachelet, algunos de estos líderes comenzarán a presionar a Bachelet para avanzar menos gradualmente en sus reformas.

A su vez, a medida que se discutan las implicaciones de las reformas que ha propuesto Bachelet, muchos padres que aspiran a tener educación gratuita de calidad demostrarán su preocupación cuando se vean obligados a que sus hijos asistan a las mismas escuelas que niños de familias vulnerables que presentan mayores dificultades para aprender. Como en toda transición hay ganadores y perdedores, la reforma de Bachelet rápidamente generará detractores entre aquellos que esperaban una mejora en la calidad y una baja en el costo de la educación de sus hijos.

El desafío de Bachelet será mantener unida a su coalición y convencer a una opinión pública que quiere cambios—pero que duda de las reformas radicales—que mejoren la calidad de la educación y materialicen la promesa de gratuidad en todos los niveles. La propia Bachelet deberá contener a aquellos que aspiran a reformas más radicales. Su experiencia impulsando una transformación profunda del sistema de transportes de Santiago (Transantiago) en 2007 debiera ser un recordatorio de que, aunque los ayatolas la acusen de traición, las reformas graduales y pragmáticas en políticas publicas siempre son mejores que los intentos de cambio revolucionario.

Fuente: Infolatam (Madrid, España)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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