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La desvanecida influencia de Estados Unidos en América Latina
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
11 de junio de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) La decreciente importancia de las reuniones anuales de la OEA está directamente relacionada con el desvanecido rol desempeñado por parte de los Estados Unidos en América Latina, la nación que históricamente fue la promotora más fuerte de la organización. El nuevo enfoque de Washington en la lucha contra el terrorismo, inevitablemente, alejó a EE.UU. de profundizar los lazos con los países latinoamericanos. Ahora que las guerras en Irak y Afganistán están llegando a su fin, Washington está preocupado por China y Rusia, no con América Latina.
 
 

(Buenos Aires Herald) La Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en Paraguay del 3 al 5 de junio 2014, no generó muchas noticias en América Latina. La decreciente importancia de las reuniones anuales de la OEA está directamente relacionada con el desvanecido rol desempeñado por parte de los Estados Unidos en América Latina, la nación que históricamente fue la promotora más fuerte de la organización. Como la influencia de EE.UU. en la región disminuye, la OEA, inevitablemente, no logra captar la atención - tanto positiva como negativa - que solía tener.

Desde el fin de la Guerra Fría, los países latinoamericanos han experimentado la consolidación de la desigualdad democrática. Con la excepción de Cuba, todos los demás países de la región cuentan con líderes elegidos democráticamente. Aunque algunos presidentes no han podido gobernar manteniendo altos estándares democráticos, las elecciones siguen siendo el único mecanismo para reemplazar a los líderes de la región. Dos décadas después de que el presidente Bill Clinton declaró que la democracia es el único sistema en América Latina, la región ha interiorizado la defensa de la democracia electoral al punto de que Washington ya no tiene que ser un defensor de las elecciones democráticas en la región.

Junto con la consolidación de la democracia electoral, los países latinoamericanos han experimentado con distintos modelos de desarrollo económico. Después de dos décadas en el cual el modelo de mercado fiscalmente responsable del Consenso de Washington dominó las políticas económicas en la región, en los últimos años se han ensayado modelos alternativos. Sin duda, muchos países, como Chile, Brasil, Colombia, México y Perú siguen adoptando políticas del Consenso de Washington. Algunos otros, como Venezuela, han tratado de poner en práctica el crecimiento económico dirigido por el Estado. Algunos otros, como Argentina, Bolivia y Ecuador, han probado un modelo mixto público-privado, que se asemeja al modelo de industrialización por sustitución de importaciones, que prevaleció en los años 1950 y 1960.

El hecho de que el Consenso de Washington ya no sea el único modelo económico dominante en la región demuestra principalmente la influencia decreciente de Washington.

Dos décadas después de que EE.UU. empujó a líderes de la región a crear un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el panorama general de los acuerdos de libre comercio en la región se ve desordenado. EE.UU. tiene tratados de libre comercio con México, América Central, República Dominicana, Colombia, Perú y Chile, pero la fecha límite para la adopción de un ALCA aprobada en 2005 y la iniciativa en sí misma se extinguieron. No hay nuevas negociaciones que estén en marcha entre EE.UU. y los países de América Latina.

Desde el punto de vista de Washington, la agenda para América Latina fue un éxito parcial. La democracia es el único sistema - aunque hay países donde las instituciones democráticas son de bajo rendimiento. Las políticas de mercado no son la norma en todas partes, pero los países que lo han hecho mejor en términos de crecimiento económico siguen adoptando el Consenso de Washington. Los acuerdos de libre comercio tienen lugar en cuatro de los siete países más grandes. De Chile a México por el lado del Pacífico, todos los países menos uno tienen acuerdos de libre comercio con EE.UU.

Sin embargo, a pesar de estos resultados positivos, EE.UU. parece estar desinteresado en continuar consolidando y ampliando su influencia en la región. Desde del 11 de septiembre de 2001, con los ataques terroristas en el territorio de EE.UU., Washington  ha desplazado su atención de América Latina a otros lugares. Después de que el presidente George W. Bush declaró - días antes de los ataques del 9/11 - que México era el país más importante en la agenda de las relaciones exteriores de EE.UU., las prioridades cambiaron. El nuevo enfoque de Washington en la lucha contra el terrorismo, inevitablemente, alejó a EE.UU. de profundizar los lazos con los países latinoamericanos. Ahora que las guerras en Irak y Afganistán están llegando a su fin, Washington está preocupado por China y Rusia, no con América Latina.

Tras más de una década de indiferencia por parte de Washington, los países de América Latina han seguido adelante. Fortalecer los lazos con Washington ya no forma parte de las prioridades de nadie en la región. EE.UU. y América Latina sólo se han distanciado.

Eso tiene costos en ambos lados de la frontera. Motivados por los recientes acontecimientos políticos en Venezuela, EE.UU. no ha podido participar exitosamente con los líderes latinoamericanos para ayudar a defender el orden institucional y los principios democráticos en Venezuela. La diplomacia de EE.UU. tiene poco peso estos días en América Latina.

A su vez, los países de América Latina han perdido la oportunidad de beneficiarse más directamente de la reciente recuperación económica de EE.UU. Precisamente, ahora que el crecimiento económico en China se está desacelerando, los países latinoamericanos parecen haber olvidado que su poderoso vecino del norte ofrece atractivas oportunidades como socio comercial.

En un pasado lejano, la influencia de los EE.UU. en América Latina puede ser demostrada por el papel desempeñado por Washington en las elecciones presidenciales y los debates políticos en la región.

Los candidatos de izquierda, pero de vez en cuando un poco los conservadores también- normalmente podrían actuar en contra del imperialismo de EE.UU. Ahora, China, el comercio mundial y la integración regional son los temas preferidos para los asuntos exteriores de los candidatos presidenciales de América Latina.

EE.UU. está ausente de los debates en materia política. A nadie parece importarle lo que EE.UU. quiere, necesita o representa.

La poca atención que prestó la región a la reciente Asamblea General de la OEA destaca la nueva realidad de las relaciones distantes y desvinculadas entre la nación más poderosa de la Tierra y sus vecinos de América Latina hacia el sur.

Patricio Navia es consejero académico de CADAL. Sígalo en Twitter @patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 10 de junio de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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