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Presidentes imbatibles
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
17 de junio de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Dado que los países de América Latina han sido históricamente presidencialistas, la decisión de permitir la reelección inmediata no estuvo libre de controversia. En los EE.UU., donde el sistema presidencial tiene más control y equilibrio, los titulares no pierden (aunque ha habido históricamente más presidentes con dos períodos que los de un solo mandato). En América Latina, donde el poder presidencial tiene menos limitaciones institucionales y hay menos y más débiles procedimientos de control y equilibrio, los presidentes tradicionalmente son más difíciles de derrotar.
 
 

(Buenos Aires Herald) La victoriosa reelección de Juan Manuel Santos en Colombia confirmó una tendencia dominante en la política de América Latina en la cual los presidentes en el cargo siempre ganan cuando se postulan a la reelección. Las ventajas institucionales que gozan los titulares del Poder Ejecutivo hace que sea una batalla cuesta arriba para los aspirantes opositores. La victoria de Santos trae buenas noticias para los presidentes en el cargo, Dilma Rousseff y Evo Morales, quienes buscarán la reelección en Brasil y Bolivia, respectivamente, a finales de este año.

Desde que la reelección presidencial inmediata se introdujo en Argentina a mediados de la década de 1990, sólo un presidente en ejercicio ha perdido una reelección. En 2004, el presidente Hipólito Mejía de República Dominicana (2000-2004) fue derrotado por el ex presidente Leonel Fernández (1996-2000). En todas las demás ocasiones, el presidente ha prevalecido.

Tener presidentes que permanezcan en el poder por más de un período tiene consecuencias positivas y negativas. Entre los aspectos positivos, la continuidad en las políticas económicas y sociales ha permitido a muchos países lograr avances significativos en la reducción de la pobreza y el desarrollo económico. Los líderes de Brasil, Fernando Henrique Cardoso (1994-2002), Luiz Inácio Lula da Silva (2002-2010) presidieron los mejores 16 años, en términos de la consolidación democrática y crecimiento económico, en la historia de Brasil. Según Rafael Correa - en el poder desde 2007 - Ecuador ha disfrutado de la mayor estabilidad política de los últimos 100 años. En Bolivia, Morales ya tiene el récord de la presidencia más larga - democrática o no - en la historia de la nación. En Argentina, cuando se retire el próximo año, Cristina Fernández de Kirchner será el segundo presidente democráticamente elegido en haber completado dos mandatos consecutivos en el cargo.

Finalmente, en Colombia, con su victoria, Juan Manuel Santos será el segundo presidente consecutivo con dos mandatos. En Venezuela, Hugo Chávez (1998-2013) ya era el presidente elegido democráticamente que más había permanecido en el cargo cuando murió. La reducción de la rotación en la silla presidencial ha sido, sin duda, una consecuencia positiva de la reforma institucional que ha permitido la reelección inmediata en varios países de América Latina.

Las provisiones de la reelección también han tenido consecuencias negativas. La política se ha convertido aún más personalizada. Podría ser el caso de que el ascenso de la política personalista es el resultado - no la causa - de un sistema de partidos débil. La gente vota cada vez más por el individuo en lugar de las plataformas partidarias. Como los líderes se han mantenido en el poder por más tiempo, los partidos han encontrado que es más difícil institucionalizarse y recuperar su equilibrio como las principales instituciones para canalizar la representación popular. También, como los presidentes han permanecido en el poder por más tiempo, el poder se ha concentrado más. Es cierto que esto no ha sido así en todas partes. Los presidentes de Brasil no se han vuelto más poderosos, como en Venezuela o Ecuador. Sin embargo, debido a que han aumentado en los momentos de debilidad institucional en varios países, los presidentes que sirven por un período largo pueden reemplazar más fácilmente las instituciones débiles y desacreditadas con aliados personales o políticos o concentrar el poder en sus propias manos con los cambios institucionales (que a menudo incluyen nuevas constituciones). Los casos de Chávez (1998-2013) en Venezuela y Daniel Ortega (en el poder desde 2006) en Nicaragua representan los ejemplos más dramáticos de que la concentración del poder ha debilitado aún más sus instituciones democráticas ya debilitadas.

En Colombia, la reforma constitucional que permitió la reelección presidencial inmediata fue, como en varios otros países, una reforma  hecha a la medida para favorecer al entonces presidente Álvaro Uribe (2002-2010). Como Uribe no pudo asegurar una nueva reforma que le permitiera presentarse a un tercer mandato, la institución que deja en su lugar ha permitido que su predecesor - un ex aliado que se volvió su principal rival político - se beneficie y obtenga un segundo mandato en el cargo. Algo similar ocurrió en Brasil, donde la reforma constitucional que le permitió a Cardoso postularse para la reelección en 1998 le permitió a Lula postularse a un segundo mandato en 2006 y pronto permitirá a Rousseff (del mismo partido que Lula) buscar su propio segundo mandato. En otros países, la reforma se ha aplicado sólo a un presidente - como en Ecuador o Bolivia – o a los presidentes de la misma coalición - como en Venezuela. Por lo tanto, en esos países, las consecuencias a largo plazo en términos de alternancia en el poder están por verse.

Dado que los países de América Latina han sido históricamente presidencialistas, la decisión de permitir la reelección inmediata no estuvo libre de controversia. En los EE.UU., donde el sistema presidencial tiene más control y equilibrio, los titulares no pierden (aunque ha habido históricamente más presidentes con dos períodos que los de un solo mandato). En América Latina, donde el poder presidencial tiene menos limitaciones institucionales y hay menos y más débiles procedimientos de control y equilibrio, los presidentes tradicionalmente son más difíciles de derrotar.

En 2004, el presidente dominicano, Hipólito Mejía perdió su intento de reelección en medio de un escándalo bancario y financiero. Antes de eso, sólo un presidente había fracasado en su intento de reelección en los últimos tiempos. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, perdió las elecciones en 1990, pero ese concurso fue la primera elección verdaderamente democrática en ese país, ya que Ortega llegó al poder en la Revolución de Nicaragua en el 1979. Las elecciones de 1984, cuando Ortega ganó la reelección, se llevaron a cabo durante la guerra y el contra-revolucionario no era competitivo.

Con su reelección, Santos confirma la ventaja electoral que gozan los presidentes en funciones en América Latina. En los próximos meses, Morales y Rousseff también se postularán para la reelección. Si la historia tiene algún poder predictivo, es probable que ganen la reelección y se consolide aún más la ventaja que existe en las elecciones presidenciales en América Latina.

Patricio Navia es consejero académico de CADAL. Sígalo en Twitter @patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 17 de junio de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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