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Dilma y la Selección de fútbol
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
3 de julio de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Comprensiblemente, el fútbol ha relegado la política a una posición mucho más baja en las prioridades de la gente. Muchos dudan que la selección nacional tenga todo lo necesario para ganar la Copa del Mundo, pero como el equipo más exitoso en la historia de los mundiales, Brasil es el favorito para ganar el torneo. Del mismo modo, Rousseff parece ser vulnerable antes de octubre, pero sigue siendo la favorita para ganar.
 
 

(Buenos Aires Herald) Como anfitrión de la Copa del mundo 2014 y a pesar de haber jugado mal, Brasil tiene una muy buena oportunidad de ganar el torneo y convertirse en campeón. De forma similar, la actual Presidente Dilma Rousseff parece alineada para ganar la reelección en octubre, a pesar de haber dirigido un gobierno poco excepcional durante los últimos cuatro años.

Cuando ella fue seleccionada como la candidata presidencial del gobernante Partido de los Trabajadores en 2010, Rousseff se vio beneficiada por la alta tasa de aprobación del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011). Después de presidir un período de rápido crecimiento económico y reducción de la pobreza, Lula colocó a Brasil de nuevo en el mapa del mundo. Por atraer a los inversionistas extranjeros y ampliar las oportunidades económicas para los sectores tradicionalmente excluidos, Lula llegó a ser popular en el país y en el extranjero. Como un líder izquierdista cuya historia lo hizo un campeón de los pobres, Lula también intentó apaciguar a los agentes económicos mediante la introducción de reformas favorables al mercado. Debido a que Lula también apoyó activamente la campaña a su favor, Dilma ganó fácil en las elecciones, asegurando el 47 por ciento en la primera ronda y 56 por ciento en la segunda vuelta. El hecho de que la participación era relativamente alta, con un 80 por ciento de los brasileños que eligieron ir a votar, le dio a Dilma un mandato claro para llevar a cabo sus reformas previstas.

Después de asumir el cargo el 1º de enero de 2011, Dilma buscó distinguirse a sí misma de su predecesor por medio de la lucha contra la corrupción, que impide el crecimiento económico y se considera como causa y como evidencia de la desigualdad y la exclusión. La corrupción política se convirtió en una de las principales causas para la Presidente. Ella cambió su gabinete un par de veces como consecuencia de los escándalos de corrupción. Aunque los brasileños aceptaron sus esfuerzos, fueron críticos por otro lado con la primera mujer presidente. Unos pocos meses en el cargo, la tasa de aprobación de Dilma cayó por debajo del 50 por ciento — su lucha contra la corrupción ayudó a traerla de vuelta a más del 50 por ciento al final de su primer año.

El lento crecimiento económico en 2011 y 2012 (2.7 por ciento y 1 por ciento respectivamente) hizo que muchos brasileños sintieran nostalgia por el periodo de gobierno de Lula— cuando la economía creció un promedio de 4.7 por ciento entre 2006 y 2010. La inflación también aumentó de un promedio de cuatro años de 4.8 por ciento en el segundo mandato de Lula a 6,6 por ciento en el primer año de Dilma. Aunque el desempleo era sólo el seis por ciento en 2011 — abajo del 6,7 por ciento y 8,1 por ciento en los dos años anteriores — el aumento de los precios redujo el poder adquisitivo de los aspirantes a clase media.

Los preparativos para la Copa Mundial de Fútbol de este año y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016 pasaron de ser una bendición a una maldición. Inicialmente, visto como una oportunidad para mostrar su nuevo estatus económico, los torneos se han convertido en símbolos de todo lo que estaba mal en Brasil. Masivas protestas en 2013 pusieron el foco en lo que muchos consideran como las prioridades mal concebidas por el gobierno. El gasto en los estadios más que en la vivienda y poner el foco en mejorar la infraestructura en lugar de las escuelas, llevó a millones de brasileños de clase media a salir a las calles a protestar contra el gobierno. En lugar de utilizar las movilizaciones masivas como una oportunidad para intensificar su lucha contra la corrupción política y conseguir apoyo para sus programas sociales, la respuesta inicial de Dilma la mostró como una líder confundida y reactiva. Sus índices de aprobación cayeron otra vez y muchos, incluso dentro de su partido, empezaron a tener dudas sobre si merecía un segundo mandato como Presidente.

Las protestas continuaron, aunque con menos intensidad, hasta el partido inaugural de la Copa del Mundo. Comprensiblemente, el fútbol ha relegado la política a una posición mucho más baja en las prioridades de la gente. Como el equipo más exitoso en la historia de la Copa del Mundo, Brasil es el favorito para ganar el torneo. Sin embargo, como el equipo luchó para clasificar en su grupo y apenas sobrevivió a la primera ronda de los octavos de final, derrotando a Chile sólo en los penales, muchos dudan que el equipo nacional tenga todo lo necesario para ganar la Copa del Mundo. Aún así, con algunos de los mejores jugadores del planeta, Brasil sigue estando entre los favoritos para ganar el torneo. El equipo no ha jugado bien, pero el Campeonato todavía está al alcance.

Del mismo modo, Rousseff parece ser vulnerable antes de octubre. Su popularidad es inferior a cuando Lula ganó la reelección en 2006, pero mientras estaba recuperándose de un punto bajo, la popularidad de Dilma está pendiendo de un hilo. Además, mientras que Lula era un maestro activista y un líder carismático, la Presidente parece estar incómoda en la campaña electoral. Sus oponentes están ganando terreno, aunque el voto anti-Dilma inevitablemente se dividirá entre Aécio Neves de la centro-derecha del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) y Eduardo Campos del izquierdista Partido Socialista Brasileño (PSB). Como ella probablemente va a terminar por delante de sus dos rivales en la primera ronda, Dilma  necesitará atraer a una fracción de quienes votarán por el candidato que termina en tercer lugar para garantizar su reelección.

A pesar de su estilo tibio y una campaña poco imaginativa, Dilma sigue siendo la favorita para ganar. Es por ello que si la poco convincente selección brasileña de fútbol pasa a ganar la Copa del mundo el 13 de julio, Dilma va a querer creer que la elección presidencial será una repetición de la Copa del mundo.

Patricio Navia es consejero académico de CADAL. Sígalo en Twitter @patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 1º de julio de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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