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Dilma Rousseff, dura de matar
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
24 de octubre de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Días antes de la segunda vuelta, la competencia sigue siendo muy fuerte. Los eventos de última hora podrían terminar inclinando las elecciones en cualquier dirección. Neves tiene una verdadera oportunidad de derrotar a Rousseff, pero el hecho de que el aspirante no ha estado claramente por delante de Dilma, y que la competencia sigue siendo tan estrecha, es una clara indicación de que, a pesar de ser vulnerable, Rousseff todavía tiene la ventaja en lo que probablemente será la más estrecha elección presidencial de Brasil desde que se restableció la democracia.
 
 

(Buenos Aires Herald) A pesar de su evidente debilidad como candidata y debido a sus mediocres cuatro años en el poder, la Presidente de Brasil Dilma Rousseff tiene una buena oportunidad de volver a ganar las elecciones el 26 de octubre. Por contar con el apoyo del poderoso Partido de los Trabajadores (PT) y porque los candidatos en funciones pueden hacer uso de los subsidios gubernamentales y programas de mitigación de la pobreza para reforzar su apoyo electoral, será difícil de vencer. El candidato de la oposición de centro-derecha, el gobernador Aécio Neves, todavía puede,hacer que Dilma sea la primera presidente en perder la reelección en la historia de Brasil. Sin embargo, con las encuestas dando un cabeza a cabeza y estando Neves incapacitado de transformar la baja aprobación presidencial de Dilma en apoyo para su candidatura presidencial, es más probable que la estrecha carrera termine en favor de Dilma.

En 2010, el saliente presidente Luiz Inácio Lula da Silva promovió a Dilma Rousseff como la candidata presidencial del PT. Como él era extremadamente popular y ella era desconocida, Dilma se vio beneficiada grandemente por su aval. El hecho de que Rousseff carecía del carisma de Lula creó un inconveniente para muchos votantes, aunque confiaban en el Presidente saliente. Con Lula de su lado, ayudó a muchos votantes a decidirse y optar por mantener el PT en el poder.

Basándose en su reputación como una burócrata capaz, Dilma hizo campaña sobre la base de consolidar y profundizar las reformas que Lula implementó durante sus ocho años en el poder. A pesar de las favorables condiciones económicas de Brasil en ese tiempo y la popularidad de Lula, Rousseff todavía no pudo ganar con la mayoría absoluta en la primera ronda de votación en 2010. Habiendo recibido el 47 por ciento de los votos, se vio obligada a una segunda vuelta con el candidato del centro-derecha Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), José Serra. En la segunda vuelta Rousseff ganó, en parte, debido a que muchos votantes que habían apoyado a la candidata pro medio ambiente Marina Silva en la primera ronda terminaron apoyándola.

Cuatro años más tarde, Rousseff se postula en base a su historial como Presidente. Ese historial tiene algunas fortalezas y muchas debilidades. Hizo algunos progresos desde el principio con la lucha contra la corrupción, pero a medio camino de su mandato, la Presidente terminó aceptando el clientelismo político de la coalición de centro izquierda con la cual la presidente del PT debía trabajar para poder hacer que su legislación sea aprobada en el Congreso. Aunque ha profundizado y ampliado algunos de los programas sociales promulgados por Lula, su falta de carisma implicó que muchos brasileños no lograron asociar esos programas de subsidios con el gobierno de Rousseff. Por lo tanto, aunque la financiación para los programas sociales ha aumentado, Dilma no fue capaz de construir un apoyo tan fuerte como el de Lula durante su primer mandato (2002-2006).

Los logros del Presidente se han visto ensombrecidos por una economía desacelerada. La frustración con un crecimiento económico mediocre y una creación de empleos insuficientes generó que la aprobación a Rousseff fuera de alrededor del 30 por ciento en 2012. El descontento con el gobierno se vio agravado por la percepción de que los preparativos para la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro fueron tomando recursos que deberían ser utilizados para la vivienda pública, educación, transporte y una mejor infraestructura. Ante las protestas callejeras en 2013 empeoró la situación de Rousseff y las protestas pronto se convirtieron en una acusación al gobierno.

Cuando la competencia por las elecciones de 2014 se puso en marcha a principios de año, los dos principales candidatos de oposición, Aécio Neves del PSDB y Eduardo Campos, del Partido Socialista (PSB), presentaron sus plataformas de campaña como alternativas a los 12 años de gobierno del PT. A su vez, consciente de su falta de carisma y sus pobres índices de aprobación, Rousseff siguió con las políticas implementadas primero por Lula en su campaña con las cuales intentó socavar a sus rivales, diciendo que representaban la derecha que, en el pasado, no pudo ayudar a los pobres (Neves y el PSDB) y un populista de izquierda que prometió cosas que no podrían entregar (Campos y el PSB). Después de la muerte de Campos, Rousseff lanzó una campaña feroz de ataque contra la sucesora de Campos, Silva. Aunque la ecologista se levantó rápidamente en las encuestas, la campaña negativa de Rousseff terminó haciendo un daño real a la recién llegada y se mantuvo fuera de la segunda vuelta.

En las semanas transcurridas desde la primera ronda de votación, Dilma nuevamente ha lanzado una campaña similar en contra de Neves. El aspirante ha respondido en especie, con acusaciones de corrupción y nepotismo. En las últimas semanas de campaña se han visto más dedos acusando que discusiones acerca de programas gubernamentales específicos. Afortunadamente para Rousseff, la campaña negativa ha transformado la competencia en una elección del menor de dos males. En una contienda tan poco atractiva, la Presidente tiene una ventaja. Con el fin de desbancar al titular del Ejecutivo, un rival tiene que atraer el entusiasmo de la mayoría de los votantes. Cuando la campaña se vuelve negativa, ya que los candidatos se enfrentan con acusaciones y ponen en relieve las debilidades de sus oponentes, los electores terminan ignorando los atributos personales.

Días antes de la segunda vuelta, la competencia sigue siendo muy fuerte. Los eventos de última hora podrían terminar inclinando las elecciones en cualquier dirección. Neves tiene una verdadera oportunidad de derrotar a Rousseff, pero el hecho de que el aspirante no ha estado claramente por delante de Dilma, y que la competencia sigue siendo tan estrecha, es una clara indicación de que, a pesar de ser vulnerable, Rousseff todavía tiene la ventaja en lo que probablemente será la más estrecha elección presidencial de Brasil desde que se restableció la democracia.

Este artículo fue originalmente publicado en The Buenos Aires Herald, el 21 de octubre de 2014.
Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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