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Dilma: una victoria, no un mandato
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
5 de noviembre de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Atrapada entre la espada y la pared, Dilma debe cumplir sus promesas a los votantes de bajos ingresos y, al mismo tiempo, mostrar que es capaz de tomar algunas decisiones difíciles que pueden poner a la economía en el camino de un crecimiento sostenido.
 
 

(Buenos Aires Herald) La victoria de la reelección de Dilma Rousseff la convertirá en el tercer presidente brasileño consecutivo en gobernar por dos períodos. El Partido de los trabajadores (PT) completará así 16 años consecutivos en el control de la Presidencia. Sin embargo, debido a que hay más preguntas que certezas sobre lo que viene próximamente en Brasil, Dilma necesita pasar su periodo de luna de miel creando un patrón para los próximos cuatro años del país.

A diferencia de su antecesor Lula (2002-2010) Dilma no construyó una plataforma coherente en sus primeros cuatro años en el cargo. Ella amplió muchos de los programas de Lula pero no ganó con sus propias reformas. Al poco tiempo de haber ganado su primer mandato, Dilma intentó una lucha contra la corrupción, pero la realidad del sistema multipartidista de Brasil la obligó a hacer concesiones a los socios de la coalición propensa a los chanchullos. Cuando los manifestantes callejeros sacudieron el país denunciando el gasto cuantioso en proyectos de infraestructura en preparación para la Copa del mundo 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, la plataforma anticorrupción de Dilma quedó completamente abandonada.

El legado económico de Dilma en su primer mandato no fue estelar. Bajo su supervisión, se estancó la economía brasileña. Aunque el gobierno continuó su gasto social agresivo para ayudar a los quintiles de ingreso más bajo, la insuficiente creación de empleos impidió a millones a entrar en las filas de la clase media. Millones de personas que habían dejado la pobreza vieron su futuro amenazado por los salarios estancados y el aumento de los precios. De hecho, en gran parte, las dificultades de Dilma en asegurar la reelección se debió al descontento de la clase media baja y media. La presidente tuvo fuerte apoyo en las zonas más pobres del país — entre los beneficiarios de subsidios del gobierno- pero en otros lugares, Dilma recibió menos votos que su rival, el carismático político de centro-derecha Aécio Neves. Debido a que su ventaja entre los pobres era sólidamente superior a la ventaja de Neves entre los votantes de clase media, Dilma ganó la reelección. Sin embargo, ganó porque los pobres creían que los subsidios que han recibido desde que Lula llevó el PT al poder en 2002 estarían amenazados si el PT perdía el poder, no porque ellos confiaran en Dilma. Los pobres no votaron por Dilma, votaron por la continuidad de las subvenciones. Dilma fue la opción que, ante los ojos de los pobres — y en el mensaje de la campaña del PT — garantizaría mejor la extensión de los subsidios.

Ya que su victoria fue tan estrecha, mucha gente anticipa que su segundo mandato estará caracterizado por un estancamiento y un gobierno ineficaz. La coalición del gobierno de Dilma tiene 53 de los 81 escaños en el Senado y 304 de los 513 escaños en la Cámara de Diputados. Sin embargo, el PT sólo tiene 12 escaños en el Senado y 70 asientos en la Cámara de Diputados. Los demás asientos en la coalición de Dilma son sostenidos por partidos aliados que son ideológicamente diversos y tienen diferentes prioridades políticas al PT. A menos que Dilma pueda convertirse en una líder con una visión y un plan para restaurar el crecimiento económico, la creación de empleo y liderazgo presidencial, habrá tiempos difíciles que afrontar en Brasil.

Ahora que ha ganado, Dilma tiene que armar un nuevo gabinete que refleje el nuevo equilibrio de poder dentro de su coalición y responda a las críticas formuladas por los aliados de Dilma sobre sus prioridades de política y estilo de liderazgo. Al mismo tiempo, Dilma tiene que enviar una señal clara a los agentes económicos en Brasil — y en el extranjero — que está en control y que tiene un plan para impulsar la economía y hacer de Brasil un país atractivo para los inversores extranjeros que están cada vez más preocupados por la fortaleza de las economías emergentes. Debido a las promesas de campaña diseñadas para atraer el apoyo de los pobres, Dilma se ha comprometido a profundizar y ampliar los programas sociales. No irá bien con los agentes económicos que quieren más responsabilidad fiscal antes de que empiecen a volver a invertir y crear puestos de trabajo. Atrapada entre la espada y la pared, Dilma debe cumplir sus promesas a los votantes de bajos ingresos y, al mismo tiempo, mostrar que es capaz de tomar algunas decisiones difíciles que pueden poner a la economía en el camino de un crecimiento sostenido.

Quizás el mayor problema para Dilma es que mucha gente duda de que sea capaz de idear un plan en las próximas semanas. En cambio, muchos observadores esperan que ella rija durante su segundo mandato de una manera similar como lo hizo durante su primer mandato, en el cual intentará mantener los programas que han funcionado bien y se abstenga de tomar reformas favorables al crecimiento. De esa manera, Dilma evitará alienar a sus partidarios. Desafortunadamente para ella, esa estrategia también logrará ganar sus nuevos partidarios. Al final, su segundo mandato será tan decepcionante como su primer mandato. Después de todo, aunque Dilma ganó las elecciones, no ganó un mandato, es poco probable que la Presidente de Brasil elija emprender reformas políticas audaces en un esfuerzo para impulsar la economía y despertar de la siesta en la que el país ha caído desde que Dilma llegó al gobierno de Brasil.

Este artículo fue originalmente publicado en The Buenos Aires Herald el 4 de noviembre de 2014.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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