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Fronteras perpetuas
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
27 de noviembre de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Una solución que haría conceder el acceso soberano de Bolivia al Océano Pacífico sin duda haría que los presidentes de ambos países fueran candidatos fuertes para un premio Nobel de la Paz. Sin embargo, una solución mutuamente aceptable que le permita a Chile renunciar a la soberanía lo menos posible y le dé a Bolivia un control lo suficientemente fuerte como para decir que recobró la soberanía podría impulsar el crecimiento económico en ambos países y traería enormes beneficios a las personas en las zonas incluidas en la negociación.
 
 

(Buenos Aires Herald) Uno de los más complicados conflictos diplomáticos en América Latina sigue siendo la larga reclamación de Bolivia contra Chile por el acceso soberano al océano Pacífico. Como Chile y Bolivia permanecen en su posición de exigirle al otro que acepte sus propias interpretaciones de la historia y los hechos, hay pocas esperanzas de que la cuestión se resuelva pronto. Eso es lamentable. Si Chile y Bolivia elaboraran un acuerdo mutuamente aceptable aunque sea difícil, ambos países se beneficiarían enormemente y ese paso sería ofrecer al mundo una admirable lección de cómo dejar el pasado atrás y construir un futuro mejor.

A principios de noviembre, respondiendo a un reclamo realizado por el presidente boliviano Evo Morales que su país es "temporalmente privado" del acceso al mar, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Heraldo Muñoz, afirmó que las fronteras existentes entre los dos países se establecieron a perpetuidad gracias a un tratado de 1904. Debido a que cortó el acceso de Bolivia al océano Pacífico en una guerra en 1879, Chile ha rechazado las demandas de La Paz para poner fin a su situación de no tener salida al mar. Según el punto de vista de Chile, en el Tratado se estableció el tema para el bien de todos. Y según la opinión de Bolivia, nada se decidirá hasta que recupere lo que una vez supo tener.

En 2013, Bolivia llevó su caso ante la Corte Internacional de la Haya. Poco después, Chile desafió a la autoridad de la corte que dictamina sobre cuestiones establecidas por tratados bilaterales legalmente sancionados. La Corte tiene programado dictar sentencia a principios del próximo año. Independientemente del resultado, ni Bolivia ni Chile se inclinaránfácilmente a cambiar sus posiciones intransigentes.

Las relaciones entre Chile y Bolivia han sido distantes durante la mayor parte del siglo XX. En 1975, el dictador chileno Augusto Pinochet le ofreció al dictador boliviano Hugo Bánzer una franja de tierra en el territorio del norte de Chile, junto a la frontera con Perú. Debido a que los tratados vigentes requieren aquiescencia del Perú a cualquier acuerdo entre Bolivia y Chile, la oferta fracasó cuando Perú hizo una contraoferta, una solución que obligaba a Chile a abandonar su ciudad del norte de Arica, para ser convertida en un puerto internacional de gestión simultánea por los tres países. Cuando Chile rechazó la nueva oferta, el dictador boliviano rompió sus relaciones diplomáticas con Chile en 1978.

El Tratado de 1904 le da a Bolivia un acceso cuasi-soberano al océano. Bolivia puede usar puertos chilenos sin pagar aranceles y puede transportar libremente mercancías a través de territorio chileno. Sin embargo, muchos bolivianos creen que la condición subdesarrollada de su país puede atribuirse directamente a su falta de salida al mar.

Avanzando

En los últimos años, todos los presidentes de Chile han declarado su intención de avanzar con la integración bilateral con Bolivia, si La Paz abandona su reclamo.

A su vez, Bolivia exige que Chile ceda. Desde que el presidente Morales entró al gobierno en 2006, ha tratado con tres diferentes gobernantes en Chile. Morales fue juramentado poco antes de que la Presidenta chilena Michelle Bachelet (2006-2010) llegara al poder y había grandes expectativas de que los dos líderes de izquierda podrían encontrar una solución mutuamente aceptable. Lamentablemente, las esperanzas pronto dieron paso a las frustraciones habituales en ambos lados de la frontera. Cuando asumió el Presidente de Chile Sebastián Piñera (2010-2014), otra vez se generó optimismo de que se podrían lograr avances. Ese optimismo desapareció rápidamente, una vez más. A principios de 2014, cuando Bachelet fue elegida para un segundo mandato, Bolivia ya había llevado su caso a La Haya y, por lo tanto, había pocas esperanzas sobre las negociaciones bilaterales.

El problema radica en la postura inflexible sostenida por ambos países. Chile ofrece una negociación sobre todos los temas de integración, excepto el acceso soberano a la frontera. Bolivia exige que, antes de cualquier negociación, se reconozca su reclamo. Una posición más razonable sería que Chile aceptara el resultado de las negociaciones que podría conceder el acceso soberano de Bolivia y que Boliviarenunciara a esta demanda como condición para las negociaciones. Eso crearía espacio para una solución mutuamente aceptable. Como la región del norte de Chile carece de agua y energía (para sus minas de cobre) y Bolivia tiene abundantes reservas de agua y gas, hay espacio para una solución mutuamente beneficiosa.

Los asuntos obviamente son complicados por el hecho de que Perú tiene que aceptar cualquier solución que implique al territorio que Chile le quitó a Perú en la guerra de 1879. Sin embargo, si los gobiernos democráticos de Bolivia y Chile  alcanzaran una solución a este complejo problema, sería difícil para Perú no estar de acuerdo.

Una solución que haría conceder el acceso soberano de Bolivia al Océano Pacífico sin duda haría que los presidentes de ambos países fueran candidatos fuertes para un premio Nobel de la Paz. Sin embargo, una solución mutuamente aceptable que le permita a Chile renunciar a la soberanía lo menos posible y le dé a Bolivia un control lo suficientemente fuerte como para decir que recobró la soberanía podría impulsar el crecimiento económico en ambos países y traería enormes beneficios a las personas en las zonas incluidas en la negociación.

Sin embargo, para que eso ocurra, Chile tendría que renunciar a su demanda de que las fronteras son perpetuas y Bolivia tendría que renunciar a su afirmación de que las fronteras no son perpetuas.
 
Este artículo fue originalmente publicado en The Buenos Aires Herald el 18 de noviembre de 2014.
Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.
Fuente: The Buenos Aires Herald (Buenos Aires, Argentina)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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