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La sociedad es la aliada de Peña Nieto
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
5 de diciembre de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) En la medida que la presión siga creciendo, Peña Nieto tendrá que tomar una acción decisiva para evitar ser ahogado en una crisis sin fin. Como el gobierno carece de credibilidad y las instituciones formales son sospechadas de ser utilizadas por el establishment político para promover sus propios objetivos, Peña Nieto tiene que buscar otros aliados para superar la crisis.
 
 

(Buenos Aires Herald) La crisis política provocada por la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero ha puesto al gobierno del presidente mexicano Enrique Peña Nieto entre la espada y la pared. Aunque la violencia, la impunidad y la corrupción implicados en el aparente crimen y el posterior encubrimiento han puesto en relieve las deficiencias de la democracia mexicana, la expresión del descontento público también apunta a una sociedad civil más fuerte y escuchada. Para que Peña Nieto vuelva a recuperar la confianza de la gente, necesitará seguir adelante con las reformas que fortalezcan las instituciones democráticas y asignan un mayor protagonismo a la sociedad civil organizada. Si tiene éxito, puede ser un presidente verdaderamente transformador.

Los hechos de la causa penal son confusos y difíciles de creer. Cuarenta y tres estudiantes de la Universidad de Ayotzinapa cerca de Iguala en el estado de Guerrero se dirigían a un mitin político. Fueron detenidos por la policía local y, supuestamente, entregados a un grupo paramilitar local que supuestamente mató e hizo desaparecer sus restos.

Se cree que el grupo paramilitar local actuó bajo las órdenes del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca, un miembro del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD). A pesar de haber huido con su esposa, Abarca  ha sido capturado y está bajo la custodia del gobierno federal. El escándalo ha obligado a la renuncia del gobernador de Guerrero Angel Aguirre. Los manifestantes también pidieron la dimisión de otros funcionarios, incluyendo la del mismo Peña Nieto.

Desde que declaró una guerra contra las drogas, el ex presidente Felipe Calderón (2006-2012) gobernó a un país cada vez más violento. Las drogas y otras muertes relacionadas con la delincuencia ascendieron a más de 20.000 anualmente bajo Calderón. Aunque el gobierno ha progresado en frenar el tráfico de drogas, la población mexicana percibe que la situación empeoró.

En las elecciones presidenciales de 2012, Peña Nieto ganó con un mensaje que rechazaba la guerra de Calderón contra los cárteles de la droga. Como el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Peña Nieto se benefició de la percepción que el retorno del partido que gobernó el país sin interrupción desde 1928 hasta el 2000 sería restablecer el orden social y político. Sin embargo, debido a que el régimen del PRI también se caracterizó por la corrupción, muchas personas temían que Peña Nieto funcionara simplemente con un acuerdo de paz con los cárteles de la droga.

Al asumir el cargo, Peña Nieto mostró una encomiable capacidad de conseguir reformas a través de un Congreso dividido. Al hacer concesiones para el conservador Partido Acción Nacional (PAN) y el izquierdista PRD, Peña Nieto aprobó una reforma energética ambiciosa y realizó progresos significativos para promulgar una reforma del sistema político. Una concesión clave, acordada presumiblemente bajo la presión del PAN, fue no acordar la creación de una Comisión de la verdad para investigar homicidios relacionados con la droga bajo la administración de Calderón.

Esta decisión terminó fortaleciendo la percepción de impunidad generalizada y podría haber influenciado los cálculos realizados por los responsables de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa en septiembre.

El escándalo ha debilitado a Peña Nieto. Las acusaciones de corrupción y encubrimiento de funcionarios del gobierno se han multiplicado. Incluso la familia del Presidente ha estado implicada en irregularidades. La esposa del Presidente, la actriz de telenovela Angélica Rivera, ha estado involucrada en un escándalo inmobiliario. Una casa de familia fue comprada por Rivera en triangulación con una compañía que ganó considerables contratos discrecionales. La hipoteca de una segunda residencia comprada por Rivera en Miami fue pagada inmediatamente después de que Rivera se casó con Peña Nieto. Debido a que estos escándalos corroen la credibilidad del Presidente y fortalecen la creencia generalizada de que la corrupción política es común, Peña Nieto ha sido llevado a una posición defensiva por la masacre de Iguala y las acusaciones contra su esposa.

En la medida que la presión siga creciendo, Peña Nieto tendrá que tomar una acción decisiva para evitar ser ahogado en una crisis sin fin. Como el gobierno carece de credibilidad y las instituciones formales son sospechadas de ser utilizadas por el establishment político para promover sus propios objetivos, Peña Nieto tiene que buscar otros aliados para superar la crisis.

No hay mejor aliado hoy en México que una sociedad civil emergente y cada vez más fuerte. Las organizaciones sociales se han levantado para defender los derechos humanos y exigir que se haga justicia. Debido a que es muy probable que los alumnos ya estén muertos, las demandas de las organizaciones civiles están evolucionando rápidamente a las demandas de reforma política. Peña Nieto debe tomar el rol de líder y campeón de esas reformas, incluso si eso significa renunciar a parte de su propio poder y darle la espalda a algunos aliados históricos.

Si se atreve a empujar al descontento popular hacia un movimiento a favor de instituciones democráticas fuertes, Peña Nieto perderá el poder en un corto plazo, pero va a construir un legado fuerte y duradero. Si elige soportar la tormenta, el creciente descontento podría terminar haciéndolo inútil para el resto de su mandato de seis años.

No será una decisión fácil. Hay costos y riesgos involucrados con cualquiera de estas opciones. Sin embargo, como la masacre de Iguala da más fuerza a la sociedad civil, el costo de no hacer nada aumenta más rápidamente que los riesgos de una acción audaz reformista y de fortalecimiento institucional.

Este artículo fue originalmente publicado en The Buenos Aires Herald el 2 de diciembre de 2014.
Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.
Fuente: The Buenos Aires Herald (Buenos Aires, Argentina)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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