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Argentina debe tener política de refugiados
Por Sybil Rhodes
27 de diciembre de 2015
Sybil Rhodes
(Bastión Digital) Las potencias occidentales además pueden demostrar una vez más la superioridad moral de los sistemas políticos liberales, que han tenido, comparativamente, una gran capacidad para absorber e integrar inmigrantes, aún los de regiones y tradiciones religiosas menos democráticas. Para países como la Argentina aceptar un modesto número de refugiados sería una forma de bajo costo (aunque no de riesgo cero) de contribuir a la supervivencia del liberalismo internacional y fortalecer su reputación como país abierto, apegado a la ley y solidario.
 
 

(Bastión Digital) Hace varios años que el mundo enfrenta una crisis de refugiados producida por el conflicto en Siria. Al principio los principales países afectados eran Líbano, Turquía y Jordania. La crisis llegó a las tapas de las noticias internacionales en el 2015 con la gran ola de refugiados en Europa. Aunque el clima invernal seguramente reducirá este flujo migratorio en los próximos meses, es probable que sea muy intenso también durante 2016. Las personas están huyendo no solamente del Estado Islámico (EI) sino también de los bombardeos ejecutados por el líder sirio Assad, por Rusia y por otras potencias extranjeras.

¿Cuál debería ser la respuesta a esta gran ola migratoria? Prácticamente la única certeza es que se trata de un problema que requiere cooperación internacional. El derecho humanitario internacional impone obligaciones claras a los 148 países que han firmado y ratificado la Convención de Ginebra sobre Refugiados. Sin embargo, en general no ha sido observada por los estados miembros, lo cual es, lamentablemente, poco sorprendente. Otros estados, incluyendo a varios países árabes, no son miembros de la Convención y por lo tanto no tienen obligación formal de contribuir a la solución. La teoría liberal de las relaciones internacionales sugiere que los países democráticos y prósperos pueden y deben trabajar juntos para observar el derecho internacional. No obstante, hay factores de política interna que complican la capacidad de estos países de coordinar una respuesta humanitaria a la crisis.

Los dilemas internos se observan en las limitaciones del debate público sobre política de refugiados, que en muchos países es de pésima calidad. Ve a la cuestión de los refugiados como un tema de política doméstica con una lógica cortoplacista cuando debería ser política exterior que tome en cuenta el mediano y largo plazo.

Esto se nota claramente en Estados Unidos, donde desde candidatos presidenciales hasta ciudadanos comunes han tomado posición a favor o en contra de recibir refugiados sirios. Los que están a favor enarbolan valores humanitarios y de compasión. Sin embargo, el debate es casi simbólico. El presidente Obama ha propuesto permitir la entrada de alrededor de 10.000 refugiados. Como remedio humanitario para los cientos de miles de víctimas del conflicto en Siria, ayudar a 10,000 sería una gota de agua en el océano. Lograr un cese del fuego (que incluyera EI) sería un objetivo humanitario de mucho más peso.

Los que se oponen argumentan que algunos terroristas podrían entrar como refugiados. Por supuesto que algún terrorista podría disfrazarse de refugiado. Sin embargo, aceptar 10,000 refugiados (que EE.UU. seguramente seleccionaría cuidadosamente) influiría muy poco en el riesgo de ataques terroristas. Nadie tiene una receta para reducir esa probabilidad a cero pero es claro que es esencial resolver algunos problemas políticos y culturales persistentes en medio oriente.

En varios países europeos hay dinámicas políticas parecidas a las estadounidenses, pero con apuestas más altas. Sin embargo, hay que reconocer que Europa está desarrollando un sistema regional para la distribución de refugiados que no tiene precedente en el mundo. En particular se destaca el papel de Alemania. Angela Merkel está jugando su prestigio y el futuro de la cooperación migratoria en la Unión Europea en la política de refugiados.

Desde la creación de la Convención de Ginebra la política de refugiados siempre ha sido una herramienta de política exterior de largo plazo más que política doméstica. Sigue siéndola. Los estados que participan de la cooperación internacional en temas de refugiados se presentan ante el mundo como países que intentan adherirse al derecho internacional. Las potencias occidentales además pueden demostrar una vez más la superioridad moral de los sistemas políticos liberales, que han tenido, comparativamente, una gran capacidad para absorber e integrar inmigrantes, aún los de regiones y tradiciones religiosas menos democráticas.

Para países como la Argentina aceptar un modesto número de refugiados sería una forma de bajo costo (aunque no de riesgo cero) de contribuir a la supervivencia del liberalismo internacional y fortalecer su reputación como país abierto, apegado a la ley y solidario. Sería un gran retroceso para el mundo que las grandes y medianas potencias democráticas dejen que la presente crisis derrumbe el edificio del derecho humanitario más importante de la época de la pos-(segunda) guerra mundial.

Fuente: Bastión Digital (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Sybil Rhodes
Sybil Rhodes
Sybil Rhodes es Directora de la Maestría en Estudios Internacionales (UCEMA) y Vicepresidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL). Tiene un Ph.D. y M.A. en Ciencia Política (Stanford University). Lic. en Estudios Latinoamericanos (University of North Carolina at Chapel Hill). Es especialista en relaciones internacionales y política comparada.
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