18.11.2017
Inicio | Institucional | Artículos | Entrevistas | Libros | Podcast | Publicidad | Videos
  Artículos
En los pasos de Benito
Por Ricardo López Göttig
Twitter: @lopezgottig
6 de abril de 2005
Ricardo López Göttig
 
 

En los decenios del veinte y del treinta, una buena parte de la intelectualidad y de los políticos argentinos se sintieron seducidos por el ejemplo del régimen fascista italiano, impresionados también por el estilo histriónico de Benito Mussolini. A pesar de que en la Gran Guerra de 1914-1918 resultó victoriosa la coalición de naciones democráticas, la balanza ideológica se inclinó por la adhesión cada vez mayor a los experimentos autoritarios del nacionalismo europeo. Este contagio recorrió a conservadores y radicales argentinos, las fuerzas políticas que en aquel entonces disputaban el protagonismo político.

Las críticas de los nacionalistas argentinos apuntaban a todo el orden constitucional liberal vigente, enfocándolas en el sufragio universal, el Poder Legislativo, el individualismo, el capitalismo, el pluralismo religioso y la estrecha relación comercial con el Reino Unido. Un autor influyente como el novelista Manuel Gálvez (nominado en tres oportunidades al Premio Nobel de Literatura, y cuyos libros tenían amplia circulación) instaba, desde las páginas de su Diario de Gabriel Quiroga -editado en 1910-, a utilizar la violencia contra los predicadores protestantes, aun cuando ello significara violar el texto constitucional, enarbolando -a través de su personaje ficticio- el estandarte del expansionismo militar argentino y del odio al extranjero. No fue, pues, casual su adhesión al fascismo en los años 20, denostando la vida democrática y el régimen de partidos políticos.

En este rumbo intolerante lo acompañaron los nacionalistas nucleados en torno al periódico La Nueva República, inspirados en las doctrinas del francés -"ateo, pero católico", de acuerdo con su propia definición- Charles Maurras. De este pequeño grupo brotaron las propuestas corporativistas y autoritarias que luego, en 1930, intentó imponer el general José Félix Uriburu en el golpe de Estado, adhiriendo al modelo italiano. Este reducto del nacionalismo dio sus frutos con los autores del revisionismo histórico: Rodolfo y Julio Irazusta, y Ernesto Palacio.

Sus saetas, sin embargo, no se agotaban solamente en la faz política del régimen republicano y representativo, sino que también incluían al sistema capitalista. En este sentido, los marxistas de entonces ya tuvieron la gran habilidad de presentar al fascismo como la última etapa del agonizante capitalismo, en el que la burguesía imponía un régimen autoritario para salvar la libre empresa. Sin embargo, el fascismo tal y como fue puesto en práctica en Italia, y como fue comprendido por sus contemporáneos en Europa y el continente americano, era fuertemente estatista y anticapitalista.

Manuel Gálvez, por ejemplo, en su libro Este pueblo necesita... sostenía que: "El Estado debe ser el único rico -verdaderamente rico- que exista en el país. Hay que terminar con los latifundios, imponer grandes impuestos a las herencias, reglamentar las excesivas ganancias del capital nacional y extranjero". Para ello, proponía leyes y decretos que impusieran la austeridad y el combate a la "vida sensual", poniendo como ejemplo a los campos de concentración de la naciente Alemania nazi... Para realizar la "justicia social" había dos caminos: Roma o Moscú. La diferencia entre ambos modelos del futuro, residía en el contenido religioso y tradicionalista del primero, a diferencia del ateísmo materialista del segundo. Y el hombre debía someterse alegremente a recibir los mandatos del Jefe, resignándose a la pérdida de las libertades, para quedar convertido en "una pieza en la inmensa máquina del Estado".

Puede suponerse, quizás, que era esta una opinión aislada de Gálvez. Pues bien, otro admirador del fascismo -al que entendía como retorno a la sociedad medieval-, era el sacerdote Julio Meinvielle, otro autor de notoria influencia durante varios decenios. Meinvielle entendía al capitalismo como un sistema satánico, puesto que se basaba en el pecado de la avaricia. Asimismo, repudiaba la movilidad social que lo caracteriza, ya que en su concepción jerárquica y autoritaria, cada persona debía resignarse humildemente al puesto que a cada uno le tocó al momento de nacer. En su libro La concepción católica de la economía sostuvo que los empresarios debían extender obligatoriamente sus ganancias a los obreros, y que: "Si los detentores de estas riquezas productivas se niegan por egoísmo o carencia de sentido social a someterse a esta regulación, no titubee el gobierno en castigarlos como violadores del orden social; y ningún castigo más eficaz que el privarles de sus riquezas". Adelantándose a quienes pocos años después cantaron combatiendo al capital, afirmó que era "(...) menester que la empresa esté de tal suerte regulada que el beneficio sea en verdad común: es menester entonces fijar un límite a la ganancia de los accionistas y de los empresarios; es menester hacer participar a los obreros de las utilidades". Y para imponer estas medidas, el gobierno debía ser fuerte y librarse de los "prejuicios liberales". El fascismo, con su violencia, era el modelo a seguir.

Un político de procedencia conservadora como Carlos Ibarguren, quien fue ministro de Roque Sáenz Peña, también adhirió al fascismo, e impulsó el proyecto corporativista de Uriburu. Ya como ministro en 1914, propulsó varias medidas intervencionistas en la economía, intentando un proyecto de ley de seguro social obligatorio. Luego, como interventor en la provincia de Córdoba, impuso precios máximos a bienes como la leche, el pan, la carne y el azúcar, ufanándose de abandonar el liberalismo económico, al que consideraba superado y arrumbado en la centuria decimonónica. El estado debía transformarse para lograr "el predominio del interés nacional sobre el del individuo en la sociedad", afirmó en su libro La historia que he vivido. Como candidato a presidente en 1922 por la democracia progresista, propuso la nacionalización del petróleo, el proteccionismo comercial y la seguridad social compulsiva, para alcanzar la "justicia social".

La tentación corporativa como reemplazo del orden constitucional liberal también alcanzó al radicalismo. El diputado radical por Córdoba, Carlos J. Rodríguez, presentó en 1928 un proyecto de ley a favor de la "organización corporativa nacional", en la que cada ciudadano votaba a sus representantes encuadrado por su profesión, a fin de que pudieran "atemperarse" los supuestos rigores del individualismo liberal. En la plataforma electoral de 1937, cuando la UCR nominó la fórmula Alvear-Mosca, se propuso la creación de un "Consejo Económico Nacional" de conformación corporativa y que controlaría la producción y la distribución de la riqueza, abandonando los principios liberales.

Fueron, pues, no pocos los autores y políticos que se sintieron atraídos por la prédica antiliberal y anticapitalista de Benito Mussolini y su régimen autoritario y corporativo. El estatismo argentino no nació de las lecturas de Marx y las experiencias de Lenin y Stalin, sino en los intentos de emular el modelo fascista italiano. Y es así como después de la segunda guerra mundial, en Argentina y Sudamérica muchos siguieron los pasos de Benito, convirtiéndose en sus hijos y nietos, aun cuando renieguen de su evidente ascendencia.

lopezgottig@generacion37.org

Este artículo fue publicado en Mentes Abiertas nº 9, del Departamento de Investigaciones de  ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas), el martes 5 de abril del 2005.

 

Twitter: @lopezgottig
Acerca del autor
Ricardo López Göttig
Ricardo López Göttig
Doctor en Historia (PhD), Universidad Karlova de Praga y egresado de la carrera de Historia en la Universidad de Belgrano. Es profesor en la Universidad ORT, Uruguay. Entre sus publicaciones se destacan: “Los fundadores de la República”, "El debate parlamentario sobre la reforma electoral de 1902”, “Borges a Peronismus”, “La cuestión religiosa en la Convención Constituyente de 1853”, “El socialismo librecambista en el Congreso argentino entre 1912 y 1914”, “El legislador, la comunidad y la libertad individual”, y “El Bicentenario y la evolución de las instituciones republicanas”.
Twitter: @lopezgottig
[Ver todos los artículos del autor]
 
 Videos
  Podcast Política Argentina
Fernando Laborda
El nuevo pacto fiscal
Por Fernando Laborda
Editorialista, diario La Nación

Archivo en mp3
El Podcast de Fernando Laborda en RSS
Auspician la columna de
Fernando Laborda
 
Colegio de Escribanos
QUILMES
FORD
Fibercorp
E N L A C E S