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¿Politica y economia: ¿bien y mal?
Por Carlos Fara
Twitter: @carlosfara
10 de agosto de 2016
Carlos Fara
(7 Miradas) Poner el objetivo electoral por delante de todo, sabiendo que gobierno que pierde su primera legislativa tendrá dificultades de sustentabilidad, es reconocer que la consolidación política le dice mucho más a los mercados y a los agentes económicos de lo que parece. Ese es el mensaje implícito que recibe la actual administración de los gobiernos extranjeros cuando se solicitan inversiones.
 
 

(7 Miradas) En las últimas semanas varios analistas dijeron que el gobierno andaba bien en lo que se suponía que sería su mayor déficit -la política- y se estaba desempeñando mal en lo sería su mayor fortaleza -la economía. Dado que esta simplificación conduce a errores de apreciación sobre el escenario, nos pareció importante despejar la paja del trigo en esta materia.

Existe un error conceptual respecto a relacionar las decisiones económicas como “decisiones técnicas” que se puedan tomar al margen del contexto político, social, cultural e internacional. No existen decisiones “al vacío”, esto es aisladas del medio ambiente. Por eso varias veces en esta columna se ha repetido la frase John Stuart Mill “El que sólo sabe economía, sabe muy poca economía”.

Claro que hay decisiones más concebidas como “políticas” (las negociaciones en el Congreso, con los gobernadores, con los sindicatos), y otras más “económicas” (como la salida del cepo, el acuerdo con los holdouts, el incremento de las tarifas de gas). Sin embargo, todas son definiciones políticas en la medida que se asignan recursos escasos (no solo materiales, sino también institucionales, legales, simbólicos, etc.) por una autoridad legítima.

Dicho esto, y comprendiendo la diferenciación analítica más popular entre política y economía, es difícil pensar en que se puede andar bien en una cosa y mal en otra. Decisiones que mejoren variables claves de la macroeconomía redundarán en índices de opinión pública más favorables, lo cual es absolutamente político. Negociaciones con los sindicatos que contribuyan a bajar el nivel de conflictividad laboral impactan de modo directo en el funcionamiento de la economía. Como se puede apreciar, a cada paso la convergencia es natural.

Cuando el gobierno decide relegar de su comunicación pública las referencias a “la herencia recibida”, es una decisión de estrategia política, como lo es el nivel de tasas de interés que paga el Banco Central. Ambas cosas tienen impacto sobre el resto de los subsistemas sociales.

El hecho de morigerar el ajuste económico, estirando en el tiempo la baja de la inflación, poner un límite al incremento de tarifas, todo pensando en la necesidad de ganar la elección de 2017, habla de la gran estrategia general del gobierno.

Esa estrategia puede ser correcta o incorrecta respecto a los objetivos fijados de mediano y largo plazo. Quizá acarrea fuertes costos de corto plazo apostando a un éxito más adelante. Todo forma parte del cálculo político.

En ese marco, decir que el gobierno anda mal en economía a solo 8 meses de asumir puede ser muy relativo: y si se cumplen los pronósticos del equipo de gobierno? No habrán acertado políticamente? Claro que sí! Lo mismo a la inversa.

Poner el objetivo electoral por delante de todo, sabiendo que gobierno que pierde su primera legislativa tendrá dificultades de sustentabilidad, es reconocer que la consolidación política le dice mucho más a los mercados y a los agentes económicos de lo que parece. Ese es el mensaje implícito que recibe la actual administración de los gobiernos extranjeros cuando se solicitan inversiones.

Habiendo dicho todo esto, la estrategia general del gobierno ha fluctuado en estos 8 meses, pasando de una agenda de reformas económicas más profundas a un pragmatismo político. Veremos qué resulta. Pero al menos significa que no se queda quieto.

Por otro lado, está claro que hasta aquí ha aprobado la materia gobernabilidad -una de las que más preocupaba por los antecedentes de Alfonsín y De la Rúa- de la mano de un hábil manejo con los bloques peronistas en el Congreso, y la utilización astuta de las necesidades de gobernadores y sindicalistas. Paradójicamente no parece que le esté yendo tan bien con los empresarios.

Finalmente todos ellos van mirando a la opinión pública, quien en definitiva será el parámetro para evaluar cuántas fichas hay que ponerle al futuro de Macri. Ahí todos actuarán según el efecto manada, a favor o en contra, tal cual sucede en los mercados financieros. Aunque parezca mentira, están regulados por los mismos miedos que el ciudadano común.

Fuente: 7 Miradas (Buenos Aires, Argentina)

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Consultor político.
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