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Cuando no te gustan los datos, niégalos
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
2 de septiembre de 2016
Patricio Navia
(El Líbero) La declaración de Rincón llega precisamente cuando el gobierno debiera fijar como su primer objetivo lograr mayor crecimiento y generación de empleos (de los que aparecen en la encuesta del INE, no de los que están en la imaginación de la ministra Rincón).
 
 

(El Líbero) La curiosa declaración de la ministra del Trabajo, cuestionando los datos de desempleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y llamando en cambio a mirar los datos reales, representa un inmejorable ejemplo de cómo funciona la negación. Cuándo no te gustan los datos oficiales que siempre se han usado para medir algo, simplemente busca otros datos hasta encontrar algunos que peregrinamente confirmen lo que tú hubieras querido fuera la realidad.

Al conocerse el nuevo dato sobre el nivel de desempleo —que ya superó el 7%—, la ministra Ximena Rincón cuestionó la veracidad de la encuesta del INE y sugirió en cambio que si uno miraba los datos reales, vería que en realidad el empleo iba en aumento y no en disminución. Si bien la ministra matizó más tarde sus dichos, de todos modos insistió en que había otros datos —presumiblemente igual de legítimos que los del INE— para medir el nivel de desempleo que existe en el país.

Los dichos de la ministra son lamentables desde varios puntos de vista. Primero, porque al negarse a reconocer una realidad de enfriamiento económico, que los datos de desempleo sólo vienen a confirmar, la ministra Rincón siembra además un manto de duda sobre el INE. Eso es especialmente lamentable precisamente porque el INE viene recuperándose recién de la crisis que motivó la fallida realización del censo de 2012 (“el mejor censo de la historia”) en el gobierno anterior. Pero si en esa oportunidad los cuestionamientos vinieron de líderes de la oposición y de expertos, esta vez es el propio gobierno el que cuestiona a un organismo del Estado cuyas autoridades son nombradas por el mismo gobierno.

Cuando una alta funcionaria del gobierno cuestiona los datos emitidos por el propio gobierno, nadie puede negar que hay un problema. En circunstancias normales, la declaración de Rincón hubiera constituido razón suficiente para gatillar su renuncia —o la renuncia de la directora del INE, si es que las declaraciones de Rincón tuvieran asidero—. Pero este gobierno ha sido cualquier cosa, menos normal. Los problemas que ha tenido Bachelet para ajustar su gabinete cuando la situación lo amerita permiten anticipar que es altamente improbable que un exabrupto de un ministro cause su salida del gobierno. Como las metidas de pata salen gratis, hay ministros que parecen enfrascados en una competencia por ver quién comete más autogoles.

Pero los dichos de Rincón también son lamentables porque confirman un patrón de negación de la realidad que ha marcado a este gobierno desde sus inicios. Si bien las encuestas mostraban que los chilenos eligieron a Bachelet porque querían que ella ayudara a terminar con los abusos y promoviera más inclusión y oportunidades, la Nueva Mayoría buscó cambiarlo todo. Al poco andar, la retroexcavadora quedó estancada, pero los aires fundacionales han seguido soplando fuerte en La Moneda.

Ahora que la gente percibe que ya no solo se trata de distribuir los huevos de oro sino que hay que hacer que la gallina vuelva a poner huevos, el gobierno sigue empecinado en desconocer la realidad. Los dichos de la ministra confirman un patrón de comportamiento oficialista que privilegia sus creencias por sobre los indesmentibles datos. Como las creencias del gobierno son que el crecimiento se da por generación espontánea, por más que el ministro de Hacienda Rodrigo Valdés haga sus mejores esfuerzos para ayudar a construir un clima favorable a la inversión y al crecimiento, el gobierno no pasa de las declaraciones de buenas intenciones a acciones concretas que permitan revertir en el enfriamiento de la economía. Reconociendo tácitamente que los años de las vacas gordas fueron un golpe de suerte, el gobierno parece resignado a que no hay mucho que se pueda hacer para cambiar la tendencia a la baja que viene experimentado la economía.

Como un paciente que se niega a reconocer que está enfermo, el gobierno mira los indicadores de la economía y los relativiza. Igual que un paciente enfermo que dice que su azúcar está muy alta porque anoche comió muy tarde y que su colesterol está alto porque el fin de semana le dieron un pedazo de carne muy grasosa, el gobierno se niega a aceptar que la economía del país está estancada. La declaración de Rincón llega precisamente cuando el gobierno debiera fijar como su primer objetivo lograr mayor crecimiento y generación de empleos (de los que aparecen en la encuesta del INE, no de los que están en la imaginación de la ministra Rincón).

La coyuntura de la economía regional no es nada favorable para Chile. Va a tomar un tiempo antes de que los vientos vuelvan a soplar en la dirección favorable. Pero mientras tanto, lo peor que puede hacer el gobierno es negar la realidad. Precisamente porque cuando no hay viento que empuje la vela hay que empezar a remar, el gobierno debiera partir por reconocer la realidad y no pretender hacernos creer que hay otra realidad paralela con sus propios datos que es más auspiciosa.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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