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Votantes rechazan amnistía al grupo guerrillero FARC
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
6 de octubre de 2016
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) El voto del dos de octubre fue definitivamente un contratiempo para el proceso de paz en Colombia. Sin embargo, sería un error asumir que las cosas regresen al estado lamentable que existía antes del comienzo de las conversaciones de paz. La realidad es que los colombianos quieren la paz. También es indiscutible que las FARC se han debilitado.
 
 

(Buenos Aires Herald) El sorprendente resultado del referéndum de paz del 2 de octubre no debería de ser equiparado como un rechazo de paz entre los colombianos. Los resultados electorales reportaron una gran cantidad de colombianos que querían la paz y el resultado del plebiscito debe de ser interpretado como un rechazo de los términos negociados por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y el grupo guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Los temas delicados más controversiales involucran la garantía política de representación en el congreso para las FARC y las consecuencias poco severas para los soldados rebeldes por sus crímenes. Al rechazar el acuerdo de paz, los colombianos expresaron su oposición a los tratados que favorecían a las FARC. La mayoría de las personas creen que el voto “No” va a demorar, pero no detener, el proceso de paz. El voto del domingo pasado está ligado al acuerdo que llevaron a cabo el presidente Santos y las FARC, no al rechazo de la paz.

Después de asumir el cargo a la presidencia en 2010, Santos se adhirió al difícil y controversial camino hacia la negociación para finalizar el conflicto con las FARC. Después de haber servido como ministro de defensa en la militarista administración de Álvaro Uribe (2002-2010), Santos hizo una sorprendente pero razonable transición y se convirtió en una paloma. En su lógica, ganar la paz era un desafío difícil comparado con ganar la guerra. Para poder asegurar una paz estable y duradera, Santos quería llevar a las FARC a la mesa de negociaciones.

El proceso de paz duró más de lo que Santos esperaba. Las FARC resistieron su entrega al sistema judicial. A pesar de que la violación de derechos humanos fue cometido por todas las partes involucradas —incluyendo a las Fuerzas Armadas de Colombia, grupos paramilitares de derecha y las guerrillas – las FARC fue responsable de muchos delitos notorios. La mayoría de los líderes rebeldes se han involucrado personalmente en enfrentamientos sangrientos y en abusos de los derechos humanos. Su resistencia en ser juzgados por sus violaciones de derechos humanos ha sido un significativo obstáculo en el proceso de las conversaciones de paz.

Por último- ya que el presidente Santos estaba comprometido en alcanzar un acuerdo y en formar parte de la historia al ser el hombre que le regresó la paz a Colombia- el gobierno hizo concesiones que resultaron ser poco severas y los votantes colombianos no lo aceptaron. Una de las principales razones por las que la gente justificó su oposición al acuerdo de paz fue la percepción que los crimines de las FARC fueran impunes. Organizaciones de derechos humanos como Human Right Watch expresaron su preocupación del acuerdo de paz, ya que implica de facto una amnistía para la violación de muchos aunque no todos los derechos humanos.

Puestos en el congreso

El acuerdo entre el gobierno y los rebeldes también garantiza a las FARC cinco puestos entre los 102 miembros del senado y cinco puestos entre los 166 miembros de la cámara de diputados, a pesar del porcentaje de voto en las elecciones legislativas del 2018 y 2022. Esta garantía de representación política también formó parte de los desacuerdos en los debates que después se demostraron en el referéndum.

Para muchos colombianos, los líderes de las guerrillas deberían estar en prisión, no en el congreso. Para el gobierno, la necesidad de lograr que las FARC cedieran a desmovilizarse implicó aceptar concesiones. Ya que al gobierno se le acababa el tiempo, algunas de esas concesiones pudieron ser mucho para los votantes.

El voto del dos de octubre fue definitivamente un contratiempo para el proceso de paz en Colombia. Sin embargo, sería un error asumir que las cosas regresen al estado lamentable que existía antes del comienzo de las conversaciones de paz. La realidad es que los colombianos quieren la paz. También es indiscutible que las FARC se han debilitado y – a pesar de las concesiones fueron capases de extraer negociadores gubernamentales- la victoria del voto “No” en el referéndum es un golpe duro paro las FARC

Las guerrillas ahora solo tienen dos opciones. Pueden reiniciar la guerra o pueden empezar con una nueva ronda de charlas donde tengan que hacer más concesiones al gobierno para incrementar el apoyo popular para una negociación final que termine con los 52 años del conflicto armado.

La manera que el acuerdo de paz fue legalmente representado hace que los resultados del referéndum afecten solo al presidente Santos. El congreso colombiano puede seguir adelante con sus propias iniciativas de negociar el acuerdo de paz. No todo está perdido. El escenario más probable es que ahora Santos se vea como un líder débil por el resto de su término presidencial y que el proceso de paz se convierta en tema central de la campaña para las elecciones presidenciales del 2018. Las campañas se iniciarán mucho antes de lo normal ya que Santos se encuentra en una posición debilitada.

Cualquier camino que el proceso de paz tome, el resultado del referéndum ha demostrado que para finalizar el conflicto se tiene que ratificar el referéndum y que las FARC necesitan hacer más concesiones. La demanda de traer justicia a los perpetraron abusos de los derechos humanos -y no solo reparaciones para las víctimas- también necesitan ser considerados. Si las FARC quieren convertirse en una organización política, necesitarán ganar votos y así ganarse la representación legislativa.

El camino no será fácil para Colombia, pero el mensaje que la gente envió en el referéndum (en una cerrada pero admitida victoria para el “No”) es que la paz se tiene que obtener pero bajo condiciones menos favorables para el grupo de guerrilleros FARC.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en el diario Buenos Aires Herald.

Fuente: Buenos Aires Herald (Buenos Aires, Argentina)

Traducción de Alexis Silvestre.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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