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Una institución electoral que funciona mal
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
14 de octubre de 2016
Patricio Navia
(El Líbero) Desde 1990, los chilenos hemos visto orgullosamente cómo se consolida la democracia y se fortalecen las instituciones. Pero también hemos sido testigos de algunos preocupantes retrocesos. La reforma que instauró la inscripción automática ha debilitado a las instituciones y ha hecho que el padrón electoral que tenemos hoy sea menos confiable que el que existió, incluso, cuando se recuperó la democracia en 1988.
 
 

(El Líbero) El fortalecimiento institucional y la consolidación democrática que experimentó Chile después del fin de la dictadura demuestran que los países pueden subir peldaños en la escalera hacia el desarrollo. Pero en años recientes, algunos escándalos han demostrado que nuestras instituciones no se han desarrollado a la par con el resto de la sociedad. El escándalo que actualmente involucra al Servel por los cuestionamientos sobre la legitimidad del padrón electoral muestra que algunas instituciones no solo no se han desarrollado a la par que el resto del país, sino que ahora funcionan peor de lo que funcionaban antes.

Desde la adopción del voto voluntario y la inscripción automática, el Servel ha sido sometido a fuertes cuestionamientos por la poca exactitud que tiene el padrón electoral con la realidad del universo de chilenos habilitados para votar. En defensa del Servel, el problema no fue causado por el propio organismo, sino por la decisión del legislador de automatizar la inscripción en el padrón electoral. Hasta antes de esa modificación —que entró en vigencia en 2012—, la confección del padrón electoral era responsabilidad exclusiva del Servel. Los chilenos debían ir personalmente a inscribirse en las oficinas del Servel que correspondían a su comuna de residencia. Esto le permitió al Servel tener un padrón en el que cada persona inscrita había expresado formalmente su intención de estarlo y había declarado una dirección de residencia.

El sistema no era perfecto. De hecho, como mucha gente se cambiaba de residencia sin avisarle al Servel, había un número creciente de chilenos que vivían en comunas diferentes a las que registraba el organismo. Como el Servel no verificaba la dirección de los votantes nuevos o los que cambiaban su residencia, algunos candidatos y partidos inducían a sus simpatizantes a que se inscribieran en otras comunas. En varios casos, algunas comunas de menos población tenían más inscritos que habitantes. Pero ya que el Servel borraba de los registros a los chilenos fallecidos, el padrón se mantenía actualizado con todos chilenos habilitados para votar inscritos en las direcciones de su preferencia.

Después de que se adoptó el voto voluntario, el gobierno del Presidente Piñera impulsó una reforma que automatizara la inscripción en el padrón. El control del padrón pasó de manos del Servel al Registro de Civil. Esta decisión que buscaba facilitarle la vida a los chilenos —eliminando el requisito de inscripción previa para votar— se basaba en el supuesto de que el Registro Civil manejaba datos exactos sobre las personas que residen legalmente en Chile.

Pero en las elecciones municipales de 2012 quedaron en evidencia los problemas del nuevo padrón. Estaban habilitados para votar el día de la elección personas muertas y otros cuya avanzada edad hacía presumir que ya habían fallecido. El propio ex Presidente Salvador Allende estaba habilitado para votar. Algunos detenidos desaparecidos también aparecieron habilitados para votar —aunque como la tesis del secuestro permanente que permite procesar a los responsables de su desaparición no permite declararlos oficialmente muertos, es comprensible que no hayan sido declarados como muertos por el Registro Civil—. Los expertos concordaron en que el padrón inflaba artificialmente el número de personas habilitadas para votar —al incluir a personas muertas, a chilenos residentes en el extranjero y a extranjeros residentes que ya no vivían en el país—.

Los problemas con el padrón entregado por el Registro Civil se mantuvieron en 2013, aunque el Servel hizo algunos esfuerzos por depurar el padrón. La responsabilidad final de determinar quiénes son las personas habilitadas para votar es del Registro Civil, pero la gente apunta al Servel cuando se denuncian irregularidades. El Servel se excusa diciendo que no es su responsabilidad y, hasta ahora, nadie ha apuntado seriamente al Registro Civil para exigir que produzca un padrón electoral depurado.

Aunque sea difícil de creer, las cosas han seguido empeorando. El escándalo actual ha estallado porque el Registro Civil ha modificado las direcciones de residencia de casi medio millón de chilenos sin su autorización. Además de poner en serios problemas al Servel y sembrar un manto de duda sobre las elecciones municipales de la próxima semana, esta irregularidad en el Registro Civil pone en tela de juicio la confiabilidad de una institución encargada de manejar información sensible y privada de los chilenos que, además, es esencial para la buena implementación de políticas públicas.

Desde 1990, los chilenos hemos visto orgullosamente cómo se consolida la democracia y se fortalecen las instituciones. Pero también hemos sido testigos de algunos preocupantes retrocesos. La reforma que instauró la inscripción automática ha debilitado a las instituciones y ha hecho que el padrón electoral que tenemos hoy sea menos confiable que el que existió, incluso, cuando se recuperó la democracia en 1988.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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