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Diplomática cubana niega arrestos arbitrarios y acoso policial en la Isla
Por Marlene Azor Hernández
11 de noviembre de 2016
Marlene Azor Hernández
(Cubaencuentro) La contradicción del discurso, la información y la práctica de los Derechos Humanos en Cuba, cuando los funcionarios cubanos hablan en la ONU y cuando se observa su aplicación en la realidad del país es tan abismal, que parece se está hablando de dos países distintos. ¿Podrán los diplomáticos cubanos ajustarse a la realidad que describen o seguirán los dos mundos paralelos?: el de «ellos», los funcionarios, y el de «nosotros» los ciudadanos.
 
 

(Cubaencuentro) 

La contradicción entre el discurso, la información, y la práctica del Gobierno cubano con respecto a los Derechos Humanos en Cuba, evidencia la ruptura del discurso oficial y la realidad.

Hay una abismal diferencia entre el discurso oficial y la opinión pública asfixiada y reprimida de la sociedad civil independiente en Cuba. Algo señalado por muchos autores, entre ellos James C Scott, como típico de las sociedades comunistas[2].

Hacia el interior del país, el propio término de Derechos Humanos ha sido utilizado por la prensa oficial solo cuando el Canciller Bruno Rodríguez se refiere a ellos en un discurso pronunciado en Naciones Unidas,[3] o en el resultado de alguna ronda de negociación con los estadounidenses. La opinión pública tiene la prohibición de facto de ocuparse del tema y cada vez que lo hace tiene represalias directas: desde la quema de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por niños y adolescentes en un “acto de repudio” contra las Damas de Blanco,[4] hasta penas de prisión a los activistas de Derechos Humanos en Cuba. Ser activista de Derechos Humanos en Cuba es ilegal.

La postura del Gobierno cubano es: en su política exterior aceptar la indivisibilidad de los Derechos Humanos y su supuesta defensa y en su política doméstica violarlos sistemáticamente en su legislación penal, civil, constitucional y en la práctica de la policía, los funcionarios públicos, los órganos de la seguridad del Estado y los tribunales cubanos sean laborales, civiles o militares.[5]

Resultado de la confrontación de la guerra fría, los Pactos de Derechos Humanos se dividieron en económicos sociales y culturales y, por otra parte, el Pacto de derechos civiles y políticos.

Los países comunistas o del “socialismo real”, defendían como hoy lo hace Cuba, que los Derechos económicos sociales y culturales eran los privilegiados y que los derechos civiles y políticos eran una manipulación del “imperialismo internacional”.

La realidad histórica demostró, con el derrumbe de ese sistema en Europa del Este, que los Derechos económicos sociales y culturales fueron violados sistemáticamente precisamente por el no respeto de los Derechos civiles y políticos de esos gobiernos.

El desmantelamiento de esos sistemas mostró sociedades hundidas en la miseria, sin recursos económicos autónomos, con sistemas de salud precarios, una educación no universal y salarios paupérrimos, sistemas de seguridad social miserables y una falta de libertad real en la creación cultural y científica.

El problema de estas sociedades, como hoy la cubana, es que los Derechos económicos sociales y culturales nunca fueron reivindicables ni justiciables, por lo tanto, dependieron de la “intención política” de los dirigentes de turno. “Derechos” que no son reivindicables ni justiciables no son derechos.

En un reciente artículo sobre la seguridad social cubana, los funcionarios públicos mostraron una política universal de seguridad social.[6] Los comentarios del foro demostraron exactamente lo contrario: La seguridad social no es universal, gran parte de los sectores más vulnerables no entran en la política social, y las pensiones y los subsidios son miserables. Como el derecho a la seguridad social no es un derecho reivindicable y justiciable, los funcionarios se diluyeron en explicaciones burocráticas y sin salida.

El Gobierno de Cuba muestra los mismos problemas con “la interpretación” de los Derechos Humanos universales que “el socialismo real” tuvo en su historia de 70 años. Renuente a aceptar las violaciones de todos los derechos humanos que comete, su defensa es atribuir a quienes les señalan su violación una “agresión al Gobierno cubano”.

La contradicción del discurso, la información y la práctica de los Derechos Humanos en Cuba, cuando los funcionarios cubanos hablan en la ONU y cuando se observa su aplicación en la realidad del país es tan abismal, que parece se está hablando de dos países distintos. ¿Podrán los diplomáticos cubanos ajustarse a la realidad que describen o seguirán los dos mundos paralelos?: el de “ellos”, los funcionarios, y el de “nosotros” los ciudadanos.


Acerca del autor
Marlene Azor Hernández
Marlene Azor Hernández
Socióloga de formación, imparte cursos de capacitación en las empresas o cursos regulares de maestría y diplomado en varias universidades, todos relacionados con el Desarrollo Humano en las empresas.
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