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Insulza y el liderazgo seguro
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
25 de noviembre de 2016
Patricio Navia
(El Líbero) José Miguel Insulza ofreció un liderazgo seguro, pero para un país que quiere cambios y mira al futuro más que al pasado, su oferta no parece demasiado atractiva. Así, su anuncio produce una sensación similar a la de un artista que vuelve a escena después de muchos años para cantar sus antiguos éxitos. Puede parecer entretenido, pero su propuesta tiene más que ver con la nostalgia que con los acordes que hoy están de moda.
 
 

(El Líbero) Al anunciar su candidatura presidencial, el ex agente de Chile ante La Haya, José Miguel Insulza, dijo que venía a ofrecer un liderazgo seguro. La decisión de lanzarse a un ruedo que ya está lleno de presidenciables es extemporánea y desafortunada, en tanto Insulza está tratando de asumir una responsabilidad que dejó pasar en 2009 y porque su mensaje ya no resuena en un electorado que valora atributos diferentes a los que él posee.

Insulza es un político con una trayectoria impresionante. Después de ser candidato a diputado por el Mapu en 1973 (obtuvo un 3%), nunca más volvió a ser candidato en una elección popular. A sus 30 años, debió vivir la traumática experiencia del golpe militar y luego pasó ocho años exiliado en Italia, para luego viajar a México, donde desarrolló una respetable carrera académica. Ya en democracia, Insulza hizo carrera en el Ministerio de Relaciones Exteriores en el gobierno de Aylwin, y cuando asumió Frei en 1994, fue nombrado subsecretario de esa cartera. La suerte le sonrió cuando, seis meses después, Frei nombró a su canciller Carlos Figueroa como ministro del Interior, por lo que Insulza fue promovido a ministro de Relaciones Exteriores justo en un período en que las relaciones internaciones fueron una prioridad para el gobierno. Las comentadas giras de Frei al exterior le dieron todavía más visibilidad al nuevo canciller, pero fue el arresto de Augusto Pinochet en Londres en octubre de 1998 lo que catapultó a Insulza a posiciones de liderazgo.

Como el gobierno de la Concertación se la jugó por lograr el retorno de Pinochet, Insulza asumió un liderazgo cuestionado y polémico. Pero ya que la izquierda prefería mantener la Concertación y apostar a que Ricardo Lagos ganaría las elecciones de 1999, la molestia inicial por la defensa de Pinochet fue disminuyendo y la estatura política de Insulza, que lideró dicha defensa, fue en aumento. Cuando Frei reorganizó su gabinete en junio de 1999, Insulza pasó a la Secretaria General de la Presidencia, desde donde hábilmente manejó la agenda política y puso a la derecha a la defensiva en el Congreso durante la campaña presidencial, la única contienda desde el retorno de la democracia que no coincidió con elecciones parlamentarias.

La habilidad política de Insulza llevó a Lagos, después de su ajustada victoria en segunda vuelta en enero de 2000, a nombrarlo como jefe de Gabinete. Desde ese cargo amplió y consolidó su poder, y se ganó el apodo de Pánzer. Si bien estuvo en la lista corta de presidenciables de la Concertación para 2005, la irrupción de Michelle Bachelet lo llevó a optar por competir para la Secretaría General de la OEA, cargo que asumió en mayo de 2005.

A fines de 2008, cuando Lagos sorpresivamente anunció que no buscaría la candidatura presidencial de la Concertación, todos los ojos se fueron sobre Insulza. Pero, desde Washington, él también sorprendió anunciando que seguiría en la OEA. Algunos dijeron que lo hacía para asegurarse una pensión, otros alegaron que tenía miedo de competir ante Sebastián Piñera, pero Insulza nunca ha explicado por qué dejó pasar la oportunidad cuando se le presentó. Lo cierto es que, al no lanzarse cuando había agua en la piscina, rápidamente perdió el capital político que había acumulado. Como no disparó cuando tuvo la oportunidad, el Pánzer ya no asustaba a nadie.

Después de terminar su segundo quinquenio en la OEA en mayo de 2015, dejando un legado más bien discreto, Insulza volvió a Chile con la aparente determinación de retornar a las ligas mayores de la política. Pero para entonces el país ya había cambiado y los atributos que alguna vez lo posicionaron como un candidato presidencial habían pasado de moda. En la época de las redes sociales, las protestas callejeras y el empoderamiento ciudadano, ya no había espacio para un político cuyo apodo hace referencia a un tanque alemán de la Segunda Guerra Mundial. Su nombramiento como agente chileno para la demanda de Bolivia en La Haya pareció un premio de consuelo, más que una oportunidad para volver a entrar a las ligas mayores de la política chilena.

Ahora que Insulza ha lanzado su campaña presidencial, el anuncio ha generado poco entusiasmo. Si bien su imagen despierta respeto y buenos recuerdos, hay poco de futuro en su aura. Al igual que Lagos, Insulza cometió el error de decir que quería despejar dudas respecto a si se iba a atrever (esas dudas se despejaron en 2009, cuando no se atrevió). En su discurso, Insulza ofreció un liderazgo seguro, pero para un país que quiere cambios y mira al futuro más que al pasado, su oferta no parece demasiado atractiva.  Así, su anuncio produce una sensación similar a la de un artista que vuelve a escena después de muchos años para cantar sus antiguos éxitos. Puede parecer entretenido, pero su propuesta tiene más que ver con la nostalgia que con los acordes que hoy están de moda.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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