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¿Qué dejó Fidel Castro a Latinoamérica?
Por Hugo Machín Fajardo
Twitter: @machinfajardo
28 de noviembre de 2016
Hugo Machín Fajardo
¿Qué supuso Fidel Castro para América Latina y qué legado deja para las nuevas generaciones de la región? Para Castro, a lo largo de 56 años el fin siempre justificó los medios, y el fin siempre fue "su" fin, no el de los pueblos latinoamericanos.
 
 

La visión inicial que los latinoamericanos tuvieron  en 1959 fue la de uno de los países centroamericanos, del mare nostrum estadounidense, sacudirse una dictadura e iniciar un camino esperanzador. “¿Quién no era fidelista en 1959?”, me preguntó con amarga sonrisa hace años un ex comisionado de paz colombiano que había bautizado a un hijo Fidel. Hijo tecnólogo agropecuario asesinado en 2002 por guerrilleros de las Farc de Colombia. ¿Por qué? Sus manos no tenían lo suficientes callos y desgaste que a juicio de ellos deberían ofrecer las de quien trabajaba con animales y cultivos, ergo, era un enemigo.

Cuba como “faro de América Latina” fue consigna matrizada por la izquierda continental durante décadas. Dictaduras feroces que asolaron el continente entre 1960 y 1990 propiciaron por contraposición sostener ese mito  convenientemente abonado por García Márquez,  E. Sábato, O. Paz, Vargas Llosa, Cortázar, Saramago, Sartre, Simone de Beauvoir, Juan Goystisol, Marguerite Duras, Jaime Gil de Biedma, Alberto Moravia, Pier Paolo Passolini, Alain Resnais,  Juan Rulfo, Benedetti, Galeano, Giani Mina, Frei Betto, entre muchísimos más.

Algunos advirtieron el desvío de la revolución hacia una dictadura y paulatinamente fueron asumiéndose como críticos de lo que habían apoyado, otros permanecieron como guardianes del templo y murieron abrazados a Castro.

La decepción de Castro con Nikita Kruschev quien durante la crisis de 1962 no sumergió al mundo en la debacle nuclear, le llevó al cubano a impulsar, financiar, organizar y apoyar la guerrilla en Latinoamérica.

Fue también una revancha ante la expulsión de Cuba de la OEA instigada por la administración estadounidense de 1964.

Castro fue responsable del envío a la muerte de varias generaciones de jóvenes latinoamericanos enceguecidos por la retórica fidelista-guevarista –favorecida por la usina de numerosos intelectuales no solo de América Latina-  mistificando  la teoría “del foco revolucionario” capaz de enfrentar tanto a una dictadura, como a un gobierno democrático. Teoría  ni siquiera verificada en la isla caribeña pero exportada como real.

Salvo México, donde sospechosamente grupos insurgentes adiestrados en Cuba eran interceptados no bien llegaban al país – Rafael Guillén el “subcomandante Marcos” fue el único que no dio aviso a La Habana previo a su levantamiento de 1994- el resto de los países latinoamericanos sufrieron la irracionalidad fidelista.

Castro sufrió de megalomanía narcisista que no reparó en sacrificar vidas como lo atestiguaron dos integrantes del riñón castrista, uno, Daniel Alarcón Ramírez, alias “Benigno”, hace casi 20 años, y el otro, Juan Vives, una década después. [1]  ¿Son dignos de crédito estos y otros muchos testimonios de cubanos decepcionados? También se le puede creer a la versión oficial de la dictadura cubana que, como todo totalitarismo, no admite discrepancias -“dentro de la revolución todo, fuera de la revolución, nada”-  sino que exige e impone la fe. Démosle a los que disienten por lo menos el beneficio de la duda.

Argentina fue la primera en ser elegida para la desastrosa aventura armada. Dirigidos por Jorge R. Masetti que iniciaron una guerrilla contra el gobierno democrático de Illía en 1964. Años después, cuando la dictadura de Videla secuestraba y desparecía a los 10 mil argentinos consignados por la Conadep, Castro  en la ONU votaba sistemáticamente en contra de cualquier moción de denuncia de violaciones a los derechos humanos en Argentina.

Bolivia sería dos veces elegida para seguir creando” dos, tres, Vietnam en América a latina”. En 1967 fue el fracaso encabezado por Ernesto “Ché” Guevara. En 1969 en manos de delirantes y alcohólicoss como Osvaldo “Chato” Peredo Y Rodolfo Saldaña, en medio de delaciones de campesinos,  de algunos dirigentes del ELN boliviano, y robos de millones de dólares por algunos de estos revolucionarios, fracasa por segunda vez. “Parecía que Cuba hubiese querido deshacerse de nosotros en Bolivia”, concluiría décadas después “Benigno”, sobreviviente de las dos incursiones cubanas en el país mediterráneo.

Perú fue otro objetivo de Castro. El general Juan Velazco Alvarado se entrevistó clandestinamente varias veces con Fidel Casto antes del golpe de Estado que da en octubre de  1968, cuidadosamente planificado entre ambos y ejecutado un mes después de que Alarcón llevase personalmente  a Lima las instrucciones, el plan y la certeza de que decenas de integrantes del servicio secreto cubano ya estaban viviendo en el país andino.

La historia dirá si Salvador Allende se suicidó, fue suicidio asistido o asesinato. ¿Lo dirá? Se sabe casi todo sobre la intervención estadounidense en el derrocamiento del primer presidente socialista latinoamericano electo en las urnas. El sabotaje de la ITT, CIA, Kissinger, Nixon. Mucho menos sobre la actuación cubana en el Chile de entonces. Lo que sostienen Benigno y Vives atañe a lo que ha dicho el jefe de la misión cubana en Santiago en 1973: Patricio de la Guardia. Su nombre se hizo famoso en 1989 durante  los juicios escénicos -similares a las purgas estalinistas de 1938- y fusilamientos de dirigentes de primer nivel del gobierno cubano a raíz de un divulgado caso de narcotráfico. De la Guardia entonces condenado a 30 años de cárcel, sería quien ultimó a Allende para evitar su rendición, según él lo dijera y refrendaran otros cubanos presentes en la Moneda en la jornada  de 11 de setiembre de 1973. Asesinato efectuado en cumplimiento de una orden de Fidel de no permitir la rendición. El testimonio de De la Guardia estaría guardado en un cofre de seguridad fuera de Cuba a ser abierto en caso de su muerte. Eso sería lo que le salvó de ir al paredón, destino de su hermano gemelo Antonio, acusado de los mismos cargos. Hoy no se tienen más datos que las versiones.

Pero lo ocurrido diez años después en la isla de Granada coincide con lo denunciado por sus ex agentes. Coincide con la línea de “no rendirse” exigida por Fidel desde su despacho habanero a los internacionalistas enviados a diferentes países. En 1983 la administración Reagan impulsó una invasión a la pequeña isla caribeña, tras enfrentamientos entre fracciones izquierdistas que gobernaban a  los 90 mil habitantes residentes en la isla. Invasión de siete mil soldados que fue cuestionada hasta por la primera ministra británica Margaret Thatcher. El punto es que Fidel ordenó a  los 700 cubanos cooperadores que se encontraban en Granda resistir y “no rendirse bajo ninguna circunstancia”. Murieron 24 cubanos según estimaciones. El jefe militar de la misión cubana, coronel Jorte Torterolo, asilado en la embajada soviética tras la rendición de 650 compatriotas, al regresar a Cuba fue degradado y enviado como soldado raso a Angola donde murió.

En 1991 Castro se enfureció con los sandinistas de Nicaragua haber cumplido con el proceso electoral que les significó la derrota. La única revolución armada triunfante en Latinoamérica se desvanecía. Ese mismo año en  El Salvador la guerrilla iniciaba iniciaba el final del conflicto armado  para encausarse en la vida democrática. Castro decía que “el pluripartidismo es una porquería.”

Los casos reseñados evidencian lo que se ha llamado “pragmatismo” de Castro. Expresamente se excluye de esta crónica a Venezuela, historia más conocida de la cooptación cubana del chavismo. En realidad, la aplicación de algo hecho a lo largo de 56 años: el fin justifica los medios, y el fin siempre fue “su” fin,  no el de los pueblos latinoamericanos, por más que así lo declarara invariablemente. Salvo cuando en 2010 se le preguntó por la posibilidad de exportar el modelo cubano a otros países y respondió: "El modelo cubano ni siquiera funciona ya para nosotros".

[1] “Beningo” (Daniel Alarcón Ramírez) Memorias de un soldado cubano. Vida y muerte de la revolución. Tusquets Editores, Colección Andanzas, 1997, Barcelona. /  "Cuba Nostra, les secrets d'Etat de Fidel Castro". Alain Ammar, Ediciones Plon, París, 2006

Twitter: @machinfajardo
Acerca del autor
Hugo Machín Fajardo
Hugo Machín Fajardo
Periodista desde 1969, una forzada interrupción entre 1973 -1985, no le impidió ejercer el periodismo clandestino. Secuestrado en 1981 por la dictadura uruguaya, permaneció desaparecido y torturado hasta 1982, en que fue recluido en el Penal de Libertad hasta 1985. Ex -docente de periodismo en Universidad ORT, de Montevideo. Ex vicepresidente de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). Jurado del Premio Periodismo para la Tolerancia, 2004, de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) /Unión Europea. Coordinó "Periodismo e Infancia-2005". Integró diversas redacciones periodísticas de medios y agencias de noticias en Montevideo, Uruguay. Actualmente se desempeña como free -lance.
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