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Sobre la muerte de Fidel Castro
Por Librado Linares García
1 de diciembre de 2016
Librado Linares García
Después de 10 años separado del poder, F. Castro se fue apagando paulatinamente hasta extinguirse del imaginario popular: literalmente nadie hablaba de él. Su aparición en el VII Congreso del PCC significó, a ojos vista, una desaceleración de las tímidas reformas raulista en el campo económico-social. Más allá de los rostros dolidos que salen en la televisión y de la atmósfera coactiva que se respira, al menos en Camajuaní, las cosas han seguido igual.
 
 

En el siglo XX la Modernidad alcanzó cotas muy altas, así como en los últimos años de esa centuria declinó, y también se produjeron dos guerras mundiales, y al finalizar la segunda, emergió un mundo bipolar: El que sustentaba la democracia, la libertad y el mercado y el que proponía la economía centralmente planificada, el partido único y la omnipresencia y la omnipotencia del Estado. Como todos sabemos, el segundo modelo se desplomó estrepitosamente, y con ello brotó la euforia en los amantes de la libertad. Vivimos momentos que nos pareció que el mundo, por fin, se encarrilaba en la dirección de la luz.

Con los funerales de F. Castro se evidenció con mucha fuerza, que aun cuando la ideología marxista-leninista y la utopía comunista no resistieron las pruebas de la historia, por ser literalmente un totalitarismo rampante, existe como una hiedra con mil cabezas, muchas formas de autoritarismo, fundamentalismos, étno-nacionalismos, populismos y muchos otros ismos, que se reproducen de mil maneras y en muchas partes. F. Castro es un hijo (aunque retorcido) de la Modernidad: apostó por las teleologías, era mesiánico, y se enmarcaba en el ámbito de las polaridades: tipos buenos vs tipos malos, donde al otro hay que eliminarlo sin compasión.

F. Castro, si le hacemos una taxonomía sin apasionamientos, ha sido con mucho el gobernante cubano, incluido los capitanes generales de la época de la colonia, que con más crueldad ha tratado a sus oponentes, así como desarrolló una gestión de gobierno muy ineficiente. ¿Por qué con ese desempeño nefasto tiene un público en el exterior que lo acoge? A continuación, algunos aspectos internacionales que lo favorecen:

-Vivimos en el contexto de la Posmodernidad donde a diferencia de la Modernidad, todo está sujeto a examen, eso es, en la práctica hay un relativismo interpretativo donde vale todo, incluido el Castrismo.

-El antiguo Bloque Soviético de la Guerra Fría ha sido sustituido por una suerte de “Coalición Informal de Países Violadores de los DD HH”, que tiene entre sus principales exponentes a: China, Rusia, los países del ALBA, Corea del Norte, Viet Nam, y algunas potencias regionales del Medio Oriente, etc. Aquí F. Castro tiene su principal base de apoyo y es considerado un líder histórico y de primer nivel.

-En el mundo hay una pléyade de democracias notablemente defectuosas, Estados fallidos, naciones con conflictos étnicos, y los llamados países del cuarto mundo que son susceptibles de ser cooptados por la Coalición Informal antes mencionada, a través de ofrecimientos de ser defendidos en organismos internacionales de posibles acusaciones de violaciones de DD HH, importaciones, inversiones directas, créditos, combustible subsidiado, becas para universidades, servicios sociales etc.

-Una red mundial de movimientos sociales y partidos políticos de izquierda que son Antidemoliberal, que eventualmente ganan elecciones y se hacen del poder. Una vez instalados en las casas de gobiernos lo revierte todo. Ricardo Rojas los calificó como “Regímenes autoritarios de base democrática”. Cuando están en la oposición también le prestan un inestimable servicio al castrismo.

Después de 10 años separado del poder, F. Castro se fue apagando paulatinamente hasta extinguirse del imaginario popular: literalmente nadie hablaba de él. Su aparición en el VII

Congreso del PCC significó, a ojos vista, una desaceleración de las tímidas reformas raulista en el campo económico-social. Más allá de los rostros dolidos que salen en la televisión y de la atmósfera coactiva que se respira, al menos en Camajuaní, las cosas han seguido igual: la gente se ríe, la parejas viven romances apasionados, frente a la sede del PCC se utiliza la comunicación Wifi en detrimento del altoparlante que expele la ceremonia del funeral. El olvido es un mecanismo de defensa necesario para cualquier Nación o persona. En este funeral se ha evidenciado que existe una pugna permanente entre: lo Tradicional y la “Racionalidad Técnico Instrumental”; La Modernidad y la Posmodernidad y la Libertad y el Autoritarismo. El principal desafío que tiene la nación cubana es dejar atrás a la “Coalición Informal de los Violadores de los DD HH” (así como de los que orbitan en ella) y entrar de lleno en la otra: la de Las Naciones Libres y Democráticas. En otras palabras, lo que tenemos que proponernos todos los cubanos, es cambiar el legado que nos dejó el difunto: El Castrismo como sistema.

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Librado Linares García
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Librado R. Linares García, Secretario General del Movimiento Cubano Reflexión.
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