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¿Qué futuro sin Fidel?
Por Laura Tedesco y Rut Diamint
2 de diciembre de 2016
(Agenda Pública) Más allá de Raúl, Comandante de las FAR por 48 años, existe un poder supremo encarnado en sectores de las fuerzas armadas. Algunos analistas señalan que la cúpula de las FAR está dividida entre Raulistas y Fidelistas. ¿La muerte de Fidel abrirá una división insuperable en las FAR? ¿Raúl le dará más poder a las FAR? A quienes creen que Raúl Castro no avanzó en mayores reformas en el país para no contrariar a su hermano. Ahora que el padre de la revolución no está, ¿se dará una apertura económica y tal vez política?
 
 

(Agenda Pública) Se esperaba. Se anunció muchas veces. Igual muchos nos sorprendimos con la muerte de Fidel. Si bien la transición en Cuba comenzó cuando Raúl Castro se hizo cargo del gobierno en 2006, la desaparición física de Fidel es un turning point de consecuencias aún impredecibles.

Los periódicos se inundan de historias sobre Fidel, pero en este artículo les ofrecemos un análisis de distintos escenarios políticos que pueden surgir en la isla.

En mayo y junio pasado viajamos a La Habana donde realizamos unas 30 entrevistas con ciudadanos, profesores universitarios, disidentes, miembros de ONGs perseguidas por el gobierno, militares retirados y diplomáticos europeos y latinoamericanos. De aquellas conversaciones rescatamos las respuestas uniformes acerca de la expectativa de un cambio. Caminando por La Habana Vieja, las colas para comprar el pan con la tarjeta de racionamiento son interminables. Los mercados gubernamentales muestran su escasez y las condiciones de vida de los habitantes son míseras. En casi todas las casas funciona un pequeño negocio donde se arregla ropa o teléfonos móviles. El punto es sobrevivir. Si bien todos coinciden en que la situación debe modificarse, nadie tiene muy claro cuál es el rumbo a seguir o cómo es el plan del gobierno. Ni siquiera los profesores de economía de la Universidad de La Habana son capaces de presentar un programa, una serie de medidas, un rumbo. Muchos repiten que los logros de la Revolución se deben preservar, pero nadie sabe cómo.

A pesar que pocos hablan del rol económico que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) han ido adquiriendo en los últimos años, las cifras no dejan mentir. Actualmente, las FAR controlan más de 800 empresas principalmente en los sectores de producción de azúcar, agricultura en general, turismo, construcción e industrias básicas. El 64 por ciento del total de divisas que ingresa a Cuba lo hace a través de este conglomerado de empresas de las FAR. El Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA) controla el 70 por ciento del comercio minorista. GAESA además incluye empresas turísticas (Gaviota, Gran Caribe, Cubanacán, Islazul, Horizontes, con hoteles, restaurantes, marinas, renta de autos, empresa aérea, cadena de tiendas), comercio (Palco, GAE S.A., la Zona Franca de Berroa) las tiendas recaudadoras de divisas las comunicaciones y la producción agropecuaria. Bajo el control de GAESA hay 57 hoteles, restaurantes, bares, autos de alquiler, empresas importadoras y la aerolínea Aerogaviota. No es un dato menor que quien administra GAESA, Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, sea el yerno de Raúl Castro.

El “complejo militar industrial” no está basado en la producción y comercio de armas, sino en la explotación del turismo y el comercio de los principales rubros de la economía del país –como el níquel, el azúcar y otros. El Banco Financiero Internacional S.A. (BFI), uno de los organismos bancarios más importantes del gobierno cubano, ha pasado a ser gestionado por GAESA. Pero al mismo tiempo, sectores que antes se consideraban estratégicos, están pasando a manos privadas, como por ejemplo la concesión del Gobierno de Cuba para ampliar y gestionar el aeropuerto internacional de La Habana a manos de las compañías francesas Bouygues y Aeropuertos de París. Esto implica un giro importante ya que la isla solo había concedido licencias de gestión a compañías extranjeras en el sector hotelero. En septiembre de 2013 fue creada la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM) en el cual se aplican regímenes y políticas especiales, para fomentar la inversión extranjera y la concentración industrial, incluyendo el establecimiento de empresas de Estados Unidos.

Además del conglomerado empresarial, las fuerzas cuentan con su propio sistema de salud distribuido en 7 hospitales y la Universidad de Ciencias Médicas fundada el 7 de octubre de 1981 con el objetivo de formar al oficial Médico General Integral Básico.

Los entrevistados coincidieron en que las FAR son la institución central del estado. Son jerárquicas, disciplinadas y leales. Han estado a cargo de las tareas más importantes para construir, desarrollar y mantener al gobierno revolucionario. Mientras el Partido Comunista Cubano es considerado ineficiente, las FAR son catalogadas como la institución más eficiente y actualizada. Las FAR son más pragmáticas que el partido y miran al futuro tomando en cuenta necesidades locales y realidades internacionales. Los especialistas cubanos tienden a coincidir que cualquier proyecto de cambio requiere la inclusión de las FAR.

Todo este detalle sólo para señalar que, más allá de Raúl, Comandante de las FAR por 48 años, existe un poder supremo encarnado en sectores de las fuerzas armadas. Algunos analistas señalan que la cúpula de las FAR está dividida entre Raulistas y Fidelistas.  ¿La muerte de Fidel abrirá una división insuperable en las FAR? ¿Raúl le dará más poder a las FAR? A quienes creen que Raúl Castro no avanzó en mayores reformas en el país para no contrariar a su hermano. Ahora que el padre de la revolución no está, ¿se dará una apertura económica y tal vez política?

Estos escenarios de incertidumbre se incrementan por el triunfo de Donald Trump que augura un retroceso en la política de Barack Obama y puede dilatar el levantamiento del embargo. Esto quebrará la moral de los cubanos que esperan esa medida como el primer paso para mejorar la situación actual. Y surge aquí otra pregunta: ¿podría este hecho disparar revueltas sociales en la isla? Tradicionalmente no hubo manifestaciones y puebladas, pero ahora se vislumbra el cansancio de la gente y la sensación de que la revolución no mejoró la calidad de vida de los cubanos.

Muchos entrevistados expresaban que sería muy difícil implementar cambios drásticos que puedan acelerar la transformación del modelo mientras la generación histórica este con vida. En realidad, ellos dicen, Fidel era el obstáculo más importante porque era respetado por todos los cubanos. Su muerte puede envalentonar a los opositores y abrir la puerta para  a la disidencia política. ¿Será capaz Raúl de controlar a los Fidelistas y el descontento social?

La pequeña isla caribeña ha sido, desde el comienzo de la revolución, un actor importante en el hemisferio y a nivel global. Lo que suceda en Cuba impactará en América Latina y también en el resto del mundo. Cualquiera de estos escenarios genera perplejidad y dilemas que hoy apenas se asoman a quienes quieren entender el significado de la muerte de Fidel. Los cambios causan preocupación, pero que nada cambie también preocupa.

Fuente: Agenda Pública (Madrid, España)

Acerca del autor
Laura Tedesco y Rut Diamint
Laura Tedesco es Profesora de Ciencia Política en la Saint Louis University (Madrid), y Rut Diamint es Profesora de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato di Tella (Buenos Aires).
 
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