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Fidel, el único dictador stalinista que sufrió América Latina
Por Pablo Díaz de Brito
Twitter: @pablodb1
6 de diciembre de 2016
Pablo Díaz de Brito
El creado por Fidel es un régimen dictatorial, y el fue un dictador de punta a punta durante 47 años, y desde su jubilación por enfermedad en 2006 lo siguió siendo su hermano menor, presidente por sucesión dinástica. Episodio que mucho recuerda a Corea del Norte. Fidel fue, por cierto, el único caudillo latinoamericano comunista ortodoxo: la exportación de la revolución falló sistemáticamente, pese a los enormes recursos invertidos en la empresa. Tan popular su modelo de sociedad y gobierno no debió ser como aseguran hoy los apologistas lacrimosos. Ningún PC creció en Latinoamérica, ninguno llegó a ser un partido de masas.
 
 

Dictadores y demócratas viven en bandos separados y enfrentados. Los demócratas condenan a los dictadores, que persiguen, encarcelan y hasta torturan y asesinan a los demócratas. Así ocurre, por ejemplo, en Cuba, donde hay una dictadura desde 1959. Sucedió a otra dictadura, de signo opuesto. Batista dio su segundo golpe de Estado en 1952. Fue derrocado en 1959 por una revolución pluralista, democrática y enormemente popular. Pero rápidamente, en pocos meses quedó en manos de Fidel Castro y sus incondicionales. Los demócratas, como Huber Matos, fueron asesinados o encarcelados. O se exiliaron antes de terminar presos o muertos, como el primer presidente del gobierno revolucionario, Manuel Urrutia.   

Pese a este claro panorama, la muerte de Fidel desató una catarata de obituarios y recuerdos lacrimosos. Los apelativos laudatorios y apologéticos no faltaron ni faltarán. Comandante supremo, líder eterno de la "Revolución", en curiosa autorreferencia a un régimen rígido y fosilizado que tiene casi 60 años. 

Pollitológicamente, no hay discusión posible: el creado por Fidel es un régimen dictatorial, y el fue un dictador de punta a punta durante 47 años, y desde su jubilación por enfermedad en 2006 lo siguió siendo su hermano menor, presidente por sucesión dinástica. Episodio que mucho recuerda a Corea del Norte.

Y esto, por limitarse a la tipología del régimen político, a la tipificación objetiva. Pero si se va a la personalidad de Fidel, se halla una profundamente mesiánica y autoritaria, con rasgos paranoicos y megalomaníacos. De escasa o nula profundidad de pensamiento, no admitía no saberlo todo, no tener siempre la respuesta precisa y definitiva a lo que fuera, sea el cultivo de la caña de azúcar o el futuro de la Humanidad.

Fidel encastró a la perfección en el modelo del culto a la personalidad del stalinismo, al que imitó en todo, ciertamente ayudado por sus aliados y severos tutores soviéticos. Fidel hizo limpieza drástica entre los primeros revolucionarios porque como todo caudillo exigía que nadie le compitiera por el liderazgo absoluto del nuevo gobierno, pero a este carácter compartido con muchos caudillos latinoamericanos sumó su ser un comunista ortodoxo. En una purga a lo Stalin el disciplinamiento es mucho más drástico, se lleva muchas más vidas, que en un común régimen caudillesco latinoamericano. El arrepentimiento público luego de estar encarcelado ("autocrítica"), ese repugnante ritual represivo típico del stalinismo, del escritor Heberto Padilla, es el mejor ejemplo que se nos ocurre. Padilla y otros escritores creyeron en los 60 que había margen dentro de la "revolución", que ya era un régimen, para la ironía y la crítica. Terminó en la cárcel, junto con sus compañeros de rebelión. Después de la humillación pública pudo salir de la cárcel.  

En suma, Fidel fue un caudillo latinoamericano, pero agravado en sus rasgos autoritarios por su comunismo ortodoxo. Muy ortodoxo: apoyó la represión de la revolución checoslovaca de 1968, episodio brutal que llevó a la ruptura de los grandes PC europeos occidentales y al nacimiento, poco después, del "eurocomunismo". Fidel y los PC latinoamericanos nunca recorrieron un camino similar, de democratización de sus valores. Todo lo contrario: en 1991 apoyaron abiertamente el intento de golpe restaurador de la KGB contra Gorbachov, que hubiera terminado en una represión genocida de haber tenido éxito. 

Pero Fidel fue, por cierto, el único caudillo latinoamericano comunista ortodoxo: la exportación de la revolución falló sistemáticamente, pese a los enormes recursos invertidos en la empresa. Tan popular su modelo de sociedad y gobierno no debió ser como aseguran hoy los apologistas lacrimosos. Ningún PC creció en Latinoamérica, ninguno llegó a ser un partido de masas. Esa ideología ajena y dura, violenta y amenazante, no "prendió" entre los pueblos de la región, que sí resultan tan proclives a entregarse al caudillo salvador. Pero lo prefieren nacionalista-reformista, menos invulnerable, menos intocable y eterno. Más "burgués", en suma. 

Pero el asunto de fondo por estos días es el planteado al inicio: que se llene de alabanzas a un dictador, algo que no es un asunto menor ni anecdótico. Desde el punto de vista los valores democráticos es muy grave. Se supone que una sociedad democrática debe repudiar a los dictadores, y hacerlo sin matices. Y activamente, no sólo ocasionalmente. Nada de esto pasó ni pasará en la Argentina con el régimen castrista. 

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