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8(OCHO)
Por Carlos Fara
Twitter: @carlosfara
9 de diciembre de 2016
Carlos Fara
(7 Miradas) Probablemente el gobierno se tentó con que la mayor transparencia de su gestión, sumado a la incesante investigación de causas judiciales sobre los funcionarios K, iban a comprar tiempo y mantener altas las expectativas. Lo primero sucedió. Lo segundo está inestable.
 
 

(7 Miradas) Esa es la nota que se puso el presidente para evaluar su primer año de gestión. Luego aclaró que no era una nota científicamente construida. Lo cierto es que varias columnas de análisis de los últimos días estuvieron particularmente duras con el balance luego de 12 meses de la nueva era. Lo llamativo es que incluso se están registrando críticas profundas desde medios más “amigos” del oficialismo.

Nadie dijo que iba a ser fácil. Siempre se paga algún precio por cierta inexperiencia e ingenuidad. Hasta ahí nada nuevo. De hecho, el principal interrogante tenía que ver con la gobernabilidad, y 1 año después se podría decir que esa es una materia aprobada (con costos, pero aprobada). Es más –acá me subo a la polémica- política ha funcionado mejor que comunicación y que gerenciamiento.

Entonces? El problema es de comunicación y de gerenciamiento? Hay problemas en ambos ítems que resienten al conjunto. ¿Pero está ahí la clave? No.

Un gobierno para consolidarse necesita (a decir de Carlos Matus):

  1. Tener un proyecto de gobierno claro (consistente técnicamente y atractivo para la sociedad);
  2. Asegurar la gobernabilidad del sistema (relación entre las variables que controla un actor en el proceso de gobierno; a mayor control de variables, mayor libertad de acción; es el poder del actor para realizar su proyecto); y
  3. Capacidad de gobierno (acervo de técnicas, métodos y habilidades de un actor y su equipo de gobierno para conducir el proceso social dado la Gobernabilidad del sistema y el contenido prospectivo del Proyecto de gobierno).

El balance general del gobierno implica compensar los costos con beneficios políticos en los 3 factores. Si no, se produce una desacumulación de poder y se pierde prestigio. En casos extremos (De la Rúa) se pierde el gobierno.

Desde este esquema de análisis, el gobierno de Macri ha tenido problemas en los 3 factores, respectivamente:

  1. Su proyecto de gobierno parece haber mutado a lo largo del tiempo por a) carecer de fuerza parlamentaria y política para imponerlo, b) los límites que transmite la mayoría social, y c) ciertos supuestos no se produjeron en el lapso esperado (inversiones, baja de inflación, reactivación de la economía). Pasó de un ajuste moderado a la espera de las inversiones, a moderarse para ganar la elección del año próximo, y concluir en que alentar el consumo popular parece imprescindible.
  2. El segundo factor es quizá donde mejor le fue (negociación con la oposición moderada, los gobernadores, los sindicatos y los movimientos sociales), pero con dificultades donde mejor le debía ir (los empresarios).
  3. El factor gerencial definitivamente fue mucho menos productivo de lo imaginado.

Para lograr un superávit global en los 3 factores el gobierno necesitaba: 1) manejar las expectativas (clave en toda estrategia de comunicación de gobierno), y 2) tener una agenda atractiva para consolidar la impresión de que representaba efectivamente un cambio.

En el primer aspecto se generaron (y alentaron) expectativas que hoy todavía siguen generando ironías de periodistas y opositores: el segundo semestre no tuvo el comportamiento económico esperado.

En el segundo elemento el gobierno se quedó corto: la reforma electoral no sale (error de cálculo y falta de plan B), la reforma judicial tampoco (con oscilaciones estratégicas serias), las reformas económicas tardan más de la cuenta (el gradualismo pasa factura), la inflación no termina de bajar, etc. Funcionaron muy bien algunas decisiones en el primer cuatrimestre, pero el error estratégico el tarifazo del gas desgastó muchas expectativas. No hay ninguna gran batalla seductora hoy para el electorado.

Probablemente el gobierno se tentó con que la mayor transparencia de su gestión, sumado a la incesante investigación de causas judiciales sobre los funcionarios K, iban a comprar tiempo y mantener altas las expectativas. Lo primero sucedió. Lo segundo está inestable.

Resultado: la sociedad le estaría poniendo más un 5 / 6, que un 8. Moreleja: siempre hay que ponerse una nota por debajo de la que pondría la opinión pública, ya que autocalificarse más de la cuenta trae más problemas que soluciones.

Fuente: 7 Miradas (Buenos Aires, Argentina)

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Carlos Fara
Consultor político.
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