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Qué aprendió Macri en su primer año de gobierno
Por Marcos Novaro
25 de diciembre de 2016
Marcos Novaro
(TN) Cuando se presenta una oportunidad no conviene dejarla pasar en la expectativa de que con el tiempo ella vaya a mejorar, o se presente otra con más ventajas. Fue lo que hizo el gobierno con la reforma política, inútilmente demorada durante el primer semestre, el único finalmente en que pudieron aprobarse leyes importantes para su programa de cambio, lo que explica en gran medida que ella terminara naufragando en la infausta segunda mitad del año.
 
 

(TN) Ni la menor idea que habrá aprendido, sólo él lo sabe. Aunque puestos a especular se pueden postular unas cuantas lecciones que tal vez haya extraído de las muy variadas y no siempre satisfactorias experiencias vividas en estos primeros doce meses en funciones. Algunas con evidente sabor amargo, por la frustración de medidas de reforma, o enredos autogenerados por su propio equipo, otras no tan desalentadoras, porque aluden a avances a medias o conflictos terminados de momento en empate, sobre los que se podrá seguir avanzando de mejorar las estrategias y aprovechar mejor las oportunidades que vendrán.

Varias de estas lecciones no tienen mucho de nuevo, las tiene en común con anteriores presidentes argentinos, así que podría decirse que Mauricio Macri sigue teniendo menos que enseñarnos de lo que él tiene para aprender de la historia. A la que tal vez le convendría prestarle mayor atención. Aunque también es cierto lo que dicen, que no hay como vivir en carne propia los errores y fracasos, nadie ni nada enseña más a andar en bicicleta que los tropezones que nos damos cuando empezamos a pedalear. Así que bienvenidos los tropiezos de este primer año.

¿Cuáles son entonces esas lecciones que puede que Macri haya aprendido con los avatares de 2016?

La primera y fundamental, que el optimismo es un arma de doble filo. Es fundamental para ganar el apoyo de la opinión, más todavía para una administración a la que no le sobran recursos de ningún otro rubro y necesita crear poder y oportunidades de cambio rápidamente. Pero la opinión es volátil, se toma en general en serio las promesas de cambio y mejora que le plantean los líderes que apelan a ella, y por tanto, tiende a frustrarse también rápidamente.

Segunda lección, que la inercia de lo existente por regla general lleva las de ganar frente a las fuerzas del cambio, y en particular esto es más cierto cuando no hay una crisis galopante que combatir. De allí que el control de la administración pública y su movilización detrás de las metas de política que se proponga un nuevo gobierno requieran de una masa de recursos humanos y un esfuerzo de coordinación muy superiores a los que dispone cualquier grupo político en el país.

Y que lograr ese control y esa movilización haya sido muy difícil para los peronistas, beneficiados por crisis galopantes previas, y hasta aquí en la mayoría de los terrenos imposible para los demás partidos. Otro motivo más para evitar el exceso de optimismo que acompañó la llegada de Macri a la Presidencia y la autosuficiencia con que tendió a actuar en muchos momentos el “equipo del cambio”.

Tercera lección, que hacerse de aliados legislativos puede significar al mismo tiempo alimentar a serios adversarios electorales. Y que la competencia hacia el centro no supone necesariamente baja conflictividad, puede implicar todo lo contrario cuando está en disputa la titularidad del cambio y del futuro y la capacidad de llevarlos a cabo.

Le sucedió con Sergio Massa, y también le va a suceder con Schiaretti y Urtubey, nuevas estrellas del colaboracionismo legislativo, que demostraron hace días ser imprescindibles para frenar las locuras de los diputados opositores sobre Ganancias, pero en pocos meses van a probar ser obstáculos serios para que Cambiemos pueda prosperar en el centro y norte del país en las legislativas del año próximo.

Cuarta, que no conviene seguir la línea de menor resistencia a la hora de hacer política pública. Sobre todo cuando se trata de cambiar ingresos y gastos. Los recortes de gastos inútiles y de impuestos distorsivos y perversos son frecuentemente mucho más difíciles de hacer que los de gastos más razonables e ingresos más justos.

Precisamente porque sobre aquellos se construyen poderes corporativos bien organizados, que se saben dependientes de la continuidad de dichos instrumentos, por más nocivos que sean para el resto de la sociedad, mientras que en torno a estos suelen no organizarse bien ni los intereses ni los grupos de lobby. Fue lo que sucedió con Ganancias, a pesar de todos las vueltas y escarceos más fácil de recortar que la siempre pendiente reforma de ingresos brutos, o la ridícula administración de los impuestos a la propiedad.

Quinta y última lección, que cuando se presenta una oportunidad no conviene dejarla pasar en la expectativa de que con el tiempo ella vaya a mejorar, o se presente otra con más ventajas. Fue lo que hizo el gobierno con la reforma política, inútilmente demorada durante el primer semestre, el único finalmente en que pudieron aprobarse leyes importantes para su programa de cambio, lo que explica en gran medida que ella terminara naufragando en la infausta segunda mitad del año.

Seguramente debe haber unas cuantas lecciones más. Tal vez de aquí a comienzos del año próximo se pueda terminar de hacer la lista para incluirla entre sus regalos de reyes.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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