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La frágil fortaleza de Guillier
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
28 de abril de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) La bala de plata que utilizó fue su creciente popularidad en encuestas. A diferencia de Lagos e Insulza, el senador por Antofagasta parecía tener posibilidades de ganarle a Piñera. Con ese poderoso argumento, pero con casi nada más, Alejandro Guillier logró convertirse en candidato presidencial.
 
 

(El Líbero) El candidato presidencial de los partidos que representan a la izquierda de la Nueva Mayoría constituye una apuesta especialmente arriesgada, en tanto su camino a la nominación se construyó sobre una sola supuesta fortaleza: que él le podía ganar a Sebastián Piñera. A menos que en los próximos tres meses el senador Alejandro Guillier logre alcanzar al ex Presidente en las encuestas, la Nueva Mayoría se encontrará amarrada a un goleador que no es capaz de meter goles. Porque optaron por casarse con un candidato presidencial de reciente irrupción que puede desinflarse tan rápido como se infló, los partidos del oficialismo deberían minimizar el riesgo de osada apuesta preparando un plan B, en caso de que la estrella de Guillier se apague antes del 19 de noviembre.

A diferencia de todos sus candidatos presidenciales anteriores, que tenían una demostrada trayectoria política y partidista, la coalición de centroizquierda escogió para 2017 a un neófito. Incluso Michelle Bachelet, que en 2005 fue criticada por no tener suficiente experiencia, tenía una larga historia de militancia partidista y había ejercido como ministra por cuatro años. Guillier, en cambio, no tuvo historia de militancia ni experiencia política o electoral previa a 2013.

Generosamente financiado por donaciones reservadas —que el propio senador ha dado a entender fueron de empresas mineras, presumiblemente multinacionales—, ganó una elección senatorial en una región donde, por error no forzado, la coalición de derecha presentó un solo candidato. Si bien Guillier obtuvo la primera mayoría, resulta difícil extrapolar una campaña que se realizó básicamente en tres ciudades, donde casi no hay presencia partidista, a la compleja operación que implica montar una campaña nacional.

El hecho de que, pese a todas esas variables en contra, Guillier lograra convertirse en el nominado presidencial del PR y PS, desplazando al ex Presidente Ricardo Lagos y al ex ministro del Interior José Miguel Insulza, refleja sin duda una fortaleza. La bala de plata que utilizó fue su creciente popularidad en encuestas. A diferencia de Lagos e Insulza, el senador por Antofagasta parecía tener posibilidades de ganarle a Piñera. Con ese poderoso argumento, pero con casi nada más, Guillier logró convertirse en candidato presidencial.

Si bien en los próximos meses los partidos de izquierda de la Nueva Mayoría buscarán dotarlo de contenido, la falta de peso específico de Guillier le costará caro en una campaña tácticamente compleja que apenas está empezando. Al subir tan rápido tan temprano en la carrera, inevitablemente generará sospechas de haberse estancado ahora que ya recogió todo el apoyo fácil de los disciplinados militantes de la NM, por lo que le resultará más difícil seguir subiendo.

Además, las declaraciones de Guillier en el pasado a favor de las isapres y las multinacionales dificultarán su intento por convertirse en el portavoz de los que quieren terminar con las AFP y en el representante del nacionalismo económico. Porque se especializó en dar opiniones taxativas —cosa tan propia de los analistas—, va a tener problemas para sostenerse sobre esa cuerda floja de posiciones ambiguas en la que deben caminar los políticos. De hecho, en estas semanas, ya se ha dado varias volteretas que serán hábilmente utilizadas por el comando de Piñera para pintarlo como un candidato mentiroso, acomodaticio y poco confiable cuando la campaña entre en tierra derecha.

Es verdad que el ex Presidente tiene sus propios puntos débiles y también comete errores, pero ha demostrado que tiene un apoyo sólido y duradero. A diferencia de Bachelet, que llevaba un par de años con fuerte apoyo en las encuestas antes de ser proclamada en 2005, el apoyo de Guillier subió como la espuma sólo en los últimos meses.

Como todavía faltan varios meses para la elección y su crecimiento parece haberse estancado, Guillier arriesga perder el principal cimiento sobre el que se ha construido su candidatura. Si las encuestas confirman que no le gana a Piñera, su pistola se queda sin balas.

De ahí que sería conveniente que los partidos que hoy lo apoyan desarrollen un plan B. Si a fines de agosto de 2017 Guillier no ha logrado alcanzar a Piñera, la NM debiera considerar la posibilidad de cambiar de candidato. Después de todo, si Guillier es solo el envase para las ideas de la NM y no vende, habrá que probar poniendo las ideas en un envase diferente. Es cierto que nada garantiza que un cambio de candidato vaya a resultar exitoso, pero ante la certeza de perder con Guillier en noviembre bien valdrá la pena arriesgarse y cambiar de carta en agosto.

Porque la gran fortaleza de Guillier era que le podía ganar a Piñera, si el candidato de los partidos de izquierda de la NM no logra mejorar en las encuestas antes de agosto, su candidatura bien pudiera ser sepultada por las mismas encuestas que le dieron el primer aliento.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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