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El método oficial para meterse en problemas y salir de ellos
Por Marcos Novaro
15 de mayo de 2017
Marcos Novaro
(TN) Este Gobierno puede tener cierta propensión a meterse en líos evitables, pero sale bastante indemne de ellos. Y sigue adelante. Pierde oportunidades de hacer mejor las cosas, de controlar más firmemente la agenda pública e imponerse con más claridad en términos programáticos.
 
 

(TN) La escena se repite en distintos terrenos y asuntos de la agenda pública, así que a esta altura puede hablarse de una regularidad, un método. Que el Gobierno practica a sabiendas o sin querer, váyase a saber; pero en cualquier caso signa su gestión y él parece sentirse cómodo con que así sea.

En enero fue la pretensión de mover un par de feriados políticamente sensibles, el 24 de marzo y el 2 de abril; en febrero, la negociación por el Correo; en marzo, la huelga docente y escalada de movilizaciones sindicales y sociales en general; abril fue más calmo, pero igual estuvieron los despidos en el INCAA y el escándalo del comisario José Potocar; y en mayo pasó lo del fallo del 2X1 de la Corte.

Hay por supuesto diferencias importantes entre los distintos episodios, algunos son muy graves y otros no tanto, o son a la vez una cosa y otra para distintos públicos. Pero todos tienen en común un mismo formato, atraviesan una misma secuencia de pasos, que es aproximadamente la siguiente:

1) El Gobierno, por acción u omisión, en cualquier caso por falta de previsión, de coordinación y/o de políticas definidas sobre temas relevantes, se mete en un problema que bien podría considerarse evitable. Desata un conflicto que lo hace parecer frágil y sin recursos frente a actores gravitantes y con poder para bloquearlo. Dejando flancos abiertos para la crítica de quienes quisieran que le vaya bien, pero empiezan a dudar de que sepa lo que hace y lo que quiere.

2) La oposición dura se apresura a tomar la iniciativa para hacerle pagar al gobierno todos los costos políticos posibles por su error y sus déficits. Moviliza sus bases, siempre muy dispuestas a responder a sus líderes, tratando de arrastrar detrás a sectores más amplios, radicalizando el conflicto con un planteo radical, acabar con el gobierno "de la derecha" cuanto antes. Es decir, antes de que esos líderes terminen presos.

3) Los opositores moderados, los periodistas y demás grupos influyentes intermedios se asustan, temen quedar atrapados por la polarización, y entonces algunos imitan a los duros, otros se repliegan; en conjunto logran que sus miedos se confirmen y quedan desdibujados.

4) Pasadas la agitación y la histeria iniciales el Gobierno reacciona bastante bien a la presión del ambiente, y concibe una salida ahora sí política y más o menos acorde a las premisas moderadas que lo definen, y que conforma a parte importante de la opinión pública y a al menos algunos de los actores afectados. Aunque en ocasiones cediendo también ventajas en términos programáticos.

5) El oficialismo se recupera en las encuestas y recupera credenciales como solucionador/moderador de conflictos. Se convence de que no hace falta cambiar nada importante, que la polarización y lidiar con los problemas caso por caso le conviene. El ciclo se reinicia.

¿Qué aprendemos de estos ciclos? Que este Gobierno puede tener cierta propensión a meterse en líos evitables, pero sale bastante indemne de ellos. Y sigue adelante. Pierde oportunidades de hacer mejor las cosas, de controlar más firmemente la agenda pública e imponerse con más claridad en términos programáticos. Pero, ¿qué sentido tiene lamentarse de lo que no es? Y lo cierto es que no hay incentivos de momento efectivos para que corra riesgos emprendiendo una reforma complicada de sí mismo o de su entorno, y para cambiar un sistema que mal o bien funciona. Dos corolarios.

Primero, el Gobierno no aprende mucho de sus errores, dada la dinámica imperante: se convence de que se sale con la suya, sin mayor esfuerzo, y de que lo logra por mérito propio. Cuando en verdad le debe más de lo que quisiera reconocer al contexto y a los favores involuntarios que le prestan otros.

Segundo, en algún momento las cosas cambiarán, y cuándo y cómo eso suceda escapa al control del oficialismo: depende de que surjan actores más desafiantes en la oposición, y de que la sociedad se canse del método de "gobernar por aproximación" que por ahora la conforma.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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