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Con partidos sólo cuando sea conveniente
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
23 de mayo de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Al igual que un amante a quien le avergüenza que lo vean en público con su pareja, pero que no trepida en pedirle a ésta dinero prestado u otros onerosos favores, el candidato pone a trabajar a los partidos de la Nueva Mayoría sin demostrarles que está orgulloso de haber recibido su apoyo.
 
 

(El Líbero) La estrategia del senador Alejandro Guillier de querer convertirse en el candidato de la Nueva Mayoría renegando de los partidos que la componen —pero criticando a otros por no ser capaces de dar esa gobernabilidad que sólo se puede conseguir al ser líder de una coalición— no parece no estar funcionando. Además, el alejarse de los partidos pulveriza una de las principales ventajas que debiera tener cualquier candidato de la Nueva Mayoría sobre sus rivales de izquierda: un ejército de militantes, concejales, alcaldes y legisladores que complementen la campaña mediática con presencia territorial.

Como senador independiente Guillier se ha convertido en el primer candidato de la Nueva Mayoría —o lo que quede de ella— que no milita en un partido político. Es más, desde la victoria de Carlos Ibañez del Campo en 1952 que la izquierda no cerraba filas detrás de un candidato presidencial que no tuviera militancia. Aunque la derecha a menudo ha creído que los candidatos independientes son mejores que los militantes (dos de los tres candidatos presidenciales que competirán en las primarias de la derecha se declaran independientes), la izquierda siempre entendió que no puede haber democracia sin partidos y que no hay mejor forma de demostrar compromiso con los principios que vistiendo la camiseta de un partido, cargando con los aciertos y errores históricos que implica ser militante.

Después de sumar el apoyo del PS, PPD y PC al que ya se había ganado del Partido Radical, Guillier se ha convertido en el candidato de los partidos de izquierda de la Nueva Mayoría. Pero en vez de optar por militar en cualquiera de esas cuatro tiendas, decidió inscribirse como independiente y presentar firmas de patrocinantes (0,5% de los que votaron en la última elección presidencial, lo que equivale a 34 mil personas).

Lo sorprendente es que para transitar ese difícil e innecesario camino Guillier ha buscado reclutar a los propios partidos políticos. Como no tiene ni la presencia territorial ni, presumiblemente, los recursos para salir a recolectar firmas, el candidato terminó pidiéndoles a las mismas colectividades en las que no quiso militar que pusieran sus soldados para conseguir las firmas, de tal forma de que él pueda hacer campaña recordando que es independiente. Al igual que un amante a quien le avergüenza que lo vean en público con su pareja, pero que no trepida en pedirle a ésta dinero prestado u otros onerosos favores, Guillier pone a trabajar a los partidos de la Nueva Mayoría sin demostrarles que está orgulloso de haber recibido su apoyo.

Al mismo tiempo, cuando busca descalificar a sus rivales de izquierda —en especial a la periodista Beatriz Sanchez, cuyos atributos y trayectoria la hacen fácilmente comparable a él— el candidato de la Nueva Mayoría alega que posee la ventaja de tener partidos que lo respaldan y, por lo tanto, mayor capacidad de dar gobernabilidad que sus rivales. Además de la contradicción que implica esconder a los partidos un día y subirlos al pedestal al día siguiente, Guillier sugiere que, al ser el candidato de la Nueva Mayoría, él también se convierte en el líder de la coalición. Pero para demostrar que eso es cierto él debiera ser capaz de ordenar a los partidos que componen su coalición y alienarlos detrás de las iniciativas que dice defender.

Como comprometido regionalista, Guillier ha defendido la elección directa de intendentes (gobernadores regionales). Pero varios legisladores de la Nueva Mayoría se oponen a adoptar esa reforma. En vez de ejercer su liderazgo y alinear a sus legisladores para lograr que las regiones elijan a sus autoridades, el senador parece creer que no es el momento ni la ocasión de liderar. Como es altamente probable que los legisladores que se oponen a esa reforma ignoren su llamado, el candidato de la Nueva Mayoría hábilmente ha optado por no dar una orden que sabe que no será acatada por sus tropas. Es poco probable que la iniciativa para escoger a los gobernadores regionales sea aprobada a tiempo para entrar en vigor en noviembre, pero si llega a pasar, el éxito no podrá ser atribuible al liderazgo de Guillier, aunque el senador por Antofagasta probablemente busque repetir la estrategia de quedarse con los beneficios de las victorias sin tener que pagar los costos.

En las semanas que vienen, Guillier deberá demostrar que es capaz de revertir su estancamiento en las encuestas. Si no lo logra, serán los propios partidos de la Nueva Mayoría los que terminen por abandonar a este candidato al que apoyaron cuando subía en los sondeos, pero que ahora está atascado, pide mucho y ofrece poco. Si bien un love affair secreto que avergüenza a una de las partes puede prolongarse cuando los dos involucrados obtienen beneficios, ahora que el amante avergonzado es menos atractivo, la otra parte comenzará a exigir más.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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