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Enfoque de género
Por Marlene Azor Hernández
18 de julio de 2017
Marlene Azor Hernández
(Cubaencuentro) El baluarte de la cultura política nacional es el macho prepotente, agresivo y sin educación. Los gestores son los órganos represivos y la correspondiente militarización de la sociedad. La prepotencia se observa en todos los dirigentes históricos empezando por Fidel Castro.
 
 

(Cubaencuentro) Ana León, periodista de Cubanet, nos refiere su análisis sobre las nuevas preferencias de los niños cubanos en juegos aparentemente ingenuos y no masivos pero que detectan el corrimiento de valores en Cuba. Los niños obligados a decir en sus escuelas que quieren ser como el Che, en sus ratos libres juegan a ser como el Chapo.[1] La naturalización de la violencia y el maltrato, las maneras delincuenciales de actuar en la vida civil, militar y empresarial se han instalado sin que el Gobierno haga nada más que exhortaciones superfluas sin cambiar ninguna condición que las genera y las reproduce.

Ellos mismos, los generadores del poder, establecen reglas difusas y prácticas avasalladoras para la empresa privada para incitar el robo. Lo mismo en las empresas estatales que por las prohibiciones, falta de transparencia y estructuras disfuncionales propician el robo y la corrupción. Cuando el Gobierno y los órganos represivos colocan a los ciudadanos en condiciones de jungla, la violencia se instala y el maltrato es la norma para sobrevivir. Y son condiciones de jungla los salarios más bajos del Hemisferio Occidental, confiscaciones de salarios por el Estado, precios de Inglaterra sobre los productos de las TRD, el abandono de los sectores más vulnerables sin subsidios o con subsidios paupérrimos, el grave problema de la vivienda que hace vivir en pocilgas de albergues improvisados 20 años, el acceso al agua potable con trifulcas callejeras para lograr un balde del preciado líquido, o un transporte público en el que los ciudadanos se rifan a la suerte a ver si pueden abordarlos y servicios públicos generadores de abuso de poder e irrespeto ciudadano cotidianos.

La naturalización de la violencia en lenguaje y acción y el maltrato generalizado vienen impuestos por un “socialismo de cuartel” gestionado por un gobierno y por los órganos represivos que martillan diariamente con la desinformación y actúan violando todos los derechos humanos de los ciudadanos. En Cuba el respeto a la integridad personal y a la dignidad individual es letra muerta de la Constitución.

Cuando la seguridad del Estado lleva a un opositor a una zona recóndita, pone su revólver en la sien de un hombre maniatado y golpea sus genitales con total impunidad está siguiendo la línea del Gobierno que clasifica a los opositores en “no personas”.

Cuando los oficiales de la seguridad del Estado amenazan con matar a un opositor con total impunidad, les roban sus pertenencias, los arrestan con fuerza y sin legalidad, los golpean y encierran en celdas de castigo, maltratan y amenazan a los hijos e hijas de opositores, niños y adolescentes, e irrumpen y vandalizan sus casas a cualquier hora e inventando supuestos delitos comunes, siguen las orientaciones del gobierno y sus órganos represivos, empezando por la Fiscalía General de la República y llegando al último policía.

El baluarte de la cultura política nacional es el macho prepotente, agresivo y sin educación

Los gestores son los órganos represivos y la correspondiente militarización de la sociedad. La prepotencia se observa en todos los dirigentes “históricos” empezando por Fidel Castro. Horas de martirio con su incontinencia verbal y menosprecio del pueblo y sus necesidades en una dualidad narrativa de ocuparse de “las ollas arroceras” y del “imperialismo yanqui” para no resolver ninguna necesidad vital de la población y reprimir toda disconformidad con sus letanías embrutecedoras. Los militares cubanos se comportan de la misma manera: una voz engolada disque de virilidad, una gestualidad grotesca por encima de sus mesas, violencia gestual, discurso de abuso de poder, e incompetencia neuronal, sin que el ciudadano o ciudadana pueda apelar esa violencia arbitraria.

Esta “cultura” permea de violencia a hombres y mujeres. La Fiscal que acude a la ONU para defender a la delegación cubana ante las desapariciones forzadas, replica el mismo estándar en su gestualidad y en su narrativa. Sucelys Morfa es premiada por su grotesca forma y mentiras públicas. Yuli, la policía que amenaza de muerte a una opositora próximamente tendrá un ascenso. En la jungla se deslindan los sobrevivientes de los perdedores por la ley darwinista de “selección natural” de acuerdo a los criterios del Gobierno y sus órganos represivos.

La resignación y el ADN

La resignación viene de la mano del determinismo cultural e histórico —una especie de masoquismo por impotencia en el que nos auto flagelamos—, que llega a afirmar alegremente que si en el siglo XIX éramos “cavernícolas” lo seremos por siempre y es una condición genética. No podremos ser otra cosa que una república “bananera” disfuncional y pobretona porque carecemos de ingenio, y la educación es contraria a la “espontaneidad”. Parece ser que no hemos salido de los pensadores del siglo XIX que leían el imaginario nacional por rasgos del supuesto carácter de la nación o por los visitantes que publicaban sus relatos de viaje sobre los países exóticos. Estos exabruptos mal informados sobre las identidades culturales, infantiles de pasillo de escuela, inundan el imaginario sobre excitado de testosterona o se presentan como simple broma con la cual la impotencia personal relaja sus tensiones.

Los “vikingos” se han trasladado a Cuba. Con su carácter predador y su fama de machos prepotentes agresivos y mal educados han emigrado a la isla porque sus países de origen evolucionaron hacia otros rumbos en los cuales hay una riqueza próspera y políticas públicas sensatas, políticos con probidad pública y un diálogo permanente entre dirigentes y dirigidos. En ese contexto no podrían desarrollar los “vikingos” el deporte nacional cubano que no es el béisbol. El deporte nacional es hablar mal del otro aunque eso sólo nos lleve a un callejón sin salida y al maltrato sistemático de unos contra otros. ¿Y la política nacional? Esa comenzará a hacerse cuando la democracia sirva para dirimir los conflictos de manera pacífica, y cuando dejemos de flagelarnos en ese masoquismo impotente e infantil y ejercer la violencia con la referencia de un macho dominador agresivo y mal educado. Pasemos a valorar los méritos y virtudes del macho compasivo, educado y culto para bien del desarrollo nacional.


[1] Ana León “De ser como el Che a ser como el Chapo” en Cubanet.com, 7 de julio de 2017.

Fuente: Cubaencuentro

Acerca del autor
Marlene Azor Hernández
Marlene Azor Hernández
Socióloga de formación, imparte cursos de capacitación en las empresas o cursos regulares de maestría y diplomado en varias universidades, todos relacionados con el Desarrollo Humano en las empresas.
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